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San Manuel Bueno, mártir

¿Ha puesto la pandemia en crisis nuestra fe?

Sergio Padilla Moreno

Seguramente a ustedes, amables lectoras y lectores, les han hecho la pregunta de cuáles son sus libros favoritos y que se llevarían a una isla desierta. El simple ejercicio de decidir esta hipotética situación sirve para darnos cuenta qué libros han dejado impronta en nuestro ser. Hace unos días, al hacer este ejercicio, resonó el recuerdo de un libro que en su momento me impactó y que ahora retomé en el contexto de la “noche oscura” que estamos viviendo como humanidad. Me refiero a la pequeña novela San Manuel Bueno, mártir, del escritor español Miguel de Unamuno (1864-1936).

Debo decir que es una novela que conocí gracias a Alejandra Lozano, una estudiante en el ITESO, quien hizo un interesante trabajo de reflexión sobre la religión a partir del texto, lo que me llevó a leerlo y dejarme atrapar por la profundidad de la historia.

Un buen momento para reflexionar sobre nuestra fe

La novela narra, en la voz del personaje de Ángela Carballino, los recuerdos de esta mujer sobre el sacerdote Don Manuel, una vez que se ha enterado que el Obispo del lugar ha iniciado su proceso de beatificación. No pretendo hablar de la trama para dar pie a que puedan leer la novela, pero sí doy algunas pistas que les puedan servir en su lectura. Hay que estar atentos a la riqueza de los personajes, especialmente Ángela, su hermano Lázaro y el pobre Blasillo “el bobo”. Por supuesto que el personaje central está lleno de muchos matices y profundidad, pues el relato nos permite asomarnos al corazón atormentado del sacerdote que guarda un secreto que tiene que ver con su fe. El protagonista se va moviendo en un marco lleno de simbolismos muy bellos como son la montaña y el lago, por mencionar algunos.

La novela nos puede provocar que reflexionemos sobre lo que entendemos por la fe, cómo la vivimos y cómo nos coloca o descoloca en la realidad. Esto viene a colación a partir de la crisis de fe que muchos hemos sentido en medio de esta pandemia, que es una de las más graves y complejas situaciones que estamos enfrentando como generación.

Al crisol del amor

La fe es algo que definitivamente ilumina nuestra vida y la realidad, pero vale la pena reconocer que el camino a la madurez de la fe pasa por procesos de purificación, donde el amor se vuelve el crisol donde dicha fe se va forjando, tal como nos muestra el P. Don Manuel.

Como dice el Papa Francisco en la encíclica Lumen Fidei: “es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo.”

Pero como también dice el P. Pablo d’Ors: “Si las circunstancias son adversas, y lo son – quizá siempre lo han sido–, entonces es que hemos de fundarnos en algo que vaya más allá de lo contingente: en la fe, diríamos los creyentes. Esta oscuridad hemos de atravesarla para llegar al otro lado, donde se esconde y nos espera la luz.”

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Miguel de Unamuno: San Manuel Bueno, mártir

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