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Santo Toribio Romo, el mártir que reconoció ser “cobarde”

David Hernández

Este 25 de febrero celebramos en México a Santo Toribio Romo González, sacerdote mártir durante la Guerra Cristera, nacido en Jalisco y asesinado a los 27 años de edad en el municipio de Tequila.

Es tal vez Santo Toribio Romo uno de los mártires más populares del país, pues su devoción se encuentra muy extendida al norte de México, donde encontramos templos o albergues que llevan su nombre; incluso existe una grupo numeroso de fieles devotos al sur de los Estados Unidos, pues en una visita de sus reliquias a la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, en California, el lugar lució abarrotado.

Asimismo, se ha ganado el título de “Patrono de los Migrantes”, ya que existen muchos indocumentados que dan testimonio de haber recibido ayuda de un sacerdote en la frontera de México – Estados Unidos, para cruzar al otro lado sanos y salvos.

Sin embargo, aunque dio su vida por la causa de Cristo, llama mucho la atención que San Toribio Romo reconocía ser un hombre que “sentía miedo”, incluso en uno de sus escritos se auto describe como “cobarde”, pero, siempre estuvo dispuesto a llevar su amor por Dios hasta las últimas consecuencias, aunque eso implicara la muerte.

“Yo soy cobarde –escribió–, pero si algún día Dios quiere que me maten, nomás le pido que me mande una muerte rápida, con sólo el tiempo necesario para pedir por mis enemigos”.

La víspera de su muerte, después de entregar a su hermano Román, en sobre sellado, un escrito, le pidió atender algunos menesteres en la ciudad de Guadalajara. Sin interrupción ordenó cuidadosamente las actas de los libros parroquiales, hasta el día siguiente, sábado 25. A las cuatro de la madrugada fue al oratorio para oficiar la Misa, pero sus ojos estaban cargados de sueño: “Creo no poder celebrar –dijo a su hermana–, me domina el sueño; voy a dormir un poco”. Una hora después, un grupo de soldados y de paramilitares agraristas sitiaron el lugar y se introdujeron a su habitación. Uno de ellos, Pedro Mariscal, lo identificó: “Este es el cura, mátenlo”; la exclamación despertó al padre Toribio, sentado en el borde del camastro alcanzó a decir: “Sí soy, pero no me maten…” y la frase quedó interrumpida por una descarga cerrada y los gritos “¡Muera el cura!”.

Agonizante, el padre Toribio pudo caminar algunos pasos; recibió una segunda descarga y cayó exánime en brazos de su hermana María, que con voz fuerte le dijo: “Valor, Padre Toribio. ¡Jesús Misericordioso, recíbelo! ¡Viva Cristo Rey!”.

Después de vejar el cadáver del sacerdote, lo trasladaron a Tequila, arrojándolo en medio de la plaza. A María, hermana de la víctima la condujeron atada, a pie, hasta la misma población, impidiéndole hacerse cargo del cadáver de su hermano. Sus restos se conservan en Santa Ana de Guadalupe, municipio de Jalostotitlán, Jalisco. Canonización: 21 de mayo de 2000, papa Juan Pablo II

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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