Home / Editorial / Una nueva Constitución para Jalisco
ahora la oportunidad de señalar nuevos principios y nuevas leyes que deberían formar parte aún de la constitución federal. / Fotografía; Archivo

Una nueva Constitución para Jalisco

El Papa Juan Pablo II, en el documento Christi fideles laici (Los fieles cristianos laicos),  afirma que “para animar cristianamente el orden temporal, los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común” (núm. 42).

La propuesta del actual Ejecutivo estatal de elaborar una nueva constitución para el Estado de Jalisco no puede ser ignorada por la comunidad católica; por el contrario, debe ser analizada en sus causas y en sus propósitos pero, sobre todo, debe ser la ocasión para que todos asumamos el reto de participar de manera activa e inteligente en su realización.

En periodos pasados, la elaboración de constituciones quedó en manos de ideólogos partidistas y militares, que legislaron al margen de la sociedad, razón por la cual la sociedad nunca se sintió identificada con cuerpos legislativos en los que nada había tenido que ver, pues aun cuando en la Constitución de 1917 se diera cierta apertura a ciudadanos ajenos a los partidos o a los militares, éstos quedaron siempre sometidos en una doble minoría, la del número y la de la capacitación y habilidad para participar en una empresa tan exigente y delicada.

Observar, analizar y participar son tres acciones indispensables en el momento presente, ya que nuestro sistema democrático sigue siendo bastante débil y, por lo mismo, muy vulnerable. Es verdad que en la democracia las decisiones finales se toman por mayoría, pero en una democracia vulnerable como la nuestra, no es difícil construir “mayorías” electoras que actúen en contra de las mayorías sociales, y que basta una minoría bien capacitada e instruida para que ésta acabe imponiéndose a una mayoría carente de herramientas políticas y, en este caso, de capacidades legislativas.

En el proyecto actual elaborado para la realización de una nueva constitución, es notable que la convocatoria para formar la asamblea constituyente excluya a los partidos y otorgue la mayor representación a la ciudadanía con 108 escaños, mientras que los poderes públicos elegirán directamente a 30 constituyentes. Para que estos 30 constituyentes nombrados por las instituciones no se sobrepongan por su conocimiento y habilidad a los 108 ciudadanos elegidos por la comunidad, se requiere que éstos tengan la capacidad adecuada para participar en un debate de alto nivel, de ahí la urgencia de identificar a aquellos ciudadanos que por su formación y sus valores puedan ser electos para el constituyente, así como brindarles todos los medios y recursos necesarios para su información y capacitación. Igual urgencia tiene la promoción de foros permanentes de análisis que den un seguimiento puntual a los trabajos de la asamblea constituyente y preparen el espacio adecuado para su final evaluación y, en su caso, votación.

Dado que en la democracia moderna todas las posturas sociales tienen derechos, un constituyente debe trabajar por mantener los equilibrios, evitando los extremos, tarea difícil, toda vez que los extremos, por su misma naturaleza, tienden a imponerse y a generar conflictos. El punto de equilibrio establece los principios y valores que la mayoría social vive sin cerrar las puertas a las opciones de las minorías, que pueden ser pasajeras, o que pueden apuntar hacia condiciones permanentes, aún lejos de estabilizarse. La capacidad para negociar acuerdos constituyentes es de importancia vital.

Despertar el interés de la comunidad en la elaboración de una nueva constitución es también de la mayor urgencia, pues con frecuencia malas prácticas políticas han contado siempre con la indiferencia de la sociedad, ante el hecho de imponer o reformar leyes, a sabiendas de que la comunidad no se entera, y cuando lo hace, ya es demasiado tarde.

Por otra parte, aunque una constitución estatal debe armonizarse siempre con la constitución federal, la propia sociedad tiene ahora la oportunidad de señalar nuevos principios y nuevas leyes que deberían formar parte aún de la constitución federal, en orden a superar ciertas estructuras legales o legalizadas que han fomentado permanentemente la corrupción y la impunidad, sobre todo en el campo de una “representación democrática”, constantemente traicionada por los elegidos a portarla, toda vez que han actuado con absoluta libertad, sin tener que tomar en cuenta la opinión de la sociedad, ni informarla sobre sus decisiones, porque las leyes no lo consideran.

La iniciativa de generar una nueva constitución para el Estado de Jalisco es así tanto una gran oportunidad como un gran riesgo, dependiendo de la actitud que la sociedad y sus instituciones públicas y privadas asuman, y de su nivel de involucramiento.

Acerca de Monserrat Cuevas

Revisa También

Nuevas formas de convivencia

Iniciamos un siglo con la esperanza de que la comunicación global y la evolución de …