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Hoy celebramos a los Santos Mártires Mexicanos

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

A 20 años de aquel memorable 21 de mayo del Año Jubilar 2000, celebramos a nuestro ramillete de Santos Mártires Mexicanos, la mayoría sacerdotes, que fueron declarados santos por el ahora también santo Juan Pablo II, del que conmemoramos 100 años de su nacimiento.

En la primera mitad del siglo XX estos hombres dieron su vida por Cristo. No fue el martirio en sí lo que los llevó a la canonización (proceso por el que la Iglesia los declara oficialmente santos), sino el ejemplo de su vida entregada a Dios y a su Iglesia. Todos ellos fueron un testimonio vivo, presencia de Cristo y consuelo para sus hermanos en tiempos recios y adversos. La mayoría de ellos fueron martirizados en la persecución religiosa llamada también La Cristiada, entre 1926 y 1929.

Nacidos, la gran mayoría de ellos, en la zona occidente del país, estos ejemplares varones, procedentes de familias sencillas, pero de profunda piedad, dejaron un legado insuperable. Su sangre ha ayudado mucho a la promoción de vocaciones a la vida sacerdotal. Muchos de nuestros antecesores, abuelos o tíos, han dado testimonio de la vida de estos testigos de Cristo Resucitado.

Esta es la lista de los mártires mexicanos:

  1. Cristóbal Magallanes
  2. David Galván
  3. Jenaro Sánchez
  4. Jesús Méndez
  5. Mateo Correa
  6. Pedro Maldonado
  7. Toribio Romo
  8. Julio Álvarez
  9. David Uribe
  10. Sabás Reyes
  11. Román Adame
  12. Agustín Caloca
  13. José Isabel Flores
  14. José María Robles
  15. Justino Orona
  16. Atilano Cruz
  17. Miguel de la Mora
  18. Luis Batis
  19. Manuel Morales
  20. Salvador Lara
  21. David Roldán
  22. Tranquilino Ubiarco
  23. Rodrigo Aguilar
  24. Margarito Flores
  25. Pedro Esqueda

¿Qué podemos aprender de ellos?

  1. Su entereza. Se distinguieron por ser hombres íntegros, de profunda piedad y valentía a la hora de dar testimonio de Cristo.
  2. Su cercanía con el pueblo. Algunos de ellos, aun teniendo autorización para abandonar sus comunidades, decidieron quedarse atendiendo a sus feligreses en medio de tantos peligros. Por ello, algunos fueron delatados por algunos conocidos y procesados hasta llegar al martirio.
  3. Su amor a la patria. No sólo defendieron los derechos de la Iglesia e instaron a luchar pacíficamente para obtener la libertad religiosa y el fin de la guerra. Ellos también ofrecieron su sangre pidiendo por la paz y la unión de todos los mexicanos al grito de “Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”.

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