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Voz Verde: Familia = escultora del planeta

Karime Ramos Godoy

¿Por donde comenzar? Cuando de cuidar el planeta se trata. Las acciones pequeñas parecen pocas y las grandes parecen inalcanzables.

Por más que doy vueltas al tema, sigo llegando al mismo problema de origen. La educación. La educación principal la recibimos de casa y es en casa en donde la transmitimos, la ponemos en práctica, para, de ahí, vivirla en todos los aspectos y círculos de nuestra vida.

Es en casa donde debemos comenzar los cambios que el medio ambiente requiere, desde las cosas pequeñas hasta las grandes, desde la basura que generamos, pasando por los productos que consumimos y la frecuencia con la que los consumimos, y, terminando en la conciencia de cambiar hábitos y rutinas para impactar lo menos posible el medio ambiente.

El crecimiento de nuestros hijos y su vida en este planeta depende directamente de cómo y con qué acciones los eduquemos hoy. Recordemos la frase que recita “nadie da lo que no tiene”. Bueno, pues dotemos a nuestros hijos de esa sabiduría que se encuentra en el hacer las cosas de modo diferente, ocupándonos de nuestras necesidades, pero respetando las del otro y las de los que vienen. Dotemos a nuestras familias de un ejemplo de vida consciente del otro, consciente de que no estamos solos ni tenemos el planeta y sus recursos para agotarlo a nuestras anchas sino para utilizarlo racionalmente y poder compartirlo con mis semejantes.

Eduquemos ambientalmente desde nuestro ejemplo de vida para que las generaciones puedan tener herramientas a aplicar y que les ayuden para tomar las decisiones que esculpen el medio ambiente en el que se desenvuelven.

Los alcances de un buen ejemplo perduran por generaciones, son el tratamiento preventivo en el cuidado del medio ambiente y las enfermedades que padece.

“La existencia de leyes y normas no es suficiente a largo plazo para limitar los malos comportamientos, aun cuando exista un control efectivo. Para que la norma jurídica produzca efectos importantes y duraderos, es necesario que la mayor parte de los miembros de la sociedad la haya aceptado a partir de motivaciones adecuadas, y que reaccione desde una transformación personal. Sólo a partir del cultivo de sólidas virtudes es posible la donación de sí en un compromiso ecológico” (Laudato si, n. 211.)

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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