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Un México enfermo

Editorial

A un año de la con­firmación del primer caso de Covid-19 en México, el sistema de salud pública enfrenta grandes retos. En todas nuestras regiones, las carencias y huecos en el sistema de salud, se desnudaron abiertamente por la pandemia.

La gran preocupación es que una vez terminada la vacunación, el impacto en la vida de las personas continuará por las múltiples secuelas que la pandemia está dejando en nuestro país. Las estimaciones de los especialistas en salud señalan que más de 50 millones de personas se han contagiado de Covid-19 en México, y que de estos, al menos un 30% requerirá tratamiento secundario, ya que desarrollarán alguna enfermedad relacionada al coronavirus.

Los médicos han explicado que las secuelas del coronavirus son más complicadas que la enfermedad misma. Algunas complicaciones en el sistema motriz, con parálisis en los pacientes, forman parte de las secuelas que el coronavirus presenta y que pueden derivar en cirugías de columna vertebral o en la pérdida de movimiento en alguna extremidad.

La realidad que observamos es que miles de personas están enfrentando diferentes secuelas derivadas de la infección por Covid-19 sin que exista presupuesto, infraestructura o un plan detallado para su atención por parte de las autoridades federales y estatales. A esta realidad de las secuelas se le llama ya la pandemia paralela.

La no atención de las secuelas provocadas por el coronavirus abrirá la puerta a la segunda crisis de salud en nuestro país, que puede ser más prolongada y con efectos directos en la calidad de vida de todas las familias.

El sistema de salud mexicano no está preparado para atender estas complicaciones que supondrán un mayor aumento de la morbilidad en los próximos años, y que según estimaciones, requerirá un presupuesto de más de 30 mil millones de pesos para atender mínimamente todas estas secuelas.

Según los especialistas, el elenco de las secuelas es muy amplio, va desde reducción de la capacidad pulmonar, fatiga extensa o falta de concentración, hasta afectaciones cardiacas, ceguera, problemas neurológicos, pérdida de la audición, coagulación extrema o fallas multiorgánicas.

Con el paso del tiempo se ha confirmado que más del 50% de los pacientes que se recuperaron de la forma grave de esta enfermedad tendrán complicaciones crónicas relacionadas al corazón, el cerebro u otro órgano como el páncreas o el estómago. De no tratarse, las secuelas del Covid-19 pueden provocar miles de decesos.

A las vacunas y tratamientos para controlar la pandemia deben sumarse los esfuerzos para mitigar las múltiples secuelas que esta enfermedad causa en el cuerpo de los infectados, y cuyo impacto no ha sido considerado de forma especí­fica ni en los planes, ni el presupuesto sanitario del país a nivel federal ni estatal.

En el futuro inmediato, la agenda de salud que presenten los candidatos en este periodo electoral, deberá incorporar en su agenda de promesas, las diferentes terapias de recuperación, las cuales serán el eje de una estrategia de salud pública de largo aliento, que mejore los sistemas de detección de los padecimientos asociados al Covid-19; y eleve sustancialmente el presupuesto para atender a la población más vulnerable.

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