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El Buen Fin en tiempos de pandemia

¿Comprar o no comprar? Que no nos ganen las ganas. Si vamos a gastar, que sea de manera inteligente. Los mexicanos compramos alegremente en noviembre y luego vienen las consecuencias.

Alfredo Arnold Morales

Se acerca la temporada que, en otras circunstancias, suele ser la más esperada del año: vacaciones, aguinaldo, reuniones familiares, Navidad, despedida del “año viejo”; sólo que esta vez se vivirá en un escenario muy distinto, en medio de la pandemia y de una crisis económica generalizada.

Los puntos de contraste

Además de esas fechas, existe en México desde hace nueve años otra mini temporada propicia para gastar, el Buen Fin, que originalmente duraba tres días y se ha ido ampliando a través del tiempo. Este año será oficialmente de diez días, de 9 al 20 de noviembre.

Esta iniciativa que el Consejo Coordinador Empresarial puso en marcha en 2011 inspirada en el Black Friday de los Estados Unidos y que ya echó raíces en los consumidores mexicanos, tiene puntos de contraste.

Por un lado, ha sido una buena oportunidad para que los comerciantes y prestadores de servicios turísticos incrementen sus ventas.

El monto de la derrama que genera el Buen Fin creció casi 180 por ciento: de los 40 mil millones de pesos obtenidos en 2011 pasó a 115 mil millones en 2019.

Pero algo no ha resultado del todo bien, ya que el año pasado las principales cadenas comerciales abandonaron la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), se salieron del Buen Fin y crearon un nuevo evento denominado “Fin de Semana Irresistible”. Aun así, los resultados han sido muy buenos para el comercio en general.

No todo lo que brilla es oro

Pero, del otro lado, los consumidores se quejan cada vez más de que existe mucha simulación y engaño, es decir, que algunos comercios no rebajan realmente los precios; o que el grueso de las compras se realiza mediante tarjeta de crédito lo cual genera deudas que se vuelven piedras en el zapato cuando llega la hora de pagar al banco; o que se quedaron sin dinero para las fiestas de fin de año. Se compra alegremente en noviembre y se sufren las consecuencias después.

Con las experiencias anteriores y hoy en situación de pandemia, la pregunta es inevitable: ¿comprar o no comprar?, y la respuesta tendrá que darse de acuerdo a las posibilidades y necesidades de cada persona, de cada familia.

Ciertamente conviene aprovechar verdaderas ofertas al mismo tiempo que apoyar a los comerciantes, especialmente a aquellos que la han pasado muy mal durante la extendida “cuarentena” y que además tienen la poderosa competencia del comercio digital.

Antes de comprar, conviene pensar

Un buen comprador, antes de abrir la cartera, de sacar su tarjeta bancaria o comprar a crédito, debe responderse las siguientes preguntas: ¿Cuánto dinero tengo?, ¿cuánto debo?, ¿qué necesito?, ¿qué me gustaría hacer?, ¿cuánto puedo gastar?, ¿qué tanto me puedo endeudar de acuerdo a mis posibilidades reales?, ¿qué es imprescindible y qué puedo posponer?, ¿cuál es el mejor uso que le puedo dar a mi aguinaldo?…

Otra pregunta importante es, ¿cuándo terminará la pandemia? Y como a esta no tenemos respuesta, lo mejor será recurrir a la prudencia para decidir entre comprar o esperar.

El impulso por comprar es muy fuerte; que no nos ganen “las ganas”, si vamos a comprar que sea de manera inteligente.

*El autor es periodista de vasta experiencia, LAE con posgrado en Filosofía. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

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