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A hidden life, película inaugural de FIC Valores de Guadalajara

Pbro. Joel Ascencio (Director de FIC Valores)

Hay películas que nos hacen mejores, y al cine también. A Hidden Life, el largometraje de casi tres horas que el estadounidense Terrence Malick  presentó dentro de la competición oficial de Cannes, es sin duda una de esas películas.

La cinta de Malick, ganador del gran premio de Cannes en el 2011 con “El Árbol de la Vida”, se basa en la historia y martirio del campesino austriaco Franz Jägerstätter , ejecutado en agosto de 1943 por negarse a participar del lado nazi en la Segunda Guerra Mundial previo juramento de fidelidad a Hitler. Este ejercicio extremo de la objeción de conciencia le valdría la beatificación 64 años después. La Iglesia católica, entonces bajo papado de Benedicto XVI, rectificaba así el nulo apoyo que sus representantes dieron a Jägerstätter cuando él acudió a ellos.

“La Vida Oculta” (“A Hidden Life”), aplaudida con entusiasmo en el pase más multitudinario para la prensa, es ante todo un relato sobre la libertad y la dignidad humanas. Una bella narración que visualmente provoca el asombro desde el primer fotograma. El paisaje montañoso y exuberante de las regiones de Austria, Alemania e Italia elegidas para el rodaje es una base consistente.

El uso prodigioso de la cámara; el gusto de la fotografía; la rápida sucesión de planos en contraste con la lentitud de la acción; la explotación de la luz en todas sus intensidades y temperaturas…

La obra de Malick es una bella y monumental lección de cine a manos de un maestro de vocación artesanal pero con claro dominio de las posibilidades técnicas de la óptica. Todo ello sin menosprecio del trabajo de los actores: August Diehl como Franz y Valerie Pachner como su esposa Franzisca, sin olvidar la música de aires sacros bajo responsabilidad de James Newton Howard, siete veces candidato al Oscar.

La cinta presenta el drama de la gran barbaridad nazi desde un punto de vista tan poco frecuentado como el de las víctimas del propio bando; tal vez de una de las más heroicas y solitarias de esas víctimas. Pues Franz está completamente solo en su decisión de desafiar al peligroso poder nazi en una pequeña población de Austria. Suerte que su mujer, con las dos pequeñas de ambos al lado, le apoya hasta el final y sobre todo en el final.

Cuestión de principios

Anabel Casillas

Terrence Malick es un director de cine estadounidense que genera opiniones divididas. Por un lado, habrá quienes encuentren una propuesta bastante alejada del entretenimiento: no hay súper héroes como los conocemos, ni romances sencillos para pasar un buen domingo. Dicho de otra manera, no es un espectáculo común. Pero por el otro lado, habrá quienes disfruten el espacio para la contemplación del paisaje y la luz. Una oportunidad de formular nuevas preguntas sobre los motivos del ser humano y los juegos de un destino con la capacidad de llevarle al extremo de la vulnerabilidad.

Malick se ha dedicado a tratar de entender diferentes religiones y puntos de vista sobre el sentido de la existencia. Conoce de filosofía, literatura, narrativa. No gusta de los reflectores y quizá tiene razón al concluir que su trabajo cinematográfico habla por él mismo. Cuentan que dirige casi en silencio. Y que en sus guiones reserva un espacio a un narrador omnisciente que relata los hechos cuando los personajes no pueden hacerlo, como si Dios se abriera paso en medio de la ficción.

Su trabajo más ambicioso ha sido El árbol de la vida (2011), un filme que comienza en el principio del universo y continúa al interior de sus personajes para explorar la pérdida, la misión de cada ser vivo y la conexión del hombre con la espiritualidad. Brad Pitt y Sean Penn llevan al espectador por un viaje existencialista con una fotografía inmejorable.

Este año el cineasta presenta su más reciente película, A hidden life, misma que ha sido reconocida por la crítica como un poema visual centrado en la necesaria relación entre los humanos y la naturaleza. En esta cinta, Franz Jägerstätter goza de una vida tranquila al pie de las montañas austriacas: tiene una familia, una comunidad que le mira con simpatía, un oficio al que dedica sus días.

En resumidas cuentas, tiene la bendición de una rutina sencilla que a algunos pudiera parecerles poca cosa. Sin embargo, el estallido de la Segunda Guerra Mundial le da a su situación nuevas perspectivas.

