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El gol más importante

Javier de Silvia

Cuando comenzaba a destacar en el fútbol profesional, Dios le llamó al Sacerdocio…  Dejó su carrera en Chile y fue ordenado presbítero en 2014.

Hace unos años el Padre Chase Hilgenbrinck compartía su testimonio en el programa Nuestra Fe en EWTN, “me sentía muy solo y no fue lo esperado de un futbolista profesional. Pensé que habría fama, con amigos, con mucha gente. Al final sabía que estaba peleando por un puesto en un equipo donde no me conocían. No fue fácil.

“Rezando en una iglesia encontré mi paz. En el invierno de Chile, con mucha lluvia, estaba congelado, sentado solo en la iglesia de la Asunción. Estaba rezando frente al tabernáculo, solo frente al Señor. Rezaba por estar cómodo, por tener más paz, para que las cosas me fueran bien en el fútbol. Y justo ahí en silencio, yo escuchaba en el fondo de mi corazón, escuchaba en inglés: ‘be my priest’ (sé mi sacerdote) Y no lo podía creer”.

El sacerdote, Vicario Parroquial de St. Mary Parish y capellán del equipo de la Alleman High School en Rock Island en la diócesis de Peoria, agregaba, en esa charla televisiva, que la sensación de oír esa voz “era muy incómoda y no lo quería escuchar. Yo le decía (a Dios) no sabes lo que estás diciendo, pero yo estaba convencido, no era algo que podía haber soñado yo mismo, nunca había pensado en esto y no lo quería. Sabía que era el llamado del Señor”.

Cada domingo, sus padres lo llevaban –junto a su hermano Blaise- a Misa, eran monaguillos de la Holy Trinity Church en Bloomington, Illinois. Ambos jugaban fútbol y Chase llegó a estar en la selección nacional sub17 de Estados Unidos.

Cuando llegó a la Universidad de Clemson, Chase siguió jugando fútbol y, tras su graduación en 2004, le sugirieron ir a jugar a Chile, donde militó en los clubes Huachipato, Deportes Naval  y Ñublense en el lapso de tres años.

“Estando solo en otro país, con otra cultura y otro idioma, busqué mucho dentro de mi alma”, dijo el Padre Hilgenbrick al Catholic Post de la diócesis de Peoria hace algunos años.

Con la oración, los sacramentos, incluida la confesión, fue fortaleciendo su relación con Cristo y los temores o “barreras” a su alrededor comenzaron a caer.

Ya decidido sobre su vocación, a mediados de 2007, le escribió al director de vocaciones de la Diócesis de Peoria,  Padre Brian Brownsey quien, por respuesta, solicitó que escribiera una autobiografía de 20 páginas y respondiera varias preguntas tipo ensayo.

El joven Chase no había dicho nada a nadie sobre el tema de su vocación: ni a su novia, ni a su familia pero cuando volvió de Chile a Estados Unidos ya había hablado y terminado con su novia.

El día que entregó su biografía y respuestas al Padre Brownsey, Chase llamó a su hermano y padres, para verse en la Iglesia Holy Trinity y pedirles  comprar champaña. Cuando les contó lo hizo frente a la estatua de la Virgen. “¿Su reacción? Fueron muy amorosos y me apoyaron”.

“Cuando juegas fútbol tienes que mejorar cada día. Es lo mismo con la fe. Tienes que mejorar cada día más y buscar las oportunidades para profundizar tu relación con Cristo”, compartió con el Catholic Post.

Antes de ingresar al St. Mary’s Seminary, Chase jugó en dos equipos de la MLS, primero con el Colorado Rapids y luego con el New England Revolution, cuyo contrato tenía una cláusula que le permitía desligarse del equipo el 1 de julio, fecha en que ingresaban los nuevos seminaristas, algo que interpretó como un signo providencial.

“Quiero ser una luz para Cristo. Esto se trata de Él, no de mí”, ha señalado el Padre Chase Hilgenbrinck, en diversas entrevistas a medios que han seguido la historia de su vocación.

Reencuentro en Chile

En el año 2016, tras nueve años de ausencia en Chile, el Padre Chase  regresó sus pasos para agradecer a “la comunidad de Chillán que antes me había apoyado y que se sienten parte de mi experiencia futbolística y también ahora que soy sacerdote”.

Al presidir la Eucaristía en la capilla Santa Ana, a donde iba a rezar cuando era futbolista, se reencontró con los fieles, amigos e hinchas de la localidad de Chillán, en el sur de Chile, donde por tres años jugó en equipos de primera división.

“Todo lo que aprendí en el deporte, como el sacrificio de entrenar duro, la solidaridad, el trabajo en grupo, son cosas que también tengo que hacer en la vida cristiana. Lo que viví en el fútbol me sirvió mucho para tener todas las virtudes para llevar una buena vida como cristiano.

“Cuando nos comprometemos a algo importante en la vida todo va a cambiar. Cuando uno se casa la vida cambia. El cambio no es malo, es algo natural, si no estamos comprometidos, la vida no tiene ritmo y no tiene sacrificio”, señaló a diversos medios que en ese momento asistieron a la Santa Misa.

“Yo no vine para hacer noticia, pero le doy las gracias a los periodistas que les gusta la historia que Dios ha creado en mi vida. Ojalá que esto a nivel nacional sea una linda historia para la historia de la Iglesia y de Dios”.

En entrevista para ACI Prensa,  el Padre Luis Rocha, señor Cura de la Parroquia San Juan de Dios -donde pertenece la capilla Santa Ana- señaló en esa ocasión que “si bien han pasado muchos años, la gente lo sigue recordando con mucho cariño. La comunidad lo recibió con mucha alegría y gratitud porque ya lo conocían como laico y participaba activamente en la Liturgia de la Palabra de las Misas dominicales”.

Utilizar los dones

Dios no me ha quitado el fútbol, porque él nunca reniega de los dones que nos da, señaló en una carta -reproducida por el “Catholic Post” de Illinois- el entonces Diácono Chase Hilgenbrinck.

“Muchos de mis amigos se preguntaban por qué Dios “me apartó del fútbol”, y lo que haría sin él. Quiero recordarles que nuestro Señor no reniega de los dones que Él nos ha dado, sino que nos pide que los utilicemos de una manera diferente.

“En vez de ser un jugador en un equipo, ahora entreno, dirijo y soy capitán de nuestro equipo de fútbol del seminario, que juega en un torneo anual contra otros seminarios en la costa este; sirvo como capellán del equipo de fútbol Mount St. Mary de Primera División, y a menudo me piden que dé charlas a los jóvenes atletas sobre la naturaleza complementaria de los deportes y la fe.

Me encanta ser católico… No veo la hora de ser sacerdote”.

Acerca de David Hernandez

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