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EDITORIAL: ¿Cómo ser cristianos católicos en tiempos de pandemia?

Editorial Semanario, Edición #1215, domingo 17 de mayo de 2020

Como pueblo de Dios nos hemos visto afectados por el Coronavirus, llevamos ya varias semanas con los templos cerrados, hemos escuchado sobre muertes de personas por causa del virus; nuestra fe se ve desafiada, ello nos motiva a ir más allá de este dolor y reflexionar sobre el sentido profundo de este tiempo de pandemia. Eso implica discernir cómo Dios se hace presente en estos acontecimientos.

Como cristianos católicos, hemos de reconocer en la pandemia un “signo de los tiempos” que exige recrear las formas en que somos Iglesia, de vivir y expresar nuestra fe, hemos de repensar la manera de encarnar el Evangelio. Estamos ante una situación donde no existen recetas predeterminadas.

Al estar ante circunstancias inéditas en nuestra historia, estamos exigidos a responder con fidelidad creativa. Nuestra experiencia, como cuerpo vivo fundado en Cristo y enriquecido por las generaciones de cristianos que nos precedieron, cuenta con recursos para orientarnos en la difícil tarea de navegar por esta crisis, sin por ello ser ciegos a la radical novedad que emerge ante nuestros ojos.

La Iglesia católica ante la pandemia está llamada a examinarse a sí misma. Nuestra práctica religiosa está tan centrada en el culto que hoy nos cuesta mucho no tener liturgias presenciales y ayunar de la comunión eucarística. Sin embargo, la fe tiene una gran riqueza; ante estas dificultades, estamos invitados a poner en el centro de nuestra fe, la Palabra de Dios que se nos ha revelado en la Biblia, en la oración personal y familiar, hoy nos invita a hacer de nuestros hogares una verdadera Iglesia doméstica.

Debemos aprovechar el gran tesoro que es la Sagrada Escritura, a recentrar la vida de fe en la Palabra, ésta nos llevará a reconocer que nuestras experiencias también son lugar donde Dios se nos da a conocer y nos llama a colaborar en su misión. Hemos de estar atentos y dispuestos para abrazar su presencia salvífica en lugares y situaciones inesperadas.

Es admirable la creatividad desplegada para sostener el culto y la oración comunitaria por medio de plataformas digitales.

Sin embargo, estamos convencidos de que la realidad que vivimos nos interpela a proclamar la presencia viva de Dios en todos aquellos que están arriesgando sus vidas para proteger a los vulnerables. Como Iglesia, en varias partes del mundo, nos sumamos a esos esfuerzos. Varios hermanos nuestros están en la primera fila de la batalla contra el coronavirus, entre ellos las parroquias y distintas instituciones eclesiales que  están contribuyendo a mitigar los efectos de la crisis entre los más pobres.

También, quienes están recluidos en sus casas, pueden participar de este testimonio de una “Iglesia servidora”, expresando solidaridad en gestos cotidianos como dar de comer al hambriento, estar en contacto (por los distintos medios posibles, por ejemplo, el teléfono) con quienes están solos; auxiliando al vecino adulto mayor, en general, solidarizándose con las historias de aquellos que tienen necesidades tan apremiantes y básicas.

En medio de la pandemia, Dios nos está convocando a “pasar de un cristianismo de ritos y rezos, a uno de servidores, de testigos e instrumentos del amor misericordioso de Dios”.

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