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Editorial: Que el 2020 sea un año de hechos

El 2019 fue un año de desencanto y frustración. El primer año del nuevo gobierno que tantas esperanzas levantó en muchas personas, ha sido frustrante. El discurso presidencial ha creado la sensación de que ninguno de los problemas existe y de que vivimos ya en otra realidad nacional.

Ciertamente hay una nueva actitud solidaria hacia los más pobres y es digna de reconocimiento. Pero ese camino de los programas sociales, no podrá avanzar si no se acompaña de un nuevo dinamismo en la economía que los sustente.

El inicio de año en nuestro país, lo marcan los incrementos en el costo de distintos productos, en el que de la mayoría se puede prescindir, pero algunos son de consumo necesario como la leche o las gasolinas. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec) advierte que las reformas fiscales adoptadas por el gobierno para 2020 impactarán en el precio de algunos alimentos perecederos como el de las verduras o el de la carne.

El Estado no puede ignorar que los impuestos y cargas económicas inciden con mayor impacto en los estratos sociales con menos ingresos a los que se teóricamente se busca proteger.

Se observa que en algunos casos, el aumento es para desalentar su consumo; en los Estados, se han anunciado aumentos en el precio de servicios y trámites, para compensar la reducción de las participaciones que envía la federación, aumentos que afectan a la totalidad de la población.

En materia de seguridad, los ciudadanos seguimos sintiéndonos impotentes. En los penales – como universidades del crimen- prevalece el auto-gobierno y el uso de los teléfonos celulares que permite operar a bandas articuladas de extorsión y nadie levanta un dedo. Las policías locales, muchas maiceadas por el crimen organizado, no tienen la capacidad ni el entrenamiento para investigar. La Guardia Nacional no funciona para combatir la delincuencia común, que es la que más afecta a los ciudadanos de todas las clases sociales.

La conducta corrupta en nuestro país, y en nuestro Estado, aún es muy amplia. En México, las acciones para alcanzar un ambiente social libre de corrupción no han terminado de consolidarse y no será suficiente la voluntad presidencial ni la del gobernador, para lograrlo. El andamiaje legal y la participación de los distintos sectores de la sociedad son indispensables, nadie debe quedar fuera, todos podemos aportar.

En lo económico es urgente abrir espacios de inversión para grandes, medianos y chicos, y eso sólo lo puede hacer el Estado, mediante el fortalecimiento de sus capacidades y no por la vía de contraerse. Particularmente, reactivar la economía social orientada a mercados locales y regionales que son fortalecidos por las transferencias sociales.

En el año que empieza, señala el Papa Francisco, seamos hombres y mujeres constructores de puentes. “Cada cristiano construya siempre puentes de diálogo con los demás, no muros de rencor. El cristiano debe buscar siempre el camino para escuchar, el camino de la reconciliación, con humildad y mansedumbre, porque es lo que nos ha enseñado el Hijo de Dios”.

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