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La esperanza del día siguiente

Editorial (1206) de Semanario

En este 2020, las mujeres han decidido marcar un Nunca Más a las violencias y las desigualdades que padecen, han salido a las calles para derrotar todos los obstáculos y han invadido las conciencias; es decir, han emprendido una revolución con rostro de mujer.

Los  movimientos sociales nacen de la negación, de los no, de los ya basta, rechazando todas las conductas que lastiman a la sociedad. Sin duda que la revolución femenina que mostró su fuerza,  ha modificado la conciencia política y social de México.

La inequidad y violencia de género persisten sistemáticamente en la agenda pública de México. Urge acabar con la violencia hacia las mujeres, pues carcome la moral del país.

La marcha y el paro exigen la creación de políticas públicas enfocadas a terminar con la desigualdad de género. Es un fenómeno, que por encontrarse normalizado, tendrá que pasar por reeducar a la población para enterrar la cultura machista mexicana y latinoamericana, y derrumbar los roles que por décadas se han asignado a la mujer.

¿Qué rostro tendrá el país, a partir de hoy? Un río de preguntas  con respuestas por construir está en la agenda de nuestra vida cotidiana, se pueden señalar algunas interrogantes:

Los efectos que podría tener la marcha; los cambios que esperan las mujeres de los gobiernos a nivel federal y estatal; lo que esperan que suceda después de la marcha y el paro, como logros concretos de la multitudinaria manifestación. ¿Cuánto tiempo transcurrirá para ver los efectos de esta marcha?

Lo importante será que a partir del presente movimiento tomemos acciones concretas en casa, en la comunidad, en nuestra ciudad por lograr una sociedad igualitaria en el trato.

No podemos ser ciegos o sordos a un grito desesperado de las mujeres que buscan igualdad de oportunidades, de respeto y seguridad. 

La sociedad hace un llamado a la esperanza para que el gobierno tome decisiones para nunca más permitir que una mujer viva con miedo a salir a la calle, a trabajar, a casarse o vivir con su pareja.

En el ámbito educativo deberemos tomar acciones, para que nunca un docente vuelva a abusar de una alumna o de una niña.

Familias que colaboren por igual en el hogar, sin dejar el trabajo duro a la mujer y las hijas. Hermanos respetuosos con sus hermanas en el trato, en el hablar, en cuidarlas dentro y fuera de casa. Hijos cumpliendo con sus deberes para honrar a sus madres.

Las palabras del Papa Francisco son de fuego, porque denuncian  la situación de la mujer, no sólo en México, sino en toda América Latina. Así lo expresan las arraigadas situaciones de injusticia que sufren las mujeres a causa del machismo en toda la región latina, el abandono como madres que, solas, tienen que cargar con el cuidado, sostén y educación de los hijos, por las injustas discriminaciones que sufren en ámbitos laborales, por las condiciones de pobreza e indigencia y de todo tipo de violencias, con muy numerosos casos de feminicidios.

El Papa exclama que la esperanza en América Latina tiene rostro de mujer.

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