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Estamos obligados a generar una política sensata de manejo de agua que haga a nuestras ciudades resilientes y preservar nuestras zonas productoras de alimentos.

Derechos humanos de tercera generación

Los derechos humanos son un auténtico código genético y axioma moral en las democracias.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la ONU en diciembre de 1948, recoge 30 artículos con los derechos de los que goza cualquier persona, sin distinción de sexo, edad, religión, origen, nacionalidad o raza; el concepto de derechos humanos se fue ampliando progresivamente hasta adquirir nuevos significados.

En la década de los 80 surgieron las primeras reivindicaciones del cuidado del medioambiente, y empezó a hablarse de derechos humanos de segunda generación -básicamente los de carácter económico, social y cultural- y más tarde de los derechos de tercera generación, vinculados a valores como la solidaridad.

Derecho al desarrollo sostenido: modelos y estructuras económicas que, además de generar beneficios propios, permitan el acceso a servicios básicos y garanticen la sostenibilidad del planeta.

Derecho a la autodeterminación de los pueblos: el que tienen los países a determinar libremente su condición política y su modelo social y económico.

Derecho a la paz: entendido no como ausencia de guerra, sino también, como la realización de procesos positivos que fomenten la participación, el diálogo, la inclusión, la cooperación y la superación de conflictos.

Derecho a la protección de los datos personales: que llama la atención sobre los eventuales peligros a los que se exponen las personas, ante el cada vez más extendido proceso de informatización.

Derecho al patrimonio común de la humanidad: se refiere al acceso a los bienes de tipo material e inmaterial que constituyen un legado de especial relevancia para comprender la evolución humana.

Derecho a gozar de un medioambiente sano: todas las personas tienen derecho a disfrutar de ambientes sanos, limpios y sostenibles.

El ambiente, como el transporte, la salud, las carreteras, la comunicación y la educación, son áreas que requiere la inversión pública y también la conducción pública.

Las grandes áreas nacionales de producción de beneficios ecosistémicos como producción de agua, control de inundaciones, estabilización el clima, no pueden ser manejados como recursos privados.

El cuidado de la Casa Común, es urgente, ya que serán los pobres, los que paguen los costos más altos en escasez de agua potable, sequías y pérdidas de tierras productivas, enfermedades, golpes de calor y presencia de plagas, que se estima el 45 por ciento de la población mundial.

Estamos obligados a generar una política sensata de manejo de agua que haga a nuestras ciudades resilientes y preservar nuestras zonas productoras de alimentos.

Hoy en día los mexicanos entendemos lo suficiente de economía y de ecología, para cuantificar los daños y los costos de la degradación ambiental tanto a la salud como a la economía. Perú, Panamá, Honduras y Guatemala gastan desde dos a cuatro veces más de lo que gasta México en la defensa del medio ambiente, con mínimo porcentaje del producto interno bruto (PIB).

En nuestro país, el edificio democrático y nuestros derechos están amenazados. Nos hace falta un buen tramo para que la ciudadanía tenga garantizados de forma plena sus derechos civiles, y los de segunda y  tercera generación.

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