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Ars Cordis: “Año Beethoven”

Sergio Padilla Moreno

En el mundo de la música clásica, este año 2020 estará dedicado al compositor alemán Ludwig Van Beethoven, pues el próximo 16 de diciembre se estarán celebrando 250 años del nacimiento de uno de los artistas más grandes de todos los tiempos. De hecho, como un primer homenaje al llamando “sordo de Bonn”, en referencia a la ciudad en que nació, en el famoso concierto de año nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, se incluyeron algunas de las contradanzas surgidas de su inspiración. Orquestas de todo mundo dedicarán ciclos especiales a la música de Beethoven. De mi parte, a lo largo del año estaré compartiendo con los amables lectores del Semanario algunas reflexiones en torno a la vida y obra de este gran hombre, tan llena de ricos matices, tanto en lo que representa a la dimensión musical, así como en su dimensión humana.

Un rasgo fundamental de Beethoven fue su difícil niñez y su temprana sordera. Desde muy tierna edad demostró cualidades para la música, hecho que su padre trato de explotar para hacer de su hijo un niño prodigio al modo de Mozart. La temprana muerte de su madre en 1787, provocó que su padre ahondara en su problema con el alcohol y la depresión, por lo que el joven Beethoven tuvo que hacerse cargo de sus hermanos dando clases de piano y tocando el violín en una orquesta. Cuando todavía no cumplía los treinta años, ya se le comenzaron a manifestar los problemas de sordera. En 1802 escribió lo que se llama el “Testamento de Heiligenstadt”, una carta dirigida a sus hermanos donde confiesa: “Desde mi infancia, mi corazón y mi mente estuvieron inclinados hacia el tierno sentimiento de bondad, inclusive me encontré voluntarioso para realizar acciones generosas, pero, reflexionad que hace ya seis años en los que me he visto atacado por una dolencia incurable, agravada por médicos insensatos, estafado año tras año con la esperanza de una recuperación, y finalmente obligado a enfrentar el futuro una enfermedad crónica (cuya cura llevará años, o tal vez sea imposible); nacido con un temperamento ardiente y vivo, hasta inclusive susceptible a las distracciones de la sociedad, fui obligado temprano a aislarme, a vivir en soledad, cuando en algún momento traté de olvidar es, oh, cuan duramente fui forzado a reconocer la entonces doblemente  realidad de mi sordera, y aun entonces, era imposible para mí, decirle a los hombres, ¡habla más fuerte!, ¡grita!, porque estoy sordo.”

El mejor homenaje que podemos hacerle a Beethoven es acercarnos al conocimiento y apreciación de su obra. Dado lo vasta de la misma, lo que sugiero primero es escuchar, atentamente, sus nueve sinfonías. Vale la pena hacerlo en orden, es decir, de la primera a la novena, en la que nos demos cuenta del estilo y lenguaje musical de cada una de ellas, así como lo que nos evoca y nos provoca al escucharlas.

“Cuando en algún momento traté de olvidar es, oh, cuan duramente fui forzado a reconocer la entonces doblemente  realidad de mi sordera”.

Beethoven

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Beethoven, todas las Sinfonías completas

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