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La preocupante mirada hacia La Amazonía

José de Jesús Parada Tovar

Para Don Alberto Joaquín Gutiérrez Formoso, Sociólogo y Antropólogo, sin duda uno de los más relevantes episodios del año inmediato anterior, y quizá de toda la segunda década del Siglo XXI, ha sido el llamado de atención del mundo sobre la paulatina degradación de Las Amazonas, región riquísima en biodiversidad y pulmón no nada más de Suramérica sino del planeta entero.

“¡Oxígeno, oxígeno y carbono! Eso es lo que representa La Amazonía para América y para todo el orbe; purificación del aire y del ambiente, gracias a lo que posee de vegetación. Su contenido total es sumamente aprovechable en sus estados líquido, gaseoso y sólido. Toda esa cuenca y sus bosques absorben oxígeno y proyectan agua purificada y oxigenada”, explicó nuestro entrevistado, quien recorrió, completa, hacia mediados del Siglo XX y por una lapso conjunto de ocho meses, esa privilegiada zona, cuya cuenca amazónica abarca 7 millones 50 mil kilómetros cuadrados a lo largo de nueve naciones, y alberga 5.5 millones de kilómetros cuadrados de bosque.

Dr. Alberto J. Gutiérrez Formoso

Con Maestría en Antropología Social por la Universidad de Michigan y Doctorado en Sociología por la Universidad de Santiago de Chile, Gutiérrez Formoso aludió al imponente Río Amazonas, al que tributan cientos de afluentes y es el más grande y caudaloso del globo, con sus más de 6,600 kilómetros de trayecto desde su nacimiento en las montañas andinas de Arequipa, Perú, hasta su desembocadura en el Océano Atlántico, cerca de Belem, Brasil: “Personalmente, conté 46 ríos tributarios del Amazonas. Hablo de ríos, no de arroyos, que me tocó navegar en ‘cayucos’ de madera, de once metros de largo, o sobrevolarlos en avioneta; ríos ramales que tienen su propio nacimiento y que se abren y desembocan en la inmensa Cuenca del Amazonas, en la cual se sacude muy fuerte la vegetación, merced a la potencia del caudal mayor, y originando con ello corrientes de aire purísimo que se esparcen hacia toda América y alcanzan otros Continentes”.

Se calcula que en esa porción geográfica se localiza entre el 30% y el 50% de la flora y la fauna mundial, y el 20% del agua dulce no congelada, aparte de que se genera en grandes cantidades la extracción pesquera, petrolífera, maderera y minera (sobre todo de plata y manganeso), además de agroindustria y explotación ganadera en territorio de Brasil, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam, Perú y hasta en la Guyana Francesa, de ultramar.

También se estima que en la influencia amazónica habitan unos tres millones de indígenas de 390 pueblos y nacionalidades diferentes, de los cuales unos 145 grupos humanos aún no tienen contacto con la “civilización” de Occidente, sobresaliendo poco más de 100 comunidades en recónditas selvas brasileñas, y unas 25 tribus peruanas. Al respecto, el Dr. Alberto Gutiérrez, autor del Libro “Kaleidoscopio de esta América nuestra”, así como antiguo y asiduo Colaborador Articulista de Semanario, consideró que “pudiera hablarse, concretamente en aquellos años cincuentas, de un diez por ciento de raza indígena entre la población de la vasta región amazónica, cuya influencia abarca también a Uruguay en un estrecho cabo, a Paraguay ni se diga, a las selvas venezolana y colombiana. A Perú le bastaría con su Departamento de Iquitos”.

De entre las etnias amazónicas, el Antropólogo señaló particularmente a los shuar o jíbaros, el pueblo indígena mayor de La Amazonía, con unos 80 mil moradores, tanto en Ecuador como en Perú y partes de Colombia y Venezuela, afamados por su temible técnica “tzantza” de reducir o achicar las cabezas de sus enemigos vencidos, hasta en una quinta parte de su tamaño normal; costumbre ya abolida desde hace unos 70 años, a partir de su gradual incorporación a pueblos y ciudades y su fusión mestiza.

Respecto al impacto de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos sobre la Panamazonía, enfatizó: “Hay que tomar en cuenta que el Santo Padre Francisco es un hombre cien por ciento americano, producto americano, que pensó: ‘Tenemos La Amazonía; es nuestra, y no solamente voy a evangelizarla, sino a fundamentarla, a potencializarla como territorio productivo’. Y es que no podemos limitarnos a contemplarla como algo grandioso o bonito. En cuanto al adoctrinamiento de aquellas tribus de entonces, se circunscribían a intensas labores en el sentido de Misiones, y no con el fin de producir inmediatos frutos. Ahora proliferan por allá las Prelaturas Misionales, más estructuradas, y hasta nacientes Diócesis”.  

Finalmente, opinó que “los variados y emergentes movimientos políticos tal vez no estén ‘casados’ con su país, patriótica e históricamente hablando. El armazón político no es paralelo al armazón cultural, que es decididamente sudamericano. Y América del Sur es mucho más que La Amazonía, pero hay que velar por ella”.         

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