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Corazón abierto a la esperanza

Editorial #1196

Un año más, que comenzamos con el acontecimiento eterno de un regalo humano, con la buena noticia que Dios está con nosotros.

Como el poeta León Felipe, preguntemos: ¿La carne se hizo luz o la luz se hizo carne? No importa. El niño está ahí, y él es el único rayo de luz que hasta ahora ha podido atravesar ese muro del Misterio.

En este mundo en el que tenemos anuncios que anuncian todo, menos la verdadera Navidad, es fundamental estar atentos a los mensajeros que nos traen la verdadera buena noticia. A aquellos que nos transmiten una promesa, un canto que despierta, una alegría que no es de ofertas a los que anuncian el amor  hecho carne, vida, pasión y proyecto.

El Evangelio de San Mateo (2,1-12) relata la historia de los magos. La Iglesia lo celebra como “manifestación” o epifanía, donde Jesús se da a conocer en diferentes momentos a diferentes personas; la Iglesia celebra como epifanías tres hechos:

La Epifanía ante los Magos de Oriente, para poner de relieve que el Niño Dios que nace, viene para salvarnos a todos, independientemente de nuestra raza. La Epifanía del Bautismo o manifestación a los judíos por medio de San Juan Bautista, y la Epifanía de las Bodas de Caná, como comienzo de su vida pública por intercesión de su Madre María.

Para el Papa Francisco los Reyes Magos, son los “sabios compañeros de camino” y su ejemplo nos ayuda a levantar la mirada hacia la estrella y a seguir los grandes deseos de nuestro corazón.

Nos señala también, que es la “santa astucia” de los Reyes Magos, la que nos guía en el camino de la fe y nos enseña cómo defendernos de la oscuridad que busca envolver nuestra vida; insiste en que tenemos que ir más allá, más allá de la atracción de las sirenas, más allá de tantas modernidades que existen hoy, para ir hacia Belén, allí, donde en la sencillez de una casa de la periferia, entre una mamá y un papá llenos de amor y de fe, resplandece el Sol que nace de lo alto.

Vemos a nuestro alrededor violencia, desaparecidos,  tráfico de armas, trata de personas. Jesús está en todas estas realidades, en todos estos hermanos y hermanas que sufren tales situaciones. El pesebre nos presenta un camino distinto al que anhela la mentalidad de hoy.

En el inicio del año, reflexionemos y anhelemos quitarnos vendas para ver al niño entre nosotros, y así deseemos pasar más tiempo con la familia, alcanzar metas profesionales, cuidarnos más nuestra salud, comprometernos más con los que nos rodean, en especial con los más pobres y vulnerables,  ser más  más ecológicos y cuidar nuestra casa común.

Que uno de nuestros propósitos este año sea, ante la realidad palpable de sufrimiento a nuestro alrededor, descubrir un mundo de oportunidades de cambio posibles. Que 2020 nos traiga miradas limpias y horizontes abiertos. A ejemplo de los Magos, con nuestras pequeñas luces, busquemos la Luz y compartamos nuestra  fe.

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