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“Fratelli tutti” en una analogía orquestal

A través de su nueva encíclica el Papa nos dirige una palabra profética, clara y valiente de denuncia. Es una invitación a concurrir. Nos exhorta a formar parte de “una orquesta”. La pregunta es ¿quién es el director?

Sergio Padilla Moreno

El primer fin de semana de octubre comenzó a circular la nueva encíclica del Papa Francisco, titulada “Fratelli tutti” (Hermanos todos), cuyo propósito es promover la fraternidad y la amistad social según el espíritu de San Francisco de Asís, quien así se dirigía “a todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio.”

Después de una primera lectura del documento es posible sentir y resonar con el corazón y mente del Papa Francisco. Seguramente que el proceso de escritura del texto estuvo precedido de largas horas de contemplación y análisis multidisciplinario de un mundo afectado por la pandemia y de muchos otros males estructurales. También se pueden percibir momentos muy fuertes oración y discernimiento -muy propios de la espiritualidad ignaciana en la que está formado- para pronunciar, a través de la encíclica, una palabra profética, clara y valiente de denuncia y anuncio.

Somos la orquesta del mundo

Desde el propósito de esta columna, dedicada a temas de arte, comparto una clave de lectura muy personal sobre lo que me suscitó este documento: la importancia -casi urgencia- de que, como humanidad, con sus diferencias ideológicas, religiosas y políticas, nos entendamos como una gran orquesta, cuya naturaleza es sonar de manera armónica en función de ejecutar una partitura común: la vida en plenitud (Cfr. Juan 10,10). 

La naturaleza misma de una orquesta exige que concurran en ella diferentes secciones (cuerdas, alientos, metales, percusiones, etc.), las cuales están integradas, a su vez, por diversos instrumentos.

Dentro de una orquesta no se puede decir que la importancia de los instrumentos esté en función de las veces o el tiempo que tocan al momento de ejecutar una pieza, sino de que aporten su sonido cuando así lo pide la obra.

Hacer nuestro mejor performance

Si uno o varios instrumentistas deciden no tocar, o lo hacen fuera del tiempo y del tono, el resultado no es un sonido armónico, sino caótico, desagradable y feo; algo más o menos parecido a lo que estamos experimentando como humanidad, pues en palabras del Papa Francisco: “En el mundo actual los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Vemos cómo impera una indiferencia cómoda, fría y globalizada, hija de una profunda desilusión que se esconde detrás del engaño de una ilusión: creer que podemos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca.” (30)

Quizá una pregunta que resuena partir de esta analogía es quién ejerce el papel del director de orquesta, por lo que invito a leer, estudiar y meditar la encíclica para responderla.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Instrumentos Musicales de una Orquesta Sinfónica

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