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Nueva evangelización y vergüenza

Al parecer, el interés actual de ensuciar la historia y ocultar los hechos, hacen que la conciencia cristiana, poco instruida en estos avatares históricos, dé por válidas las reivindicaciones que exaltan el espíritu azteca o aborigen, generando un sentimiento de culpa y de vergüenza por la evangelización en tierras novohispanas.

Pbro. Ernesto Hinojosa Dávalos

Moctezuma Xocoyótzin, hijo mayor de Axayácatl tendría alrededor de 27 años cuando comenzó a reinar. “Era fanático y supersticioso”, la gente creía “que Huitzilopochtli hablaba con él y le comunicaba sus voluntades”.

En él se unieron los poderes civiles, militares y religiosos. Era un monarca absoluto. En la ceremonia de su consagración como Tlatoani ofreció como víctimas en sacrificio a cinco mil prisioneros, obtenidos en la guerra florida realizada en tierra de otomíes de la que salió victorioso. Así lo cuenta la monumental obra Resumen integral de México a través de los siglos, tomo I, bajo la dirección de Vicente Riva Palacio.

La labor misionera de los evangelizadores

En agosto de 1521 se verificó la rendición de los mexicas ante la fuerza aplastante de sus sitiadores: algunos españoles y una numerosa fuerza indígena cansada de los abusos del imperio azteca; la mayoría de los guerreros fueron los feroces tlaxcaltecas que aprovecharon la conquista del imperio para vengar las atrocidades sufridas. Se dice que el día en que entraron a Tenochtitlán sacrificaron ritualmente a quince mil prisioneros.

En este contexto desolador, los misioneros de la nueva colonia española venidos del Viejo Continente comenzaron la obra de la evangelización. Hombres probos en virtudes, de lo mejor que la vida religiosa tenía en ese momento. Protectores de indios ante la codicia española. Se dedicaron a ver por el bien físico y espiritual de los indios según las usanzas del tiempo.

Fray Bartolomé de las Casas destacó en la defensa de los naturales y fue nombrado Procurador o protector universal de todos los indios. Se puede decir que él redactó la primera carta de los derechos humanos. La evangelización siguió su curso con el tiempo y con las obras, abriéndose paso entre la injusticia de muchos europeos y las antiguas creencias de los aborígenes.

Ni europeo ni indio

La evangelización, es decir, la inculturación del Evangelio en la Nueva España, antiguo imperio azteca, forjó la nación mexicana, distinta de los europeos y de los indios, pero complejamente unida y dependiente de ellos. México, no es europeo, pero tampoco es indio, es una simbiosis de ambas culturas.

“Errores son del tiempo y no de España” reza el dicho popular. Desentenderse de ello, exalta la parcialización de los hechos y la negación de la historia. Recientemente se ha insistido en que la Iglesia es actora y causante de grandes atrocidades en lo que se ha llamado la Conquista de México.

Al parecer, el interés actual de ensuciar la historia y ocultar los hechos, hacen que la conciencia cristiana, poco instruida en estos avatares históricos, dé por válidas las reivindicaciones que exaltan el espíritu azteca o aborigen, generando un sentimiento de culpa y de vergüenza por la evangelización en tierras novohispanas.

El cristiano se siente acomplejado creyendo que su fe hizo algo sucio. La consecuencia es que cuando urge la “Nueva Evangelización”, los bautizados no nos sentimos llamados a ser los nuevos misioneros que por su fe, se opongan a la injusticia y el paganismo para alcanzar el Reino de los Cielos.

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