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Aunque aún falten algunos meses para ser Sacerdotes, ellos se sienten listos para dar este gran paso

La felicidad del llamado de Dios

Monserrat M. Cuevas

Cuando compramos algún producto nunca nos imaginamos el proceso de elaboración de este mismo.

Sucede lo mismo con un Sacerdote, sólo vemos el resultado de una serie de facetas, sacrificios y lucha de quien, por obra de Dios, se convirtió en Presbítero.

Son aproximadamente 12 años los que un joven, con inquietud a la vida consagrada, tarda en formarse dentro del Seminario como Sacerdote.

La vida de un futuro Sacerdote se divide en diferentes etapas, algunos deciden decirle a Dios a la edad de 12 años; ingresan a los seminarios auxiliares, dónde realizan la secundaria, quienes continúan entran al Seminario Menor; los que sienten el llamado a consagrar su vida a Dios y al servicio de los hombres, después de terminar la preparatoria o una licenciatura, se incorporan a Nivelación, de ahí, la siguiente faceta es el Curso Introductorio en  Tapalpa, para alistar su arribo al Seminario Mayor, donde estudian Filosofía y Teología (siete en total) y realizan dos años de servicio en parroquias, el previo a la ordenación sacerdotal, como diáconos.

¿Qué es el Diaconado?

En esta etapa, entre la culminación de los estudios en el Seminario y la ordenación sacerdotal, el Diácono (primer grado del orden sacerdotal) se ejercita en el servicio de quienes más le necesiten.

Realiza actividades como: asistir al Obispo y al Presbítero; administrar solemnemente el Bautismo; reservar y distribuir la Eucaristía; bendecir el Matrimonio, leer la Sagrada Escritura a los fieles; presidir el culto y la oración de los fieles y presidir ritos fúnebres, entre otros servicios de caridad y culto.

Los futuros sacerdotes

Gilberto Orozco Montaño, quien actualmente realiza su año diaconal en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en Zapotlanejo, Jalisco, señaló que el mayor reto al cuál se ha afrentado durante su servicio, es la lejanía de sus seres amados.

“Yo pertenezco a la comunidad de San Pablo Apóstol Oriente, a un costado de nuestros hermanos separados. Me toca estar de este lado, no es un pueblo, pero al final, no estás cerca de tu familia; es, creo yo, el reto más grande que uno tiene al estar al servicio de los demás. Claro que es gratificante, el ayudar te genera una sensación de satisfacción, una, porque estás ayudando y, otra, porque es ese sentimiento que te queda: el saber que ayudaste, quizá, a una persona que no veía solución; bueno, pues tú lo ayudas a salir de ese mal momento, y también sales de esta área de confort, porque afrontas las realidades de las demás personas; te das cuenta de la carencia de valores en la sociedad”.

Asimismo, Christopher Ulises Guzmán Piña, diácono en la comunidad de San Rafael Arcángel, ubicada en Las Cruces, Jalisco, dijo que esta faceta de formación lo ha hecho madurar y confirmar su a seguir a Cristo.

“Aún no me la creo, es una etapa muy bonita, pues ya casi te conviertes en Sacerdote para siempre, y la verdad, yo sigo diciéndole que SÍ, porque aquí encontré mi felicidad: ayudar a quienes más lo necesitan. Aunque aún no consagro o confieso, con los bautizos, que es lo que más me ha gustado de este año de diácono, me doy cuenta que pertenezco aquí”.

¿Por qué te gusta bautizar, que es lo que tú le ves de especial?

“Bueno en este sacramento, que para muchos no tiene mucho significado, para mí sí, porque estoy integrando a un nuevo fiel a la Iglesia, a un nuevo hermanito; por eso les digo a los papás y padrinos: ahora, con el pequeño tienen una enorme responsabilidad; cuando prenden su vela, no sólo prenden la llama, una llama que vemos, también damos inicio a una vida de fe que, como la flama de esa vela, si llega un aire la apaga. Lo mismo sucede con la fe y, bueno, a mí me gusta explicarles ese significado, porque mucha gente no sabe cuál es la realidad del bautismo”.

Los amigos también son importantes

Para José Alberto Flores Martínez diácono en la parroquia de San Francisco de Asís en Cuitzeo, el lazo de hermandad es muy fuerte, y lo ha valorado en esta etapa de su vocación.

“Yo, en mi perspectiva como diácono, bueno, he vivido de todo, pero de todo aprendes. No es fácil separarte de tu familia, de hecho cuando te tocan lugares foráneos es cuando más valoras a las amistades, a la familia, e incluso, en donde vives. En esto me refiero al Seminario, porque es muy diferente, a veces extrañas a tu amigo, con el que comías, o solías hacer deporte; ahora debes estar con gente nueva, pero que te reciben con calidez, que te dan lo mejor de su persona, y esto se agradece en montones. También tomo esto como preparativo para que, primero Dios y con su gracia sea sacerdote. Que me ha gustado del diaconado… todo. Definitivamente, cada que ayudo en las celebraciones eucarísticas, bautizo, o en los grupos doy charlas, pues bueno, ahí confirmo mi llamado. No es fácil, nadie dijo que seguir a Cristo era fácil, pero vale la vida” señaló.

Aunque aún falten algunos meses para ser Sacerdotes, ellos se sienten listos para dar este gran paso.

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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