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Audio: Cardenal Juan Sandoval, 25 años de cardenalato (Parte II)

Con autoridad, pero con cercanía y respeto

En esta segunda parte (de cuatro) de la entrevista con el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez nos cuenta que como formador y después como Obispo se empeñó en tener una relación cercana con sus alumnos y luego sacerdotes, de mucha confianza, pero también guardando el respeto mutuo.

Monserrat Ayala Razo / Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El joven Juan Sandoval Íñiguez dejó su natal Yahualica y se trasladó a Guadalajara en respuesta al llamado de Cristo. Ingresó al Seminario a finales de octubre de 1945, es decir hace 74 años. El 27 de octubre cumplió 62 años como sacerdote y el próximo 26 de noviembre se cumplirán 25 años de que le fuera impuesto el capelo cardenalicio.

Una peculiaridad de su ministerio es que nunca fue asignado a una parroquia ni como señor cura ni como vicario parroquial.

Formar pastores para las ovejas

“Yo no tuve parroquia nunca. No tengo yo la culpa porque yo era hijo de obediencia. Los superiores regresando de Roma me metieron al Seminario y ahí estuve haciendo lo que tenía que hacer, convencido de que era una labor mucho más trascendente que la de la parroquia porque se trataba no de formar fieles sino formar a los pastores de los fieles.

“De cualquier manera los fines de semana procuraba salir a las parroquias, para conocer la situación, tenía por lo menos tres Misas: una en ambiente pobre, otra con la gente de nivel socioeconómico más elevado y una en ambiente medio, con confesión y todo.

“Iba a las faldas del Cerro del Cuatro, a la Santa Cruz, a Miravalle, ahí celebraba y me quedaba a cenar hasta en la noche. Me invitaban a diferentes comunidades a dar pláticas y ejercicios. Así estuve supliendo el no haber sido ni vicario ni párroco, pero sí en contacto con la parroquia”.

Un trato parejo para todos

Señaló que como formador y luego como rector del Seminario, siempre procuró ser justo, pero eso no significa que no haya tenido sus consentidos: “Procuré ser justo e igual con todos, pero no está prohibido el que uno tenga sus amigos y que de parte de los alumnos haya algunos que sean más agradecidos o más afines, por carácter o por lo que sea, aunque a la hora de mandar tiene uno que ser parejo con todos, y procuré serlo.

“Me gustó mucho ser formador. Tratar con los muchachos me mantuvo joven. Creo que no envejecí hasta que tuve el accidente de la trombosis mesentérica. Todavía cuando me nombraron Cardenal tenía yo mi cabello negro.

“En el Seminario convivía con los jóvenes, practicaba mucho deporte, la comida era muy medida, había agua fría en la mañana para bañarse y cosas parecidas que traen salud. Fui muy feliz como formador”.

Añadió que en su etapa de formador le gustaba jugar un poco de Basquetbol con los muchachos y en lo individual siempre gustó de hacer gimnasia, practicar caminata y natación, deporte al que se aficionó en Roma, pues durante los tres meses de vacaciones de verano los estudiantes del Colegio Pío Latinoamericano se retiraban a una casa cerca de Livorno, en el Santuario de Montenegro.

“Todas las mañanas bajábamos al Tirreno, a bañarnos… así por varios años a nadar en el mar. Me gustó y después practiqué por muchos años la natación como deporte”.

Entrevistado en su casa, rodeado de sus cosas y de sus recuerdos

Un padre cercano

Respecto su etapa como formador el señor Cardenal asegura: “los muchachos fueron conmigo siempre muy cercanos, con mucha confianza, incluso con bromas que me hacían y que yo les hacía.

“Yo creo que a mí me han hecho lo que nunca le hicieron a otro formador. En Tapalpa, que estuve cuatro años con un grupo de filósofos, teníamos la norma de que el día del santo o cumpleaños lo aventábamos con todo y ropa a la alberca de agua fría. A mí me aventaron y yo también los aventé… y no pasó nada… teníamos esa confianza, y ya cuando se trataba de algo serio, éramos serios. Pero sí hubo mucha cercanía”.

De Guadalajara a Ciudad Juárez

El nombramiento de Obispo fue avizorado desde antes de que ocurriera: “Decían los Obispos que yo era el Obispo de la campana porque decían que sonaba y que sonaba y que sonaba para Obispo, pero el señor Salazar, como tuvo un accidente tremendo viniendo de Durango pues no quería cambiar de rector porque el Seminario es la institución más importante de una diócesis, es lo que más debe cuidar un Obispo, entonces el señor Salazar no me soltó; me tuvo de rector muchísimos años y no permitió que me nombraran Obispo.

