Home / Iglesia Universal / Aprendiendo de: Santa Rosa de Lima, contemplativa y penitente, misericordiosa y compasiva

Aprendiendo de: Santa Rosa de Lima, contemplativa y penitente, misericordiosa y compasiva

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

La Iglesia en América ha dado y sigue dando grandes frutos de santidad en más de 500 años. El “Nuevo Mundo” ha recibido con alegría el Evangelio y la vida cristiana ha madurado con abundantes vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa. Muestra de ello es Santa Rosa de Lima.

Isabel Flores de Oliva, que por su belleza recibió popularmente el nombre de “Rosa” al que ella añadió “de Santa María”, nació en Lima en 1586. Su familia le proporcionó una sólida formación en la fe. Puso en práctica las enseñanzas cristianas en el Convento de Santo Domingo, en el centro de la capital peruana.

Pronto comenzó su discernimiento vocacional: inspirada por el ejemplo de Santa Catalina de Siena, religiosa terciaria dominica, por un lado, siente vocación de religiosa contemplativa y, por otros, percibe la imperiosa llamada a realizar esta vocación en el interior de su familia, trabajando por el Reino de Dios desde fuera del convento. A sus 20 años encuentra el camino: ser pobre por la fraternidad universal ingresando en la Orden de Predicadores, en su movimiento seglar. Da clases a los niños, les enseña música, cultiva un huerto casero y trabaja en costura. Así apoya económicamente a su familia.

Al fondo de su casa construye una cabaña con el fin de asimilar más el Evangelio en la oración; allí entra en comunión con Dios, con los hombres y con la naturaleza. Es contemplativa y penitente, misericordiosa y compasiva.

Explica en sus escritos que la mortificación es necesaria para ser saciados por el Espíritu de Dios, para vivir orientados por el Espíritu Santo, para renovar la faz de la tierra a partir de uno mismo.

Ama profundamente a la Virgen María y promueve el Rosario: “todo cristiano debe predicarlo con la palabra y tenerlo grabado en el corazón”. Anima a los sacerdotes para que atraigan a todos al amor a la oración.

Murió a los 31 en Lima el 24 de agosto de 1617. Su cuerpo se venera en la Basílica dominicana de Santo Domingo en Lima. Fue canonizada por Clemente X el 12 de abril de 1671. Es patrona de toda la América meridional.

¿Qué podemos aprender de ella?

  1. Sus deseos de consagrarse enteramente a Cristo y a su Iglesia, poniéndose al servicio de sus hermanos pobres.
  2. Su gran espíritu de oración y penitencia.
  3. El amor a su familia, a quien ayudó también en lo material, desde su celda en el hogar.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Revisa También

Mater Fátima: Oración por América Continental

Sergio Estrada Millones de personas a nivel mundial están rezando el “Santo Rosario” para pedir …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *