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San Isidro Labrador es el patrono de los trabajadores del campo.

San Isidro Labrador

Aprendiendo de…

Los campesinos tienen un santo patrono salido de España. Él es San Isidro Labrador, ejemplo de padre, esposo y fiel cristiano. Él aprendió de sus padres pobres el temor a ofender a Dios y el gran amor de caridad hacia el prójimo y un enorme aprecio por la oración y por la Santa Misa y la Comunión.

A los diez años se empleó como peón de campo. Muchos años pasó labrando, cultivando y cosechando.

Se casó con una sencilla campesina, María de la Cabeza, llamada así porque su cabeza es sacada en procesión en rogativas cuando pasan muchos meses sin llover.

Isidro se levantaba muy temprano y no empezaba su trabajo sin antes participar de la Santa Misa.

Varios de sus compañeros muy envidiosos lo acusaron ante el patrón de abandono del trabajo, mas éste vio que, efectivamente, llegaba una hora más tarde que el resto de sus compañeros, pero que su trabajo se realizaba como si él lo estuviera dirigiendo. Era que un ángel lo hacía por él, cuenta la tradición.

Puso su entera confianza en Dios cuando los mahometanos se apoderaron de Madrid y tuvieron que huir donde es difícil conseguir empleo. Lo que ganaba como jornalero lo repartía para el templo, para los pobres y para su familia (esposa e hijo). Tenía apartados hasta para las avecillas que alimentaba con trigo en invierno.

Aprovechaba los domingos para rezar, asistir a Misa, y visitar pobres y enfermos. Dejaba la tarde para salir a pasear por los campos con su esposa e hijito.

Murió en 1130, habiendo hecho una humilde confesión de sus pecados y recomendando a sus familiares y amigos que tuvieran mucho amor a Dios y caridad con su prójimo.

Después de 43 años de haber sido sepultado, fue encontrado incorrupto su cadáver. Con sus restos el rey Felipe III recuperó la salud. A causa de esto el rey intercedió ante el Sumo Pontífice para que declarara santo al humilde labrador.

Por éste y por muchos milagros, el Papa lo canonizó en 1622 junto con Santa Teresa, San Ignacio, San Francisco Javier y San Felipe Neri.

¿Qué podemos aprender de él?

  1. Su sencillez y humildad. Este pobre labriego es uno de los pobres de espíritu a quien pertenece el Reino de los cielos.
  2. Su enorme amor a Dios y al prójimo, el principal y doble mandamiento de la ley divina.
  3. Su ejemplo de vida: hombre trabajador, disciplinado y muy bien organizado. No descuidó nada: sus deberes con Dios, con la familia y con su trabajo.

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