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Participar en política, un deber cívico y ético

Editorial Semanario

Inician las pre-campañas del proceso electoral 2021 y durante estas semanas dedicaremos algunos artículos para reflexionar, desde la perspectiva ciudadana, en torno a los procesos electorales, para contribuir a tomar una decisión informada en las próximas elecciones, con los lectores de Semanario.

La democracia es un tema más amplio y profundo que las elecciones;  uno de los mecanismos que aseguran la existencia de la democracia son  los procesos electorales, y que hacen posible  que los ciudadanos elijamos a nuestros gobernantes por un determinado periodo, bajo ciertas reglas que aseguren la equidad entre los contendientes electorales,  y  se  garantice que los votos de cada ciudadano sean libres y que cada uno de ellos sea reconocido, logrando que todos los participantes en el proceso electoral, acepten los resultados de los comicios como válidos.

En nuestro país, los procesos electorales no han permeado a toda la población, el nivel de abstención electoral sigue siendo alto, muchos ciudadanos no creen aún que las elecciones sirvan para mejorar sus condiciones de vida.

La participación ciudadana es un deber cívico y ético, y es por esto que es necesario reflexionar en torno a las elecciones que están en puerta.

No se trata de orientar el voto hacia alguna de las opciones políticas que recurren a las urnas en busca de que usted los favorezca con su voto, más bien se trata de poner sobre la mesa del debate algunos elementos de análisis que ayuden a tomar mejores decisiones.

El papa Francisco señala que la participación en política es necesaria e irrenunciable, y que la política es un instrumento para lograr el verdadero desarrollo humano, y afirma: “la Iglesia no asume una ideología o un sistema político; sus enseñanzas se basan en la centralidad de la persona humana”. Insiste en que la política está al servicio del ser humano y no el ser humano al servicio de la política.

La humildad y el amor deben ser características indispensables de quien gobierna. Quien gobierna –afirma Francisco– “debe amar a su pueblo”, porque “un gobernante que no ama no puede gobernar; al máximo podrá disciplinar, poner un poco de orden, pero no gobernar”.

A los ciudadanos nos cuestiona: “ninguno de nosotros puede decir: yo no tengo nada que ver con esto, son ellos los que gobiernan… No, no, yo soy responsable de su gobierno y tengo que hacer lo mejor para que ellos gobiernen bien, y tengo que hacer lo mejor por participar en la política como pueda”.

Y puntualiza que “la política –dice la Doctrina Social de la Iglesia– es una de las formas más elevadas de la caridad, porque sirve al bien común”.

Consolidar los procesos democráticos, inicia con una reflexión personal acerca de la democracia, la cual no se podrá conseguir sin un verdadero desarrollo y participación ciudadana y que esa participación no se limite al periodo electoral, sino que promovamos la vigilancia de las autoridades, así como el compromiso, la participación y la conformación de una agenda ciudadana que represente los deseos de paz, de justicia, de democracia, y del desarrollo humano y solidario que todos anhelamos en este 2021.

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