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Bohemian Rhapsody: la canción del hijo pródigo

Sergio Padilla Moreno

En los días del resguardo obligado pude ver por primera vez la película Bohemian Rhapsody, estrenada el año 2018 y que ganó varios premios cinematográficos importantes.

El filme es un acercamiento a la vida de Freddy Mercury (1946-1991) y al grupo británico de rock Queen. Una de las escenas más impresionantes de la película es la recreación de la participación del grupo Queen en el legendario concierto Live Aid en el estadio de Wembley en Londres, el año de 1985, el cual abrió con una parte de la mítica canción Bohemian Rhapsody, compuesta por Mercury para el álbum A Night at the Opera, que vio la luz en 1975.

Lo que nos significa la icónica canción

A raíz de mi primer acercamiento a la mencionada película y del impacto que me causó la canción que le da nombre, pude constatar el talento vocal y la inspiración de Mercury en varias de sus canciones, como Love of my life o la famosa We are the champions, que normalmente suena para reconocer grandes logros deportivos.

A lo largo de sus 45 años de vida, la canción Bohemian Rhapsody ha sido objeto de los más profundos análisis musicales donde se reconoce la maestría de cada una de las seis partes que la integran y que fue todo un logro técnico grabarla. Pero donde los análisis no terminan por llegar a un acuerdo es respecto al sentido mismo de la letra y lo que Mercury quiso transmitir. En una entrevista, el compositor simplemente dijo: “Es una de esas canciones que tiene un toque fantasioso. Creo que la gente solo debería escucharla, pensar sobre ella, y entonces llegar a una conclusión propia de lo que significa para cada uno.

La analogía con el Hijo pródigo

Una clave de lectura para encontrar un significado me lo dio el P. José María Rodríguez Olaizola SJ, cuando en una de sus redes sociales escribió sobre esta canción: “perfectamente podría ser la canción del hijo pródigo queriéndose alejar del hogar.” Esta intuición me hizo sentido, pues la canción bien podría tratarse del grito profundo del hijo pródigo (cfr. Lc 15, 11-32) que llevamos dentro: “…abres los ojos, miras a los cielos y ves, solo soy un pobre chico, no necesito compasión”, expresión que podría reflejar el razonamiento interior del joven que pide su herencia. Más adelante dice: “la vida acababa de empezar, pero ahora me he vuelto loco y la he tirado a la basura”, que podría ser el grito desesperado al constatar que ha malgastado su vida, junto con la siguiente frase: “Solo soy un pobre chico y nadie me quiere”. En el momento en que el hijo pródigo entra en sí, y con ello iniciar su regreso a la casa de su padre, bien podría decir: “solo tengo que salir, solo tengo que salir directo de aquí.” La última frase de la canción, envuelta en una música maravillosamente serena, dice: “en realidad nada me importa, de todas formas, el viento sopla”, que podría ser referencia a la moción del Espíritu que nos conduce, no importa donde estemos, de regreso hacia el Padre.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Queen – Bohemian Rhapsody

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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