“Estuve como rector 17 años. En mis etapas como formador y rector estuve de enero de 1961 a abril de 1988. Fueron 27 años que le di al Seminario, como en el tendejón, 1 kilo de azúcar, pero corridito.

“Cuando llegó el señor Posadas él quería acomodar su personal y fue cuando tuve que salir a Ciudad Juárez como Obispo. Con una providencia de Dios muy especial, lo supe cuando venía el señor Posadas a Guadalajara.

“Él llegó el 7 de julio de 1987 y venía detrás de ellos en el avión un sacerdote del Seminario, quién oyó que el señor Posadas le decía al Nuncio Prigione, ‘oiga pero Sandoval va a salir ¿verdad? Sí, sí, no se preocupe, Sandoval se va a Ciudad Juárez’. Así que yo desde esa fecha supe que salía. En marzo de 1988 se dio a conocer la noticia”.

Los libros, sus fieles compañeros

Respondiendo con obediencia

Y es que como ocurre en esos casos, al entonces padre Juan, rector del Seminario, lo mandaron llamar de la Nunciatura, le dijeron que el Santo Padre quería enviarlo como Obispo Coadjutor a Ciudad Juárez, y también, como es usual, el sacerdote aceptó.

“Cuando me despedí de Roma recibí un consejo muy sabio de mi director espiritual, me dijo, tu ni pedir ni rehusar. Así que le dije al Nuncio, si el Santo Padre me manda, no hay problema, ya estoy puesto, me voy. Así me fui a Ciudad Juárez como Obispo Coadjutor con título de sucesor.

“Fueron cuatro años de no hacer nada, porque el señor que estaba ahí no me dejaba hacer nada. Fueron tiempos de leer mucho, estudiar, repasar toda la teología, la filosofía, el derecho canónico, las Escrituras, etcétera.

“Fue estar ‘viendo los toros desde la barrera’, para aprender. Siempre he pensado que si hubiera salido derechito del Seminario para ser Arzobispo de Guadalajara me hubieran hecho pedazos. Pero llegué de Arzobispo después de seis años de estar en Ciudad Juárez, viendo una frontera brava, con muchos problemas, sentir la hostilidad de mucha gente allá porque de pronto no me querían, pues ya venía yo toreado, ya traía yo, como quien dice, unas tablas para poder gobernar esta Iglesia de Guadalajara. Fue por providencia de Dios que está en todo”.

La relación con sus hermanos sacerdotes

Refirió que en 62 años como sacerdote la fraternidad con sus compañeros ha sido importante: “Con mis compañeros nos la llevamos siempre muy bien, fue un grupo muy unido hasta hace algunos años que ya lo viejo y la muerte nos impidió seguirnos reuniendo. Pero nos juntábamos por lo menos una vez al año y recordábamos nuestros tiempos en el Seminario”.

Añadió que la relación de formador a alumnos es una relación que no se ve fácil “porque si eres al mismo tiempo superior, tienes que saber ser amigo pero no compadre porque si no te sacan ventaja. Tienes que ser amigo pero al mismo tiempo autoridad. Ya no digamos de Obispo. Es una cosa delicada. Tienes que guardar la autoridad pero también la cercanía, el aprecio y la amistad, así como el respeto de ambas partes. No sé si lo logré, pero que otros me juzguen”.

El acompañamiento espiritual

Respecto a quién recurre cuando necesita un consejo, el señor Cardenal dijo que en Roma tuvo un solo director espiritual, “durante 8 años, un argentino, se llamaba Hugo Achaval, una vocación tardía, era ingeniero, había experimentado el mundo, y me supo dirigir muy bien.

“Durante mis primeros años como formador en el Seminario todavía vivía el director espiritual que tuve en filosofía, el padre Tomás Ramírez, un jesuita, así que a él acudía.

“Después procuraba buscar sacerdotes mayores, canónigos o algún amigo jesuita a los que pedía dirección espiritual.

“Para confesarse, con cualquiera. Eso lo he predicado mucho a los sacerdotes, que no traigan el costal cargado; que con cualquier hermano se confiesen y se pongan en gracia de Dios. Para dirección espiritual si necesitas buscar a alguien que tenga el conocimiento y la prudencia.

“El padre Tomasito tuvo mucho que ver en mi vida, además de mi director, fue él quien me dio la noticia de que me enviaban a Roma y me dio muchos consejos. Estando en Roma siempre me escribía una cartita cada dos meses y yo se la contestaba. Yo las guardé todas; lástima que viniendo de Roma perdí todo lo que traía. Dos cajas grandes con libros, recuerdos y fotografías, se perdieron. Llegué sin nada”.

En la siguiente entrega, el padre Tomasito predice que el padre Juan llegaría a ser Cardenal de la Iglesia Católica.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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