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En memoria de Monseñor Francisco Casillas Navarro

El 12 de marzo, luego de 45 años de ministerio sacerdotal, fue llamado a la casa del Padre, Mons. Francisco Casillas Navarro, Rector del Templo Expiatorio y Coordinador Diocesano de la Adoración Nocturna. “Debemos reconocer la entrega y capacidad de Mons. Francisco para encabezar actividades y proyectos”, señaló el Cardenal Francisco Robles Ortega.

Pbro. Armando González Escoto

La Santa Sede le concedió el título de “monseñor”, pero el padre Francisco Casillas Navarro (11/12/1942 – 12/03/2021) rara vez usó la sotana morada propia de dicha dignidad, la cual permanecía colgada, bajo una cota, en los armarios del templo Expiatorio, su último destino.

Fue alumno de la Universidad del Valle de Atemajac, donde obtuvo la licenciatura en psicología, cuando pasaba ya de los cincuenta años, estudios que no le fueron difíciles ya que toda su vida fue un lector constante.

Varias generaciones de sacerdotes lo recuerdan porque fue formador del Seminario, tanto en la etapa de Secundaria, en San Martín, como en la etapa de Preparatoria, en el Seminario Menor, sea como prefecto sea como maestro, maestro de inglés, lengua que manejaba bastante bien, lo cual le granjeó el apodo de “Mister Frank”.

Sus grandes proyectos

Como capellán y después como párroco, se dio a la tarea de construir tres iglesias con sus respectivas casas parroquiales en zonas marginales, y estaba ya construyendo la cuarta cuya terminación no alcanzó a ver. En todas se haya buena parte de su patrimonio personal, que con discreción y prodigalidad vertió en favor de la Iglesia.

Si, en efecto, la generosidad fue una de sus grandes y constantes cualidades; en realidad siempre fue poco lo que reservaba para sí, y mucho lo que daba a los demás, incluidos los sacerdotes, los que trabajaban con él, pero también a párrocos que estaban al frente de comunidades de escasos recursos, y de por sí, a cuanto hermano sacerdote acudiera en busca de su apoyo.

Tenía ese don, el don de dar y compartir, ayudándose de lo propio o buscando bienhechores que le ayudaran a multiplicar los dones, por eso durante los años que pasó en el templo Expiatorio pudo ofrecer 1400 despensas mensuales para las personas pobres que venían de todas partes en busca de ese auxilio.

Pero al Expiatorio llegaban todos los días gentes a pedir alguna limosna, y jamás nadie se fue con un “vuelve después”.

Hombre diáfano de sonrisa abierta

El celo por la “casa de Dios” fue otra de sus constantes preocupaciones, por lo mismo a dondequiera que fue destinado dejó una estela de cuidado, limpieza, y mejoramiento de templos y curatos; y hay que ver lo que cuesta mantener en inmejorables condiciones una estructura tan monumental como la del templo Expiatorio.

Excelente amigo, constante y leal, nunca rencoroso ni mucho menos vengativo, el padre Casillas fue un hombre diáfano, cordial, abierto, siempre sonriente, con una mente sana, atento y dócil frente a la corrección o el mandato, expresiones todas de su profunda experiencia de Dios que cultivaba tanto individual como comunitariamente; la Adoración Nocturna lo sabe bien.

Sus silenciosas dolencias

Desde hacía varios años el padre Francisco venía arrastrando problemas de salud, había sufrido ya un infarto, pero lo que más afligía su vida eran los problemas de circulación, pues afectaban su movilidad, pero él seguía moviéndose, aunque los demás no supieran que para él, caminar, era frecuentemente hacerlo sobre espinas.

Los médicos aconsejaban largos periodos de reposo durante el día, algo sencillamente imposible para el padre Casillas. Quienes le estaban cercanos querían que el Padre viviera más, pero Francisco Casillas no quería vivir más, quería servir más, ¿Por qué la opinión pública debería alterar la forma en que él entendía y vivía su vocación?

Murió caminando, en el umbral del templo, cuando comenzaba un día que ya no tendría ocaso, él pensando que entraba una vez más para seguir sirviendo en el santuario temporal, cuando en realidad estaba entrando al santuario del cielo, sostenido por el testimonio de los pobres y los ricos, de los laicos y los sacerdotes. Sólo una palabra más: gracias, padre Frank.

¿Quién fue Mons. Francisco Casillas?

Originario de San Miguel El Alto, nació el 11 de diciembre de 1942. Fue un gran formador del Seminario de Guadalajara, entregado a la atención de los seminaristas por 19 años. Fue Párroco de Jesucristo Nuestra Esperanza y San Felipe de Jesús. Fue Capellán del Templo Expiatorio y Asesor de la Adoración Nocturna, entre otros cargos. 

Fue un hombre alegre y servicial, y muy fraterno con los sacerdotes.

Dios lo llamó a su presencia a los 78 años de edad y 45 años de ministerio sacerdotal. Extraordinario y amable sacerdote, fervoroso y fiel al sacramento de la reconciliación.

(Fuente: Vicaría Diocesana de Pastoral)

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5 Comentarios

  1. Judith Ocampo Velazquez

    Para Mi No Existia Ni Existira Jamas ,Un MAGNIFICO SACERDOTE COMO EL , Y Amigo , Yo Lo.Tuve Desde.Chiquita En El Colegio Reforma Primaria , Y Ultimamente , Como.Mi Confesor , 42 Años De Conocerlo , Y Quererlo , Jamas Podra Haber Remplazo.De El., Monseñor Francisco Casillas Navrro , Dios Lo Tenga En Su Santa Gloria , Nunca Nadie Como Usted

    • Ramón comparan

      Que dios lo tenga en su santa gloria mi maestro de inglés y director de segundo grado en San Martin

  2. Mayra Ballesteros

    Un gran sacerdote y amigo muy cercano, siempre dispuesto a la escucha y a sumar en la Iglesia, como movimiento de Cruzadas matrimoniales siempre nos apoyo

  3. Siempre con su gran sonrisa y sus hermosas homilías, lo escuchaba en el expiatorio. Un buen confesor. Dios lo tenga en su Gloria… 😥😥😥

  4. No he conocido a ninguna persona como el,bueno,gentil,humilde y sobre todo con ese don de dar y ayudar, gracias a Dios por ponerlo en mi camino y tener esa dicha de tratarlo y ese templo que quedo inconcluso se logrará a pesar de que el ya no está aquí,era su proyecto y estamos muy agradecidos con esa labor…mil gracias.