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Cooperación diocesana: Por amor y convicción

Aportar el diezmo es cumplir con la obligación de apoyar a las necesidades de la Iglesia. El apoyo redunda en beneficios para nuestras comunidades y para nosotros mismos.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

Durante el mes de diciembre, como ya es tradicional, se celebra en la Arquidiócesis de Guadalajara el Mes de la Cooperación Diocesana que propone que los fieles católicos cumplamos con el 5to. Mandamiento de la Santa Madre Iglesia de pagar diezmos y primicias, para apoyar a las necesidades de la Iglesia.

“Este diezmo que todo fiel cristiano-católico debe aportar se colecta a través de las mismas parroquias y los señores curas tienen la obligación de entregarlo a la caja del Arzobispado para que desde aquí podamos distribuirlo conforme a un presupuesto aprobado”. Así lo señala el padre Daniel Hernández Rosales, ecónomo del Arzobispado.

¿De a cómo nos toca?

La exhortación para cooperar se hace a todas las personas que tienen un trabajo fijo constante y que tienen un sueldo superior a dos salarios mínimos.

“La cooperación diocesana o diezmo, en la Arquidiócesis de Guadalajara es de la siguiente manera: Los asalariados tienen la obligación de aportar un día de su salario al año. Quienes trabajan por su cuenta, ya sea profesionistas, arrendatarios, comerciantes, etcétera, les corresponde otorgar un día de ganancia al año. Esos son los que estamos obligados a aportar en la cooperación diocesana.

Aunque si bien es una “obligación”, el no cumplir con el diezmo no implica caer en un pecado grave sino más bien en uno de omisión.

¿En qué se usa?

“Lo que se colecta de la Cooperación Diocesana lo invertimos en tres rubros importantes: la educación en la fe, el culto divino y la construcción de templos.

“La propagación de la fe se hace mediante apoyos a comisiones y secciones diocesanas de pastoral donde los sacerdotes encargados tienen que cubrir por lo menos el sueldo o los gastos propios de una oficina de servicio.

“El culto divino se refiere sobre todo a dignificar el culto a través de la atención a los sacerdotes puesto que el sacerdote es el que preside el culto. Tenemos que tener sacerdotes sanos y también sacerdotes que una vez que hayan terminado su caminar pastoral y ya están jubilados, también se les apoya de esta cooperación diocesana.

“El culto divino también se refiere a la dignificación de espacios litúrgicos que también apoyamos en algunas parroquias que solicitan este apoyo.

“Y por otro lado, cuando hay necesidades en algunas parroquias que se están construyendo o que tienen un grave problema económico por la situación que se vive en nuestra sociedad, también les apoyamos desde la Arquidiócesis y para esto necesitamos este diezmo”.

Se valora más lo que nos cuesta

Y es que cabe señalar que ante la crisis que se vive en nuestra región, es constante la solicitud de apoyo por parte de algunas parroquias. “Tenemos varias parroquias subsidiadas que por la situación geográfica, social, no pueden mantenerse, entonces, desde la economía, apoyamos mensualmente a varias parroquias, estamos hablando de alrededor de 50 parroquias a las que apoyamos económicamente mes con mes.

“Cuando hay alguna necesidad extraordinaria los párrocos solicitan el apoyo y el Consejo de Asuntos Económicos aprueba estos apoyos, ya sea para alguna remodelación o iniciar la construcción de templos”, sin embargo, añadió que no es lo común, pues lo que se busca es que la misma comunidad participe de esto.

“Cuando hay una comunidad naciente el párroco es quien debe motivar a las personas que habitan en esas zonas a que sientan suya la construcción. No es lo mismo tener ya un templo construido, a que desde los cimientos los fieles lo vayan viendo crecer. Entonces, desde la economía no patrocinamos la construcción total de templos, sino que es un apoyo para que se motive al sacerdote y se motive a los fieles a que cooperen en la construcción de su templo. Y ese apoyo, ese incentivo, lo damos gracias a la cooperación diocesana que es el diezmo”.

La respuesta de los feligreses no es la deseada. “Según las estadísticas que tenemos, entre el 20 y 25 por ciento de la población económicamente activa, fieles católicos, son los que aportan su cooperación diocesana, los demás se hacen omisos o no entienden o no saben. Es el mismo porcentaje de asistencia a los templos. Es decir, cooperan quienes asisten a la Misa dominical y que escuchan a los sacerdotes motivándolos a dar el diezmo”.

P. Daniel Hernández Rosales

¿Y si mejor lo damos a los pobres?

A las personas que piensan que es mejor donar lo de la cooperación diocesana para una persona necesitada, el padre Daniel explica que no es válido: “El mismo Cristo Jesús nos dice, a los pobres los tendrán siempre. Y esta obligación de los fieles a través del 5to. mandamiento de la Santa Madre Iglesia es diferente. A los pobres los tenemos y los atendemos constantemente. No es solamente un mes, sino que la Arquidiócesis tiene distintos mecanismos y secciones de pastoral que apoyan a estas necesidades, por lo que no es válida esa respuesta”.

Finalizó diciendo que para hacernos conscientes de la obligación de apoyar a la Iglesia, se necesita un crecimiento en la fe: “Cuando más yo conozco y tengo firme mi fe puedo estar mejor convencido. Mientras no tenga una formación de fe, mientras sea un cristiano-católico frío, tibio, no voy a estar convencido y siempre voy a tener pretextos para decir ¿para qué ayudo?. Cuando hay un convencimiento de fe, cuando están firmes las bases y conocimientos de lo que es la Iglesia, entonces con gusto se da esta cooperación.

“La motivación es prepararse, entender y comprender lo que es la Iglesia, su organización aquí en la tierra y su destino final en la gloria de Dios”.

Pero si la Iglesia tiene mucho dinero…

Ante los propios católicos que critican y señalan que la Iglesia tiene mucho dinero, el padre Daniel señaló: “Yo he tenido oportunidad de platicar con algunas de estas personas que piensan que la Iglesia tiene mucho dinero y cuando les hago ver los gastos, las aportaciones y todo lo que ayudamos a través de esta cooperación diocesana, entonces se quedan callados y dicen, entonces sí hay que cooperar. Es decir, la gente que habla lo hace por desconocimiento de la aplicación de estos recursos y un desconocimiento de que la Iglesia peregrina en esta tierra, tiene necesidades materiales.

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