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¿Cuál es el valor de lo que temo o que me repugna?

Desarrollo Espiritual,

XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo C, 15 de Septiembre de 2019.

Dios nos quiere misericordiosos

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano / Pbro. Sergio Arturo Gómez

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Éxodo 32, 7-11. 13-14: Dios había salvado a los israelitas de la esclavitud de Egipto, pero ellos lo cambiaron por un becerro de oroDios “quería” castigarlos, pero Moisés, que ya había aprendido a ser misericordioso, intercede por ellos y el Señor los perdona…

Salmo 50: Este es el Salmo penitencial por excelencia, con el que nos reconocemos necesitados de la misericordia, la purificación y el perdón de Dios… También le pedimos que nos renueve el corazón y le prometemos que proclamaremos su alabanza…

1 Timoteo 1, 12-17: Pablo sabe muy bien que Cristo Jesús lo eligió y confió en él,  a pesar de que había sido blasfemo y perseguidor de su iglesia… Dios tuvo misericordia y le dio su gracia, pues Cristo vino precisamente para salvar generosamente a los pecadores…

Lucas 15, 1-32: Jesús nos cuenta tres hermosas historias – la oveja, la moneda y el hijo/hermano perdidos y encontrados – cuya idea central es que Dios busca siempre a los extraviados porque le importan, se alegra al perdonarlos y quiere que compartamos su alegría como familia… Con estas parábolas Dios nos invita a ser como Él: capaces de descubrir el valor personal de todos nuestros hermanos y de alegrarnos por el “regreso” del pecador perdonado…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

Iluminados por las lecturas de este día, busquemos responder a la siguiente pregunta: ¿Qué pasos tenemos que dar para llegar a ser misericordiosos como Dios Padre y su Hijo Jesucristo?

1. En la primera lectura vemos a Moisés como alguien que ya ha aprendido, por su propia experiencia, a ser misericordioso… Dios, a pesar de los pecados que había cometido, no sólo no lo condenó, sino que confió en él para enviarlo a salvar a su pueblo esclavizado… Yahvé lo libera para que él pueda liberar… Si ya tuvimos la experiencia de ser perdonados, perdonaremos más fácilmente…

Debemos descubrir las veces que hemos recibido misericordia

En la segunda lectura, Pablo reconoce que Dios “tuvo misericordia” con él, por eso agradece y se da cuenta que ahora tiene la misión de ser un apóstol de esa misericordia…

  • Entonces, lo primero que tenemos que hacer es descubrir en nuestra historia personal las veces en que “alguien” ha mostrado misericordia con nosotros… Ve respirando profundamente… Haz una lista y agradece…

2. El Salmo nos invita a, reconocer nuestras faltas y, al mismo tiempo,  la misericordia de Dios… por eso, es posible pedir purificación y transformación y comprometerse a pregonar su alabanza… Dios continúa su obra transformadora en nosotros y, por eso, lo anunciamos a todos…

Debemos reconocer nuestras faltas y dar testimonio de cómo Dios nos ha transformado
  • Piensa en dónde y ante quienes debes ser testigo de lo que Dios ha hecho en ti…

3. En el Evangelio, Jesús nos enseña que lo “perdido” tiene un valor, por eso la persona que pierde una oveja sale a buscarla arriesgando la seguridad de las noventa y nueve; la mujer es capaz de gastar una vela para buscar la moneda perdida; al Padre no interesa el valor de la herencia gastada, sino el valor de su hijo recuperado… Por eso, cuando son encontrados se organiza una fiesta para compartir la alegría de la recuperación…

  • Reflexiona por un momento: ¿Les doy valor a los “perdidos”, a los pecadores, a los descartados de nuestra sociedad? ¿Soy capaz de salir a buscarlos y “encontrarlos”? ¿Puedo “gastar” algo por ellos? ¿Me alegro cuando son encontrados y reintegrados?

Hay un final triste en la última parábola que nos previene para no caer en esta situación: El hermano mayor – que representa a los maestro de la ley y fariseos – no  ha aprendido a ser misericordioso como su Padre, porque no había aprendido el valor de aquel “hijo mío, tú siempre estás conmigo”, y como no había recibido en su corazón el genuino amor misericordioso del Padre no podía vibrar en consonancia con Él, no podía alegrarse por su hermano recuperado y vuelto a la vida del amor y la comunión familiar…

¿Será que yo tampoco creo en el amor, el perdón, en el valor intrínseco de mi prójimo perdido?  ¿Será que ando por la vida queriendo engañar a los demás con una máscara de justicia y rectitud? Si me descubro frío e insensible como ese hermano mayor, ¿qué debo hacer para salir de esta situación personal? Debo comenzar con el paso número uno mencionado más arriba…

O, tal vez, debemos ir más profundo en el corazón de nuestra historia personal y preguntarnos: ¿Qué experiencias de mi vida pasada me impiden experimentar personalmente la misericordia? ¿Qué me impide ser misericordioso con otros? ¿Mi corazón es o sólo aparenta ser misericordioso? …Dios está ahí, siempre dispuesto a ayudarnos, a perdonarnos y a convertirnos en apóstoles de su misericordia…

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, DURANTE ESTA SEMANA, TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS:

1.      Procura descubrir qué obstáculos tienes para experimentar la misericordia, para sentirte perdonado/amado/digno de confianza…

Algunas personas no recuerdan haber sido perdonados auténtica e incondicionalmente… Más bien recuerdan que siempre fueron juzgadas o condicionadas…

Por eso, necesitamos hacer un trabajo psico-espiritual muy sincero y profundo para sanar las experiencias de falta de aceptación/perdón/reconocimiento que no han sido curadas…

Debemos también descubrir nuestras heridas emocionales… Luego, llevar el amor de Dios a cada uno de estos momentos de nuestra vida… (Si no puedes hacer este proceso tú solo, busca ayuda espiritual o profesional…)

Recuerda que no podemos ir por el mundo con las heridas internas “sangrando”, sino que necesitamos curarlas en y con el amor misericordioso de Dios… y, claro, que el amor de Dios se manifiesta en el amor de las personas que ya aprendieron a ser misericordiosas como Él… Por eso, haz una lista de las personas que te han aceptado incondicionalmente, o mejor, de quienes te siguen amando aun sabiendo tus límites y fallas… Obviamente, ¡la primera persona en esta lista es Dios!

2.      Durante esta semana, en tu oración personal repite las palabras que le dirigimos a nuestro papá Dios este día en la oración colecta, “Señor Dios… concédenos que te sirvamos de todo corazón para que experimentemos los efectos de tu misericordia…”

(Si esta ficha te ayuda, compártela)

Esta ficha, así como las de los domingos anteriores, la puedes encontrar en arquimedios.org.mx, pestaña de “cultura y formación” y “desarrollo espiritual”.

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