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Beethoven, biografía de un silencio

Sergio Padilla Moreno

Cerramos estos escritos dedicados a Ludwig van Beethoven, para unirnos los próximos días 16 y 17 de diciembre a la celebración de los 250 años del nacimiento del llamado “sordo de Bonn”. El acento de mi acercamiento al compositor lo he puesto, tanto en su obra, pero también en su persona, pues es claro que la actitud de Beethoven ante los reveses que tuvo que enfrentar en la vida pueden ser un gran testimonio y ejemplo, más ahora en estos difíciles momentos y contextos que como humanidad estamos pasando.

Una pregunta que ha sido planteada por no pocos especialistas en la vida y obra de Beethoven es: ¿qué hubiera compuesto de no haber quedado sordo? Muchas de las más importantes obras que marcan el cierre del período clásico, para pasar al romanticismo en la música, fueron compuestas por Beethoven cuando todavía podía oír; tal es el caso de la Tercera y Quinta sinfonía, por ejemplo. Al momento de cumplir los cuarenta años, el compositor ya había labrado un nombre y reconocimiento importante entre sus contemporáneos, pero la sordera provocó que Beethoven se hiciera, comprensiblemente sin duda, un hombre atormentado, irascible y complejo en su trato. A esto hay que agregar los constantes problemas de salud adicionales a su sordera, los problemas económicos que comenzó a enfrentar, así como los conflictos que le dio su sobrino Karl -un intento de suicidio del joven, entre otros- de quien ejerció como tutor. Además, están las constantes decepciones amorosas que sufrió a lo largo de su vida, hecho que ha ocupado a los biógrafos por saber quién era su “amada inmortal”.

Al saber lo que vivió Beethoven la segunda mitad de su vida, uno esperaría un hombre amargado, desesperado y triste. Pero al leer algunas de las muchas cartas que se conservan, no puede uno sino maravillarse del gran espíritu de este hombre. Por ejemplo, en una carta que escribe Beethoven al Archiduque Arzobispo Rodolfo de Austria, quien fuera su alumno y protector, dice: “No hay nada más grande que acercarse a la divinidad más que los otros hombres y desde allí derramar los rayos divinos entre el género humano.” Esta carta está escrita en agosto de 1823, justo cuando terminaba la Novena sinfonía. En otra le dice a su consejero Von Konneritz: “Si no hubiera sido por mi mala salud en estos últimos años, el extranjero me habría procurado una vida libre de problemas y permitido no tener más preocupaciones que las de mi arte. Juzgadme con benevolencia; no vivo más que para mi arte”.

Pero el mayor testimonio de lo que “escuchó” este hombre en su silencio fue lo que nos legó en su Novena sinfonía, ampliamente conocida por la llamada “Oda a la alegría”, pero de la cual invito ahora a escuchar el tercer movimiento, pues uno queda maravillado de la profundidad y ternura que sale de este exquisito pasaje. ¡Gracias Beethoven y feliz cumpleaños hasta el cielo!

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Beethoven Symphony No. 9 – Mvt. 3

https:/www.youtube.com/watch?v=F2aEikKiGcc

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Un comentario

  1. Un gran texto… y me gustaría agregar un pasaje del triple concierto que es una especie de Ave María