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Kyoto, Japón; hermana asiática de Guadalajara.

Ciudades Hermanas, un sueño malgastado

José de Jesús Parada Tovar

Ni duda cabe que la Capital del Estado, y todo Jalisco por extensión, poseen entre sus peculiares características la amabilidad, el espíritu de servicio, la amistad y el talante afable y pacífico de sus moradores. No en balde el frontis del Teatro Degollado, un verdadero ícono tapatío, alerta en un sabio lema: “Que nunca llegue el rumor de la discordia”.

Sin embargo, lo que inicialmente se promovió con recta intención como una muestra de buena voluntad hacia otras poblaciones, y con la adicional finalidad de trascender fronteras y diversificar lazos de fraternidad e intercambio turístico, comercial, cultural, educativo y artístico, al paso de pocos años se convirtió en una fiebre de protagonismos entre Alcaldes de muchos Municipios, quienes sin ton ni son protocolizaron relaciones de amistad que, a estas fechas, son solamente de papel y ya ni siquiera significativas.

Un venero hecho torrente

Wooclaw, Polonia; hermana europea de Guadalajara.

 A principios de la sexta década del Siglo XX, Guadalajara vio aquí por primera vez el asentamiento de un Consulado de los Estados Unidos de Norteamérica, a cargo de un cubano-estadunidense, Adolph Bernard Horn Stevens, quien llegó a ser después un habitante distinguido y reconocido promotor y benefactor de la Ciudad. Él ideó el primer Acuerdo de Hermanamiento, que se hizo recíproco con la modesta localidad de Downey, California.

Por aquellos tiempos, la Capital de Jalisco se aproximaba al millón de habitantes, y fue una década pródiga en acontecimientos y logros que le dieron escaparate regional, nacional e internacional con sus Fiestas de Octubre y su Feria Municipal del Libro; la céntrica “Cruz de Plazas” y la ampliación de importantes avenidas; el nacimiento de lo que hoy son importantes Universidades, como la del Valle de Atemajac y el ITESO; la hegemonía deportiva, en cuanto al Futbol (todos ya en su flamante Estadio Jalisco), con las Campeonísimas “Chivas Rayadas”, el Campeonato del Oro y el singular estilo de la “Academia” del Atlas; José Becerra y Efrén “Alacrán” Torres en Box; Ángel “Zapopan” Romero y Rafael Vaca en Ciclismo. Y ni qué decir que México presumía, desde aquí, a su primer Cardenal: el sexto Arzobispo Metropolitano, D. José Garibi Rivera.

Todo ello, y muchos aportes más que le conferían bonanza y progreso a la “Perla de Occidente”, sirvieron de pretexto para que posteriores Administraciones Municipales, en un festín de ocurrencias, de colgarse moños políticos y de copiar iniciativas ajenas con tal de “pasar a la Historia”, entablaran relaciones de esa índole con pueblos y urbes de lo más remoto y cuestionable. Claro, hay excepciones que brindan distinción honorable, aunque prácticamente no han redituado el aprovechamiento factible.

Únicamente por lo que atañe a nuestro país, Guadalajara está hermanada con Nochistlán, Zacatecas (la primera de las cuatro Guadalajaras fundadas por estos rumbos); con Cocula; San Luis Potosí; Oaxaca; Cozumel, Quintana Roo, y Magdalena de Quino, Sonora (cuna del malogrado Aspirante Presidencial Donaldo Colosio Murrieta, y trámite que se hizo cuando él era Candidato, en 1993).

De Estados Unidos, con la referida Downey; con Laredo; Lancing; San Antonio; Kansas; Portland y Albuquerque. De Centroamérica y El Caribe, con San Salvador; San José y Alajuela, Costa Rica; Panamá; Tegucigalpa; Santo Domingo; y Kingston, Jamaica. De Suramérica, con Curitiba, Brasil; Lima, Perú; y Caracas, Venezuela. De África, con Malabo, Guinea Ecuatorial; de Europa, con Guadalajara, Cigales, Oñati y Sevilla, España; con Milán, Italia; y con Wooclaw y Cracovia, Polonia; y con San Petesburgo, Rusia. De Asia, con Xiamen, China; Daejeon, Corea del Sur; Cebú y Guam, Filipinas; y Kyoto, Japón, establecida por el Alcalde Arnulfo Villaseñor Saavedra (Administración 1982-1984) mediante un protocolo y seguimiento fructíferos.  

