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Palabras de viejo: La herencia que te dejo

Martin Gerardo Cruz Ruiz

La herencia que puedo dejarte es la que recibió mi bisabuelo de sus antepasados, la que recibió por lo tanto mi abuelo, mi padre y yo. Cosas buenas, pero también cosas no tan buenas. En el pasado, en nuestra familia hubo vendedores de esclavos, que con tal de alcanzar riqueza no descartaron medios para lograrlo y así, hemos recibido una herencia de prepotencia, de altanería, de despilfarro, de sentirse reyezuelos, de desprecio a los demás, de no querer hacer actividades por considerarlas inferiores. Ha habido deseos de una venganza desproporcionada, de orgullo herido, de falta de interés e inmisericordia.

La mentira dominó, así como la falsedad, la intriga, la calumnia, la falta de respeto y honor para los demás, la crueldad, la crítica, los gritos, la grosería. Actitudes dictatoriales, la ambición anuló la alegría. Actos de violencia y rabia. Desesperación por la salvación del alma, con sentimientos de persecución y culpa. Enfermedad mental, ilusiones y alucinaciones.

La herencia hijo pesa mucho, aun sobre los buenos ejemplos y el buen trato. Aunque no consentí las tentaciones familiares, de cualquier manera, no fui feliz, porque admiraba secretamente la mala conducta de mis antepasados. El dolor se presentó de muchas maneras en mi vida e hizo pedazos mi corazón.

La bondad de Dios

Pero un día la Gracia de Dios me alcanzó e hizo un parte aguas, volví el rostro para ver a Dios, recibí la bendición del Primer Anuncio, de la iniciación cristiana en mi Iglesia católica. Le di un sí a Dios.

Repentinamente tenía gusto por la oración, por la Palabra de Dios, por los sacramentos. Empecé a reconocer la Presencia de Dios, en la Eucaristía, en su Palabra, en la alabanza, en la naturaleza, y en la sonrisa de un niño. He conocido los caminos intrincados del espíritu a través de la oración mística cristiana.

La herencia que tienes derecho a recibir es una herencia limpia, llena de diligencia, constancia, fuerza, obediencia, con una confianza sana en ti mismo y en Dios, hacer las cosas con calidad y excelencia, interés, dedicación. Afecto, dulzura, alegría esperanza, laboriosidad. Y lo principal hacer las cosas por amor.

La herencia que te dejaré es esta: Te doy lo mejor de mí que es Dios mismo. Dios nos regala bendiciones espirituales, físicas, materiales, económicas y de todo tipo, así como la inteligencia, el entendimiento, la voluntad y la memoria.

Tu historia de fe

Como niño tienes una fe sencilla, una voluntad de ser bueno. No te complicas como un adulto. Por lo tanto, propicié que tuvieras un encuentro con Cristo siendo aún niño. Te llevamos a bautizar cuando eras un bebé, en aquel momento recibiste la libertad del pecado original y la vida nueva en Cristo. Cuando eras muy pequeño, tu mamá y yo te leíamos el Evangelio.

Cuando tuviste uso de razón vimos que tenías la necesidad y el derecho de actualizar tu bautismo, para hacer tuyo el perdón de Dios a tu nivel de niño, y que en tu vida se hiciera notoria tu resurrección espiritual, es decir que pasaras de hecho, de la muerte espiritual a la vida de la Gracia, por tu entrega y amor por Jesús, confiando en Él y obedeciéndolo. Recibiste el sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía, así como por tu Confirmación.

Yo sabía que si el niño se convierte, se convierte el adolescente, el joven y el adulto, así como el anciano. Si eras un niño egoísta que no amaba a sus hermanos, majadero, caprichoso y enojón, se te notó un giro en tu vida, y te transformaste en un buen niño, conservando tu personalidad individual. Porque Dios al ver un pequeño movimiento de tu voluntad, durante el anuncio de la muerte, resurrección y glorificación de Jesús, te concedió la gracia de la conversión profunda. Vio Dios el movimiento interior de tu voluntad como el de una abejita.

Te alimentamos no sólo con comida, también con la oración, con la Palabra de Dios, has recibido lo más posible el Cuerpo y la Sangre de Jesús, lecturas edificantes y en lo posible buenos ejemplos y educación. Es mi responsabilidad que tú crezcas en el Espíritu. Que te enseñe a amar a Dios sobre todas las cosas y a ser misericordioso.

La Gracia de Dios hará madurar en ti la vida moral, para que obtengas la vida eterna. Esta nueva herencia hijo, entrégala a tus hijos…

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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