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Aprendiendo de… San Ignacio de Loyola

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Dios se vale de circunstancias impensables para atraernos hacia Sí y hacer que descubramos su proyecto de santidad.

“Íñigo” nació en 1491 en el castillo de Loyola, en Guipúzcoa, norte de España, cerca de los montes Pirineos. Fue hijo de familia distinguida y numerosa. Fueron once hijos.

Entró a la carrera militar, pero enfermó a los 30 años y cayó gravemente herido. Soportó las operaciones sin quejarse. Mientras estaba en convalecencia pidió que le acercaran novelas de caballería y le llevaron la vida de Cristo y vidas de santos.

Le sucedió que mientras leía la vida de Cristo y la de los santos sentía una alegría inmensa. Mientras leía narraciones inventadas de caballería sentía frustración. Pensó, pues, en imitar a San Francisco o a Santo Domingo al ver lo que ellos pudieron lograr.

Apenas fue superada su convalecencia peregrinó al Santuario de la Virgen de Monserrat. Ahí cambió sus vestidos lujosos por ropa modesta. Se consagró a la Virgen e hizo confesión general. Se fue a un pueblecito llamado Manresa a orar y a hacer penitencia. Allá se le ocurrió la idea de los Ejercicios Espirituales, que tanto bien haría hasta el presente.

Llegó a experimentar también la tristeza y desolación. Le llegó pronto la enfermedad de los escrúpulos: imaginarse que todo es pecado. Comenzó entonces a distinguir lo bueno de lo malo, lo que llamaría más tarde “discreción de espíritus”.

Pudo ir a Jerusalén peregrinando y pidió limosna por el camino. A los 33 años empezó como estudiante de colegio en Barcelona. Después pasó a Alcalá y a París. Estudió en La Sorbona.

Con seis compañeros comenzaría la Compañía de Jesús (jesuitas).  Hicieron votos de ser puros, obedientes y pobres.

El Papa Pablo III les recibió y les concedió ser ordenados sacerdotes.

En 1540 el Papa aprobó su comunidad.

Fundó casas en España y Portugal.

Los jesuitas llegaron a ser los más sabios adversarios de los protestantes.

Su lema es: “Todo para mayor gloria de Dios”.

Murió en Roma el 31 de julio de 1566.

En 1622 fue declarado santo y después Patrono de los Ejercicios Espirituales.

A él se le atribuye la famosa oración de “Alma de Cristo”.

¿Qué podemos aprender de él?

  1. Su fidelidad a Cristo y a la Iglesia. La lealtad que lo acompañó cuando caballero la empleó en su vida cristiana con heroísmo.
  2. Su apertura a la gracia de Dios. Esto le valió recibir muchas inspiraciones del Espíritu Santo.
  3. Su desprendimiento. Cuando a encontró a Jesús relativizó todo lo demás.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

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