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¿Por qué contra Fray Antonio Alcalde?

Editorial Semanario

No son aislados los hechos de vandalización de los espacios públicos en los últimos meses, con daños patrimoniales acompañados de acciones violentas de repulsa y desprecio a las instituciones.

Sustituir en Jalisco el diálogo con actos de violencia como el sucedido con la escultura de Fray Antonio Alcalde el 16 de octubre, no pasa de ser una postura de alcance muy pobre y a la postre nocivo, pues salvo la ganancia inmediata de la provocación y del escándalo, la conducta en sí misma no pasa de ser sino una variante de lo que más dice rechazar y denunciar: la agresión consentida, casi como una modalidad del magisterio del narcoterror.

Se reconoce que la lucha de las mujeres es legítima, las formas, para un gran sector de la población no son las adecuadas.

#estoytantriste es el hashtag (palabra o frase precedida por el símbolo de numeral con el que se identifica un mensaje) acuñado en Guadalajara este 16 de octubre del 2020, como respuesta a la divulgación por las redes sociales del modo como se vandalizó la escultura de quien hizo posible la fundación de la Universidad de Guadalajara, el Siervo de Dios Fray Antonio Alcalde.

Consumaron la hazaña un grupo pequeño pero enardecido de mujeres autoidentificadas como ‘Feministas autónomas’, y fue el epílogo de una marcha que concluyó en la explanada de la rectoría de esa Alma Mater, como acto de repudio a las autoridades universitarias por “proteger a maestros y alumnos que han sido denunciados por hostigamiento y acoso sexual”.

Armadas con esta tesis, las manifestantes hicieron pintas del tema (mejor sería decir, aumentaron las que ya estaban) y luego de colgar de la escultura del Fraile de la Calavera una manta con manchas color sangre, circundaron la base de su pedestal con materiales inflamables y lo convirtieron en una pira.

Dos de las fotografías aludidas llevan textos muy puntuales y claros que compuso una académica universitaria: “Si hay alguien que no merece que le prendan fuego para ser destruido es, precisamente, Fray Antonio Alcalde. #estoytantriste porque con esto algunas desvirtúan un movimiento justo”.

“Si conocieran un poco de historia [las responsables de este atentado] sabrían que este señor trabajó a favor de las mujeres para sacarlas de la ignorancia, la pobreza y la enfermedad”.

Desfigurando el respeto a la venerable memoria cuando faltan unas semanas para que comience la cuenta regresiva del aniversario 250 de su arribo a Guadalajara, que es como decir, del inicio de una gestión episcopal que cambió para siempre el destino y la vocación de esta capital tapatía con acciones clarísimas de humanismo y humanitarismo hasta convertirla en lo que hoy es, la segunda ciudad en importancia de México.

Más que atentar en su contra debemos volcarnos sobre su vida y su obra para imitar el ejemplo de un hombre congruente, que hizo de la pobreza evangélica y de la solidaridad misericordiosa un ministerio sin par, lo único que puede darnos ocasión, para decirlo con el santo de Asís, según nos lo acaba de recordar su homónimo Francisco, actual Obispo de Roma: hermanos todos.

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