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Un derecho humano en peligro

Editorial Semanario

La novela de George Orwell, “1984”, donde la pantalla de la televisión es quien te observa y todo el mundo espía a todo el mundo, es también un manual para tiempos difíciles.

En la actualidad son las redes sociales las que recopilan cada gesto, cada compra, cada comentario que hacemos en internet y alimenta una presencia omnisciente, que todo lo sabe de nuestras vidas, y capaz de predecir todas nuestras preferencias.

Basada en las elecciones de los consumidores, con el usuario como la mercancía con la que se comercia, la recolección de esas preferencias para las campañas políticas está distorsionando la democracia.

El papa Francisco advierte en su encíclica “Fratelli Tutti”, que, en los últimos años, en el derecho a la intimidad, se ha atentado contra él, ha sido transgredido, con motivo de la proliferación y manipulación de la información.

 “Todo se convierte en una especie de espectáculo que puede ser espiado, vigilado, y la vida se expone a un control constante. En la comunicación digital se quiere mostrar todo y cada individuo se convierte en objeto de miradas que hurgan, desnudan y divulgan, frecuentemente de manera anónima” (n.42).

Es necesario mantener el respeto que se merece cada uno, sin pretender ser dueño de su información para manipularla y divulgarla al antojo.

En “1984” muestra cómo pueden crearse arbitrariamente los enemigos atizando las emociones de la gente a través de la propaganda. Pero además en la descripción del capítulo “dos minutos de odio” también previó cómo actúan las multitudes digitales.

El abanico de “ismos”, como el nacionalismo y el populismo, operan a través de la activación del resentimiento. Y por donde miremos en nuestro mundo contemporáneo, hombres autoritarios están ocupando posiciones de poder. Comparten la necesidad de aplastar a la oposición, un fanático miedo a los que disienten. ‘Los grandes hermanos’ dejaron de ser personajes de la novela y ahora los encontramos en el mundo.

Es preciso saber respetar la dignidad de cada persona y sus derechos. Un peligro de los dispositivos digitales, como los celulares, es que al perder la cercanía personal, se hace fácil caer en la transgresión con una frase o una burla.

Señala el Papa que esto favorece la ebullición de formas insólitas de agresividad, de insultos, maltratos, descalificaciones, latigazos verbales hasta destrozar la figura del otro. Lo que no haríamos si tuviéramos a la persona enfrente, sí se hace anónimamente, haciendo pedazos el respeto al otro.

Los derechos que tenemos y que han de ser respetados, provienen de que somos creados a imagen y semejanza de Dios, quien nos ha creado libres para hacernos partícipes de su vida plena.

El verdadero problema de esta época es la aniquilación del yo y la destrucción de la capacidad para reconocer el mundo real, un mundo en que la gente tiene cada vez menos y menos palabras para usar y su pensamiento está distorsionado por las ideologías.

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