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Lo único que vence a la muerte es la vida

Somos gente de fuego

Con el internet, las redes sociales, y los medios de comunicación, nuestro mapa del mundo, y todo el dolor que en él acontece, se amplía más allá de las noticias de la tele. Por esos medios nos enteramos del dolor que hay en gran parte del mundo.

Nos hacemos conscientes de las múltiples situaciones de carencia y pobreza extrema, de poblaciones que huyen, de parálisis de la vida y de lo  cotidiano por la violencia, de tragedias medioambientales, de corrupción.

Hay momentos en que los pensamientos de desesperanza, suben de tono, “que ya esto es irremediable, que no hay manera de salir de esta situación”. Y algunos se llegan a preguntar… si quizás a Dios, este mundo se le ha ido de las manos… si quizás se ha cansado y ha decidido dejar de trabajar en él.

Pero algo dentro de nosotros, de manera sutil, va apartando estas ideas de desesperanza: “Lo único que vence a la muerte es la vida”.

El misterio de fe que celebramos recientemente, nos señala a todos que, desde donde estamos, entre quienes vivimos, tenemos la opción de que se vaya haciendo carne la Vida que vence a la muerte.

Tenemos la certeza de que a Él, el mundo no se le va de las manos, pero que necesita de las nuestras, y esto, lo reiteramos, de la mano  de cada persona. Es una fe que nos implica, y que nos complica, porque no seguimos a una doctrina, ni a unas categorías, ni a una ley, ni a un catecismo.

Seguimos a una persona que tuvo un sueño, el sueño de Dios. Seguimos al que nos mostró el verdadero rostro del Padre y nos invita a trabajar por el Reino. Seguimos a Alguien que no entendía mucho de leyes de sábados, de lo que entendía era del corazón. Entendía de curar, de escuchar, de reconstruir, de abrazar.

Hoy, como nunca, debemos ser fuego que encienda otros fuegos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Y como dice el escritor Eduardo Galeano, hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende. 

Seguimos al Rey de reyes que vino a salvar a los pecadores, a los de corazón pobre, a los que se saben los últimos… Y le seguimos para ayudarle a seguir curando, escuchando, reconstruyendo, abrazando…

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