Franz no quiere ir a la guerra. Matar a otros y arriesgarse a perderlo todo es algo que definitivamente contradice sus principios. He aquí el dilema del libre albedrío cuando operan fuerzas externas para presionarlo en dirección a la inercia. La determinación del personaje principal encontrará el rechazo de su comunidad, que ahora lo califica de traidor y antipatriota. Su propia vida estará en peligro ante la negativa de participar en defensa de lo que no cree. Pero ¿será eso más fuerte que la fe que lo guía y sus ganas de vivir?

El estreno de A Hidden Life ocurrirá en el marco del Festival Internacional de Cine con Valores: el único festival curado cuidadosamente para presentar películas cuyo discurso hace un llamado a mantener los valores humanos. En esta edición, el Festival presentará propuestas que recuerden al espectador la importancia de la paz y la reconciliación. Los interesados podrán compartir esta película el próximo 14 de noviembre, a las 20 horas, en Cinépolis Centro Magno.

Terrence Malick demuestra en su nueva película que “los pequeños actos de resistencia salvan a las civilizaciones”. Las definiciones y los motivos de esta frase dependerán enteramente del espectador.

‘Onyx, los reyes del Grial’

FIC Valores

La película se filmó en la Catedral de León, San Isidoro, Carracedo y el Castillo Templario con la participación de 200 actores y extras leoneses de entre un casting de casi 1000 personas.  

El rodaje duró cinco semanas en León y Ponferrada, España, durante el mes de mayo y junio de 2017 y estrenando en la península ibérica en marzo del 2019.

La película ‘Onyx, los reyes del Grial’, dirigida por Roberto Girault, es protagonizada por Jim Caviezel, María de Medeiros y Anthony Howell nos ubica en el siglo XI, cuando una plaga de hambre azotó Egipto y el Sultán recurrió al auxilio del próspero califato de Denia.

A cambio, el Sultán le regaló a Denia un objeto codiciado por toda la cristiandad: El cáliz de la última cena de Jesús, requisado del templo de Jerusalén antes de las Cruzadas.

El hallazgo en la Biblioteca de Al-Azhar de unos documentos inéditos abre una puerta a la historia del Santo Grial. Mediante un seguimiento del recorrido del cáliz, desde la mesa de la última cena hasta nuestros días, emprendemos un examen de los aciertos y los errores de la raza humana que han configurado el mundo que conocemos hoy en día. El cáliz viaja por el tiempo a merced de la nobleza y la mezquindad de los hombres.

El yugo de pueblos sometiendo a pueblos, las guerras y la exterminación entre hombres por motivos religiosos, suponen amenazas que ponen en peligro la conservación del icono. Pero el respeto y la superación que nace de las personas en momentos de necesidad lo protegen a cada paso, haciendo posible que hoy en día siga entre nosotros.

La historia del cáliz es la crónica de la eterna batalla entre la concordia y el odio de los hombres. Su supervivencia a los avatares de la Historia nos enseña que, a pesar de los fracasos del pasado, las diferentes gentes y culturas son capaces de tolerarse y respetarse unas a otras. Ésta es la crónica de la dimensión del ser humano, acuñada en una humilde copa que ha sobrevivido a 2000 años de civilización.

Thérèse (1986)

Claudio Quezada

La película francesa de Alain Cavalier, considerada en su año de estreno como una «obra maestra» o «un filme milagroso», utiliza al lenguaje cinematográfico para filmar lo inefable de la espiritualidad.

A partir de una colección de fotografías de Santa Teresita del Niño Jesús, el director traza los distintos caminos y sensibilidades del grupo de carmelitas al que pertenecía Thérèse, visibles por medio de una mirada a su vida comunitaria, como el gozo y la danza que disfrutan en Navidad en presencia de Dios.

El guión de Cavalier y de su hija Camille de Casabianca, crea figuras contrastantes y antípodas, que representan el amor humano que no encuentra los caminos para el amor divino pero que funcionan en otros en su busqueda de fe.

A 33 años de su estreno, Théresè continúa siendo la propuesta cinematográfica más sustancial sobre la vida de Théresè de Lisieux, religiosa carmelita y enamorada de Jesucristo.

En Thérèse, película ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 1986, el parecido de la actriz Catherine Mouchet, transparenta no únicamente los rasgos físicos sino también en los gestos, expresiones y miradas: una imagen inédita y virginal de la inocencia pero contraria a la ingenuidad.

