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A pesar de la cantidad de personas que pasan buena parte de su día creando, interpretando o escuchando música, sorprende el desconocimiento que muchas de ellas. Foto: Víctor Esparza

Cerebro y música

Sergio Padilla Moreno

Se ha usted preguntado, amable lector, ¿qué es lo que le pasa a nivel fisiológico, psicológico o espiritual cuando escucha música? A lo largo de los siglos, la acción de la música en el ser humano ha sido estudiada y reflexionada por la filosofía, la teología y, más recientemente, por diversas disciplinas científicas como la neurociencia, gracias a los modernos adelantos tecnológicos que permiten llegar hasta los rincones más profundos del cerebro. Y es aquí cuando no hay más que maravillarnos por los descubrimientos que se van haciendo respecto a lo que la música hace en este órgano. El tema lo pongo a colación a partir de la lectura de un libro que no puedo calificar más que de apasionante: Cerebro y música. Entre la neurociencia, la tecnología y el arte, de Víctor Maojo, título de la colección Neurociencia & Psicología, de la editorial Salvat, que es posible conseguir en muchos de los puestos de revistas de la ciudad.

En la introducción del libro se nos muestra que “si pudiésemos cuantificar el tiempo de nuestras vidas que dedicamos a la música, nos asombraría el resultado. Sin embargo, a pesar de la cantidad de personas que pasan buena parte de su día creando, interpretando o escuchando música, sorprende el desconocimiento que muchas de ellas, incluso profesionales, tienen acerca de cómo nuestro cerebro rige los procesos y fenómenos musicales; las emociones que sentimos ante una determinada música o intérprete”. Lo que propone este libro es acercarnos, con un lenguaje accesible, pero no por eso menos riguroso, a los modernos estudios de tipo “genético, antropológico, físicos, psicológicos, sociales y médicos, entre otros,” respecto a lo que la música nos provoca a diversos niveles. Lo valioso de estudios e investigaciones como el que propone este texto, es que podemos hacer referencias a nuestra propia experiencia fisiológica, psicológica y espiritual cuando escuchamos música.

Ahora bien, a pesar de estos acercamientos sólidos y rigurosos desde las ciencias, la música siembre conservará su aura de misterio. En la escena que marca el clímax de la magnífica película de Jean-Louis Livi, Tous les matins du monde (Todas las mañanas del mundo) -dirigida por Alain Corneu en producción de 1991-, el personaje del compositor y virtuoso ejecutante de viola da gamba, Sieur de Sainte Colombe, le expresa al también compositor y antiguo discípulo suyo, Marin Marais, uno de los más sinceros acercamientos teóricos sobre la música: “La música existe para decir cosas que las palabras no pueden, lo cual se debe a que no es enteramente humana”. El contexto en el que se desarrolla la escena, y prácticamente toda la película, es de una gran belleza plástica y de un profundo sentido existencial. El escritor húngaro, Sándor Marai, dice en su novela La hermana: “La música tiene más fuerza que el beso, que la palabra, que el tacto. Lo que uno ya es incapaz de contar con el cuerpo y el espíritu, termina contándolo con música.

“A pesar de la cantidad de personas que pasan buena parte de su día creando, interpretando o escuchando música, sorprende el desconocimiento que muchas de ellas, incluso profesionales, tienen acerca de cómo nuestro cerebro rige los procesos y fenómenos musicales; las emociones que sentimos ante una determinada música o intérprete”.

Introducción del libro: Cerebro y música. Entre la neurociencia, la tecnología y el arte.

padilla@iteso.mx

Documental “Mi Cerebro Musical” con Sting

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