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San José Sánchez del Río

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

El 28 marzo de 1913 nació José Sánchez del Río en Sahuayo, Michoacán, un niño que se convertiría en modelo de santidad para chicos y grandes. Como Santa Inés, como Santo Domingo Savio, muy pronto dio muestras de madurez espiritual.

“Joselito” fue hijo de Macario y María, matrimonio ejemplar, de arraigada fe católica. Tuvo tres hermanos. Fue bautizado en la parroquia de Santiago Apóstol. Se caracterizó por ser un niño generoso, buen amigo y con todas las características normales de los chicos de su edad, pero con una clara conciencia de su pertenencia a Cristo y a su Iglesia.

Su infancia transcurrió durante los años violentos de la Revolución Mexicana. El país se encontraba convulsionado por la inseguridad y el bandidaje. Numerosas familias de Sahuayo partieron para Guadalajara, Ocotlán y La Barca. Los Sánchez del Río se fueron a vivir a Guadalajara. Ahí José continuó yendo a una escuela católica. A los nueve o diez años hizo su primera comunión. Creció en fuerza de carácter y en una piedad en la que se distinguía sobre todo su devoción a la Virgen de Guadalupe y al rezo del Rosario.

Sus dos hermanos mayores, Macario y Miguel, formaron parte de la Acción Católica.

En Sahuayo el movimiento cristero tuvo buena acogida por todos los habitantes.

Su deseo de defender su fe católica surgió del duelo ocasionado por la muerte de Anacleto González Flores, con el que sería beatificado el 20 de noviembre de 2015, en el Estadio Jalisco.

Al verlo tan resuelto, su madre se oponía a sus intentos, a lo que él contestó: “Mamá, nunca como ahora es tan fácil ganarnos el cielo”. Pidió permiso para servir con los cristero y lo admitieron.

Al poco tiempo fue hecho prisionero y le escribió a su madre animándola a hacer la voluntad de Dios. En la iglesia parroquial mató los gallos de su padrino Picazo por defender la sacralidad del recinto.

Fue martirizado el 10 de febrero de 1928 de manera atroz. Le rebanaron las plantas de los pies y lo hicieron caminar así hasta el panteón municipal. Esa fue su vía dolorosa.

Fue canonizado por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016.

¿Qué podemos aprender de este joven mártir?

1.- Su valentía y entereza, propias de un hombre maduro en la fe.

2.- Su amor a Jesucristo y a la Iglesia que movieron sus tiernas fibras espirituales para enlistarse en la defensa de su fe.

3.- Su gentileza, respeto y trato amable con todos. Fue un muchacho muy bien educado.

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