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Sinfonía a la vida

De nuestras épocas oscuras también pueden florecer tiempos luminosos. Los tiempos difíciles son una oportunidad para redescubrir y crear.

Sergio Padilla Moreno

Vivimos tiempos sombríos, pero sabemos que, después de la noche, llegará el día. La oscuridad es tiempo de temor, tentación y desasosiego, pero también es oportunidad de forjar el carácter y la virtud de la esperanza. Un artista que vivió esta honda experiencia es el compositor austriaco Gustav Mahler (1860-1911).

Para tener una comprensión más profunda de una obra musical es necesario estudiar y contextualizar la cultura, la historia y la tradición que vivió cada compositor, pero más en el caso de Mahler, pues para entender y apreciar su música se tiene que conocer, necesariamente, su biografía.

Experiencias amargas dan dulces frutos

El dolor, la contradicción y la esperanza son elementos que alimentaron sus diez sinfonías y sus ciclos de canciones. La música es reflejo de la tensión y dialéctica vivencial de Mahler ante la vida y la muerte. En sus obras hay claras referencias hacia la reflexión sobre los valores trascendentes de la vida. Padeció el antisemitismo propio de su época, dada su ascendencia judía, por lo que tuvo que optar por bautizarse en la fe católica más por razones pragmáticas y profesionales que por convicción, para acceder así al puesto de director de la Ópera Imperial de Viena, donde estuvo de 1897 a 1908. En la etapa final de su vida fue director del Metropolitan Opera House de Nueva York y de la Orquesta Filarmónica de dicha ciudad, donde obtuvo, como en otras etapas de su vida profesional, gran fama y aprecio. Pero también sabemos de otras experiencias dolorosas que vivió, pues fue testigo de la muerte de varios de sus hermanos menores y de su pequeña hija María, así como las crisis en su matrimonio con Alma Schindler.

Las notas expresivas

La Segunda Sinfonía en do menor, conocida como “Resurrección” -por cierto muy apreciada por el Papa Juan Pablo II- fue gestada entre 1888 y 1894. El propio compositor expresó que esta obra era un reflejo de su propia vida. Si su primera sinfonía era la exaltación valiente de la vida, la segunda sinfonía es el enfrentamiento y el miedo ante el destino humano hacia la muerte, aunque con la esperanza de la victoria final. Los primeros tres movimientos son de carácter pesimista y expresan el miedo del hombre ante el sinsentido de la vida, a pesar de las eventuales risas y pasajes lúdicos que suelen escucharse en diversos momentos de la sinfonía.

El camino hacia Dios

En la cuarta parte (Urlitch), la contralto entona un canto donde se rechaza la idea de estar sin Dios, por lo que el alma busca una luz que sólo Él puede otorgar para alcanzar la vida eterna. En la quinta parte, una de las páginas más bellas de la historia de la música, Mahler utilizó un texto del poeta Friedrich GottliebKlopstock para proclamar, en el coro final, la salvación divina y la vida eterna ante la muerte: “¡Resucitarás, sí, resucitarás, corazón mío, en un instante! Lo que ha latido, ¡habrá de llevarte a Dios!”

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Mahler- Espectacular Final de la sinfonía nº 2 “Resurreción”. Dudamel dirige a la SBYO

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