Home / Cultura / Cultivarte / Seminaristas en el Cuartel

Seminaristas en el Cuartel

José de Jesús Parada Tovar

Un libro a la vez original, atractivo y simpático, por lo que significa de pasajes primero inéditos y luego irrepetidos en la Historia del Seminario Diocesano de Guadalajara, lo es, sin duda, el que se decidió a escribir y a editar en 2013 a través de Editorial Amate, el Pbro. Salvador Zeferín Chávez, quien prestó su Servicio Militar durante el año 1945, internado en el Centro “Insurgente Pedro Moreno”, conocido como “Cuartel Colorado”. 

Nacido en Guadalajara, Jalisco, el miércoles 23 de noviembre de 1927, y ordenado Sacerdote el domingo 1º de noviembre de 1953, a Salvador Zeferín le tocó “Bola Blanca” al cumplir 18 años y contraer la obligación de enrolarse como Conscripto. Igual suerte corrieron José María Amezcua Martínez, Aurelio Ramírez Nogales, Alfonso Altamirano Plascencia y Rafael Pérez Zermeño, compañeros de la Facultad de Filosofía del Seminario Mayor, ubicado entonces en la Casona de San Martín, por la Calle Belisario Domínguez, del Sector Libertad, a unas cuadras en línea recta del citado Cuartel, domiciliado por la Calzada del Ejército, del Sector Reforma.

El año inmediato anterior habían satisfecho de la misma forma esa obligación: Raymundo Maldonado, quien murió siendo Párroco de Tototlán; José López, quien falleció siendo Sacerdote Jesuita, y Felipe Buz Santoyo, Canónigo al final de su ministerio y recluido en el Albergue Trinitario Sacerdotal, donde feneció. Este último concluyó el Servicio Militar con el Grado de Cabo, y posteriormente fue asignado como Instructor de Conscriptos Seminaristas. De los colegas del autor del libro, Pérez Zermeño y Altamirano llegaron también al sacerdocio.

Si bien relatada de manera sencilla esa experiencia, el texto refleja claramente el gusto y la seriedad con que asumieron tal ordenamiento de Ley los seminaristas en condición de reclutas acuartelados, con el solidario permiso de sus Padres Superiores, aunque debiendo “perder” un año de sus estudios filosóficos. Asimismo, queda patente su alto sentido cívico y patriótico, enmarcado en las enseñanzas de sus Jefes y Oficiales del Ejército Nacional.

Queda manifiesto que nunca perdieron su identidad de católicos ni su condición de aspirantes a las Órdenes Sagradas. Sin dejar de lado el rigor del Reglamento y los Estatutos de la Milicia, se dieron tiempo para convivir fraternalmente con el resto de Conscriptos, venidos de distintas partes del Estado y de la República, así como de rezar diaria y discretamente en equipo el Rosario y otras oraciones; actividad a la que fueron sumando adeptos.

Es más, aprovechando que todos quedaban “francos” el fin de semana, buscaban la oportunidad de visitar a sus parientes y de apersonarse en el Seminario para saludar a sus condiscípulos y a los Padres José Salazar López, Rector, y José de Jesús Becerra Fernández, Prefecto, aparte de procurar la Misa dominical, la Confesión y Dirección Espiritual. Incluso desarrollaron un encomiable e ingenioso apostolado de Catequesis en tales ocasiones entre compañeros Reclutas foráneos, muchos de los cuales terminaron haciendo su Primera Comunión en La Purísima Concepción o en Santa Teresita, donde se les brindaron apoyos y facilidades.

Obviamente, la obra “Seminaristas en el Cuartel”, cual puntual bitácora, entra al detalle de horarios; materias de estudio; circunstancias del encierro en cuanto a alimentos, mobiliario y equipamiento, incluyendo el armamento, su mantenimiento y uso; la relación con los Superiores, siempre enérgica pero respetuosa; el deporte; la educación moral y deberes militares; los cotidianos honores al izar y arriar la Bandera; los simulacros a campo traviesa y en la montaña; la gimnasia y defensa personal; las paradas militares, que llegaron a protagonizar con brillantez en Desfiles aquí, en la Ciudad de México y en Morelia. Todo ello con gran espíritu de sacrificio, de disciplina, y con reconocimiento y gratitud a nuestras Fuerzas Armadas.

Por cierto, Altamirano, Amezcua y Zeferín ameritaron el Grado de Sargentos Segundos desde la mitad del tiempo de Servicio, merced a su aplicación y cualidades. Ya como Instructor, Zeferín Chávez tuvo en su Sección a los Seminaristas y después Monseñores Antonio González Cornejo y Salvador Tello Robles, y al Sr. Cura Olegario Íñiguez Becerra.

Otro testimonio

“Afortunadamente, desde hace muchos años, los Superiores del Seminario vieron conveniente que los alumnos en edad militar cumplieran con su Servicio, pese a que entonces no se le reconocían derechos ciudadanos a los Clérigos, como tampoco esas obligaciones; pero fueron visionarios para que, a la larga, tuvieran en regla su Cartilla y accedieran a trámites oficiales”, comentó el Sr. Canónigo y Párroco de San Miguel del Espíritu Santo, Víctor Daniel Contreras Orozco, quien fuera Instructor de seminaristas Conscriptos durante casi siete años de las décadas 1960-70, “marchando” los domingos a lo largo de la Av. Dr. Roberto Michel. Formó parte del Club Académico de Oficiales y Clases, CADOC. Poco antes de recibir el Diaconado “cambió de giro” y le tocó practicar apostolado en la Cárcel Militar.

El mismo oficio de Instructores desempeñaron antecediéndole en varios decenios, aparte de Felipe Buz y Salvador Zeferín: José Luis Flores Flores, José Antonio Jiménez Jiménez y José Manuel García López, quienes también fueron ordenados Presbíteros. Al término de su responsabilidad se les ascendió a Capitán Primero, tanto a estos tres últimos como al entrevistado, quien explicó que en otros países donde hay Pastoral Castrense algunos Eclesiásticos llegan a ser Coroneles, Mayores e incluso Generales.

Refirió que le sucedió en la Instrucción Luis Francisco Aguilar Aréchiga, después Sacerdote, y recordó una curiosa anécdota: “En aquel tiempo (1968) yo había sido nombrado Sargento Primero para la Unidad que atendíamos, que era la Primera Compañía -integrada también con Religiosos y con alumnos de la Escuela Diocesana de Música Sacra-, a un tal José Francisco Robles Ortega, hoy Cardenal y Arzobispo de Guadalajara”…        

About David Hernandez

Check Also

La música religiosa de Beethoven

Sergio Padilla Moreno La vida del compositor Ludwig van Beethoven (1770-1827), merece todo un amplio …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *