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El Manifiesto Antihumano y la respuesta del Papa Francisco

Fabián Acosta Rico

En el 2009, History Channel trasmitió por primera vez un documental que especulaba con la posibilidad de que la humanidad se extinguiera repentinamente. ¿Qué sería del planeta sí nuestra especie desapareciera?

Según los cálculos de los expertos las ciudades quedarían cubiertas por la maleza en pocos años; los animales como en Chernóbil proliferarían felizmente volviéndose a adueñar del mundo. En los ecosistemas imperaría nuevamente el equilibrio. La madre naturaleza respiraría tranquila sin contaminación ni basura generada por una economía maquinizada, depredadora y vorazmente consumista.

El salvaje Edén regresaría. Ninguna de las especies, salvo las que hemos domesticado para nuestro recreo y compañía nos echaría de menos. Los gatos, a diferencia de ciertas razas de perros como los pomeranios y chihuahuas, se adaptarían fácilmente a este derrumbe de la civilización. Cabe señalar que los felinos aún conservan muchos de sus instintos.

Este documental que fantasea con el despoblamiento humano de la Galaxia, sin que sea posiblemente su intención, suscita en el espectador cierta misantropía u odio a la humanidad. ¿Será nuestra especie realmente un parásito planetario que se reproduce exponencialmente y le roba, con total inconciencia e impunidad, el habitad y sus recursos a las demás seres vivos?

Ciertas corrientes ideológicas de corte ambientalista derivadas del marxismo contemporáneo y hermanadas con el feminismo y el veganismo, abogan por la erradicación del humano en el deseo de rescatar a los animales y plantas de la extinción o de la explotación. Estas ideas son el contenido del Manifiesto antihumano o ahumano escrito y dado a conocer por la profesora del Reino Unido Patricia MacCormack.

Estos intelectuales de vanguardia, de corte progresista, sentencian que es necesario no sólo frenar el avance tecnológico y científico retornando a un tipo de sociedad cuasi-feudal más amigable con el medio ambiente como lo proponen ciertos colectivos anarquista de corte ecologista. Desde su postura, la utopía hippy de comunas autosustentable no es la solución; hay que implementar medidas más extrema e ir directamente a la raíz de problema. El problema somos nosotros. La humanidad debe perecer para que la naturaleza renazca.

Como alternativa a este radicalismo anti-humano, el Papa Francisco en su encíclica verde Laudato Si sostiene que el rescate del mundo implica un cambio de paradigma económico, político, social y cultural. El capitalismo salvaje, controlado por los grandes consorcios, ha condenado a la inmensa mayoría de la humanidad a la pobreza y marginación privilegiando únicamente a una minoría social cuyos excesos y desenfrenado consumismo a malgastado aceleradamente los recursos planetarios a la vuelta de tres generaciones.

No obstante hay una solución que demanda la buena voluntad de la humanidad entera. Siguiendo los papales consejos, si nos sabemos administrar, y a la par renunciamos a mucho del confort que la sociedad industrial nos ha solventado a cuenta de arrasar con selvas y bosques y de sobre calentar el globo terráqueo, entonces, será posible rescatar la “casa común” sin necesidad de medidas tan extremas como el condenar a la humanidad a un holocausto auto-consciente y voluntario.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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