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El arte de aprender a mirar

Donde no preguntamos, nada aprendemos, y donde no buscamos, no encontramos nada.

Sergio Padilla Moreno

Las redes sociales son el nuevo campo de batalla para imponer las propias maneras de mirar el mundo, descalificando o atacando las visiones diferentes. Prácticamente cualquier tema confronta a quienes lo ven desde sus perspectivas parciales pero que dan por absolutas, ya sea por ingenuidad inconsciencia o dolo. En las “argumentaciones” no se da lugar a los matices ni los claroscuros. Dice el Papa Francisco, en su encíclica “Fratelli tutti”, que en estas pugnas el “vencer pasa a ser sinónimo de destruir”. El resultado: polarización, enemistades, conflictos, violencia verbal y simbólica.

Dejar de ignorar a los otros

Enfrentar esta situación resuena con la intención del Papa Francisco, en la encíclica mencionada, de dar al mundo “un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras.” El modelo del Papa para desarrollar esa necesaria capacidad el diálogo, empatía y humildad es Francisco de Asís, quien “no hacía la guerra dialéctica imponiendo doctrinas, sino que comunicaba el amor de Dios”.

Lo que nos interpela

El arte es una escuela para aprender a mirar más allá de lo “evidente”. En su extraordinario ensayo “El misterio de la creación artística”, escritor austriaco Stefan Zweig dijo: “estoy convencido de que ningún deleite artístico puede ser perfec­to mientras sólo sea pasivo. Nunca compren­deremos una obra con sólo mirarla. Donde no preguntamos, nada aprendemos, y donde no buscamos, no encontramos nada. Ningu­na obra de arte se manifiesta a primera vista en toda su grandeza y profundidad. No sólo quieren ser admiradas, sino también com­prendidas”.

También se puede afinar nuestra percepción del mundo a través de aprender a mirar la naturaleza. El propio san Ignacio de Loyola cuenta en su “Autobiografía” que, previo a la muy importante experiencia vital que lo marcaría, estaba simplemente mirando un río. Con el lenguaje de su época Ignacio cuenta: “Una vez iba por su devoción a una iglesia […] y el camino va junto al río; y yendo así en sus devociones, se sentó un poco con la cara hacia el río, el cual iba hondo. Y estando allí sentado se le empezaron abrir los ojos del entendimiento.”

San Francisco entendía la sabiduría como “el encuentro con la realidad”, por lo que pidamos a Dios que nos permita aprender, como dice una canción, a “mirar del mundo con una mirada que jamás condena, que deja alegría donde existe pena y que pone el perdón donde el odio enferma.”

Una nueva meta

El reto para los tiempos modernos es aprender a mirar la realidad desde nuevas perspectivas y atrevernos a reconocer y salir de nuestros propios dogmatismos. Bien lo señala el teólogo José María Castillo: “Sólo el que no es dogmático puede ir por la vida respetando, aceptando, escuchando y, en definitiva, siendo buena persona. Quienes practican el dogmatismo son siempre gente peligrosa. Gente que, si se radicaliza, puede acabar insultando, ofendiendo, agrediendo y hasta matando como el que cumple con un deber sagrado.”

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Aprendiendo a Mirar

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