Obviamente, en la práctica y en ese momento de inmediata vigencia, todos los casos representaron onerosos viajes de los respectivos Primeros Munícipes y/o de Regidores, de funcionarios de mediana jerarquía y hasta de Periodistas, en VTP, costeados por el erario público. Y no se diga de las visitas de reciprocidad provenientes de las hermanadas Ciudades que, al “clásico estilo mexicano”, eran sufragadas cabalmente aquí; es decir, lo mismo yendo que recibiendo, aquí nos encargamos de pagar todo generosamente.

Contados fueron los ejemplos de procedimientos dignos, decorosos, de categoría y altura, y muchísimos menos los que hayan saldado beneficios tangibles, duraderos, más allá de meras promociones turísticas. Vamos, ni siquiera, que se sepa, existen relaciones epistolares o el moderno envío de saludos y parabienes alternos en fechas específicas que así lo ameriten. ¿Cuántos tapatíos sabrán los nombres de al menos cinco de las 40 Ciudades Hermanas de Guadalajara? ¿Y a la Autoridad Municipal le interesará dar a conocer este aspecto de sus dizque relaciones internacionales?

La secuencia, en barata

Malabo, Guinea Ecuatorial; hermana africana de Guadalajara.

Por supuesto, a las Municipalidades de Jalisco en general, y en particular a las más cercanas de su Capital, con euforia les fluyó la idea de hermanarse también con otras urbes inmediatamente después que empezó el movimiento, de modo que sucesivas Administraciones, de los más variados Partidos, se dieron felizmente a esa tarea, que les representaba paseos y contactos, aunque efímeros e inservibles.

Fue así como a Zapopan le dio por vincularse con cinco localidades nacionales y 19 extranjeras. De Jalisco, con Zapotlán el Grande, El Grullo y Atengo; de Nayarit, con Bahía de Banderas; y de Veracruz, con esa Ciudad y Puerto. Todo inició, en 1965, con Rosemead, California; también, de la Unión Americana: con Phoenix, Arizona; Hialea Gardens, Florida; con Saginaw y Grand Rapids, Michigan. Con Ji nan y Cheng du, de China. Con Chang won (antes Masán), de Corea del Sur. Con Kiriat Bialik, de Israel.

De Centroamérica y El Caribe, con Marinao, Cuba; con Cartago, Costa Rica; con Antigua, Guatemala, y con San Pedro Sula, Honduras. De Suramérica, con Santiago de Chile; con Medellín, Colombia, y Porto Alegre, Brasil. De Europa, con Czestochowa, Polonia; Zaragoza y Gijón, de España.

Y, para concluir esta brevísima muestra, no podía quedarse atrás San Pedro Tlaquepaque, un poco más austero en sus pretensiones. Dio comienzo, mirando hacia Estados Unidos, con Glendale, California; con Atwater, del mismo Estado, y Springfield, Missouri. Con la Ciudad Capital de Guatemala. De la geografía jalisciense, con Zapotiltic; y del resto del país: con Cancún y San Miguel Cozumel, Quitana Roo; con la Ciudad Capital de Oaxaca, y con Metepec, Estado de México.

Como puede apreciarse, y tan sólo por lo que atañe a este reducido abanico, todo un muestrario ecléctico de ocurrencias. Quién sabe si ahora, por tantos filtros, contralorías y exigencia de cuentas ya no se animen las Alcaldías a echar demasiadas canas al aire. Pero, cuando menos, debieran honrar mediante otras decorosas formas esa amistad rubricada en papeles, y hacérselo saber a la ciudadanía.

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