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Ser un padre siempre presente y lleno de amor para sus hijos / Fotografía; Archivo

Ser padre, es para valientes

«Seré feliz cada vez que te vea actuar con sabiduría, y me emocionaré cada vez que te escuche hablar con rectitud»

Papa Francisco

Si bien, la maternidad representa el milagro del tejido divino de un nuevo ser en las entrañas de una mujer, una vez llegada esa vida a este plano terrenal, se requiere de un nuevo milagro: encontrar la presencia y cercanía de un padre, un hombre en toda la extensión de la palabra que ayude al recién estrenado ser humano a tener una vida digna, llena de gozo, de plenitud y de armonía con el entorno, con los demás y consigo mismo.

La vocación de la paternidad fue pensada por Dios, planeada para que, en complicidad con el amor de una mujer, se diera lugar el milagro de una nueva vida.

Es un llamado, una misión encomendada desde el primer llanto de la criatura, incluso antes del alumbramiento. Con toda certeza puedo afirmar que se debe comenzar a ser padre –y el trabajo que ello implica– desde el momento en que el médico o la prueba casera dicen “positivo”.

Es cierto no sabemos ser padres y los hijos no traen manual de instrucciones; aprendemos los unos de los otros, improvisamos por sentido común y echamos mano de los recursos biopsicosociales y espirituales con que medianamente intentamos cubrir la cuota existencial correspondiente a la formación y construcción de buenas personas, gente de bien.

En medio del caos de este mundo en zozobra integral, en donde la incertidumbre y el desasosiego de la salud, la seguridad, la economía, y una estrepitosa caída de los valores más básicos y fundamentales para la sociedad humana, la figura del padre debe restablecerse como la cabeza, el primer guía, responsable de iluminar el camino de la mente, las emociones y los sueños más sagrados de la inocencia del niño, de la inquietud del adolescente, del ímpetu de la juventud y la necesidad de experiencias y enseñanzas para el adulto que está por convertirse en padre.

Estar presentes parece el principal reto que supone la paternidad de este siglo; no todos lo aceptan, no todos lo viven, no todos asumen este bendito riesgo de hacerse presentes siempre en la vida de los hijos, a pesar de las distancias que suponen las extensas jornadas de trabajo y el alud de distractores de la modernidad.

Un padre está presente cuando escucha, sin juzgar, sin impacientarse por encontrar o por tener una respuesta, cuando sencillamente está allí para escuchar; cuando respeta las decisiones de sus hijos y ellos toman caminos propios.

Un padre está presente cuando habla de sí mismo, de sus vivencias, de sus sentimientos, de sus proyectos personales, de sus sueños y necesidades, incluso de sus temores, sus preocupaciones e incomodidades.

Un padre está presente cuando pone el cuerpo en la relación con sus hijos, cuando toca, acaricia, pellizca, sostiene, aprieta, suaviza y hace sentir un respetuoso amor a través de las caricias.

Un padre está presente cuando pregunta por las actividades, los sueños y los temores, por los éxitos y los fracasos, por las alegrías y penas, por amores y por los dolores de sus hijos, preguntándoselos directamente, sin intermediarios, sin juicios.

Un padre está presente cuando encuentra tiempo para acompañar a sus hijos en momentos graves o cotidianos de la vida de éstos: exámenes, peleas, visitas al médico, elección de ropa, partidas y llegadas, siempre que el amor de padre y un ejemplo de fe hagan falta al hijo.

Por eso, no es para cualquiera… Ser padre es cosa de hombres, de tener los suficientes pantalones, pero, ante todo, el suficiente corazón, paciencia y fe para hacer el trabajo de Dios en el corazón de aquellos que nos son encomendados desde el nacimiento: crear y criar un ser lleno de amor suficiente para sí mismo y para compartir la vida con sus hermanos, los de casa y los del mundo.

Ser padre, es cosa de hombres… Aunque, pensándolo bien, es un asunto de Dios, que tanta esperanza y amor tiene en nosotros, que hasta nos hace partícipes de la más maravillosa e increíble cualidad de Dios: ser un padre siempre presente y lleno de amor para sus hijos.

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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