Identificada con el Jesús sufriente, la priora asume el sufrimiento como acción necesaria para traspasar a la fe. Su serenidad, aceptación y deseo de amar crecen al mismo tiempo que se interroga acerca del amor dentro de su corazón. Para ella el abandono y la lucha con el sufrimiento son en definitiva una cuestión de amor.

La película nos hace presentes del momento en el que es admitida en el Carmelo, el día más feliz de su vida. Ninguna película sobre la figura de Thérèse de Lisieux ha logrado captar la espiritualidad alegórica como lo hizo el francés Alain Cavalier.

Integrante de la lista de quince películas espirituales seleccionas por el Vaticano, su director Alain Cavalier, confeccionó lo que describiría como «una película sobre gente para la que el silencio es regla», gran aspiración mística a la voz de Dios.

Thérèse, quien entonces tiene 15 años, quiere ingresar en el Convento del Carmelo. Sin embargo, se enfrenta a las reticencias de la madre superiora, que junto al cura del pueblo y el obispo, creen que Thérèse es demasiado joven para ser monja. Obstinada, parte a Roma donde obtendrá un permiso especial del Papa. Durante los nueve años que pasará en el convento, pondrá todo su empeño en proferir un amor incondicional a Cristo como aportación a la salvación de los demás.

A 33 años de su estreno, la película biográfica de Thérèse Martin posee ciertos rasgos de documental, transmitiendo mucho más que una ficción con elementos documentalistas, interesándose más en revelar una verdadera humanidad en lo que uno puede entregarse a la afección y en buscar el amor a Dios.

VENCEDOR

FIC Valores

Una cinta que esta vez se enfoca a los adolescentes y jóvenes, de los Hermanos Kendrick, con un claro valor. No podría ser de otra forma.

John Harrison (Alex Kendrick) es un entrenador de baloncesto de un colegio cristiano del estado de Georgia, en Estados Unidos, centro en el que también da clase su mujer, Amy (Shari Rigby), y estudian sus dos hijos. Por una determinada situación económica, el colegio pierde gran parte de sus alumnos, y el equipo de basket se tiene que disolver. A John le piden que se haga cargo del entrenamiento de carreras a campo traviesa, pero sólo se apunta una alumna, Hanna (Aryn Wright-Thompson), una chica con dificultades personales y familiares. Y decide apostar por ella.

La película ilustra la capacidad que tiene el encuentro con Dios para humanizar e incluso dar la vuelta a cualquier circunstancia. Concretamente en este caso se centra en las circunstancias familiares. Por un lado, la familia ejemplar del protagonista, una familia cristiana que tiene como pilares el perdón y la oración. Por otro, la familia rota de Hanna, una familia herida, marcada por el rencor, el dolor y la mentira.

La película deja claro que el perdón de lo imperdonable sólo se puede dar por gracia de Dios, ya que para el hombre es imposible. Los personajes recorren un hermoso arco de transformación, siempre en función del misterio de Dios y la fe, y van reconociendo su verdadera identidad, uno de los temas vertebrales del film.

El vencedor al que se refiere el título es el mismo Dios, quien vence al mal y a la muerte en favor de los hombres.

La película tiene una clara intención evangelizadora, desde la perspectiva baptista, iglesia a la que pertenece y de la que es pastor el director y protagonista, Alex Kendrick (Prueba de fuego, La fuerza del honor…). Sin embargo, no es una película didactista ni sermoneante, sino que ofrece una gran historia, con un guión trazado con tiralíneas, unos personajes con entidad y un montaje muy eficaz. Los actores hacen un trabajo excelente, y la música de Paul Mills -quizá demasiado presente- es brillante, con algunas canciones memorables.

El film tiene momentos de humor, otros más melodramáticos y otros puramente deportivos, en los que se ensalza la virtud de la perseverancia. No hay rastro de maniqueísmo y ello nos permite empatizar con cualquier personaje, creíble y cercano.

Coproducen la filial de Sony, Affirm Films y distribuida en México por Canzion Films (Soul surfer, Pablo, el apóstol de Cristo, El cielo es real, Resucitado,) y la compañía Provident Films, a la que debemos títulos como October baby, La canción de mi padre o La canción de nuestra vida. Una película, VENCEDOR, llamada a hacer mucho bien.

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