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Desde el Corazón: para empezar otra vez

Lupita:

Me siento profundamente triste porque he encontrado a Dios y quiero honrarlo, sin embargo mis vicios parecen ser más fuertes. Estoy a punto de perder a mi familia por mis mentiras y mis vicios. Tengo el deseo sincero de ser un hombre nuevo, pero mi debilidad me hace llorar. Ofendo a Dios, a los míos y a mí mismo. ¿Cómo puedo salir de esto?

J. Manuel O.

Hermano mío, Manuel:

Que el desaliento no destruya tu perseverancia. Tienes una gracia muy bella y especial al derramar lágrimas por sentir tu incapacidad de ser un alma fiel. Hay unas lágrimas de alegría que pronto experimentarás si confías en el poder de Dios y pones los medios adecuados para alentar tu esperanza y decidirte a empezar de nuevo.

El Santo cura de Ars, ejemplo para todos los sacerdotes, hablaba con una claridad deslumbrante para decir verdades difíciles de asimilar, era un gran predicador y su palabra tenia fuerza renovadora. Una de las frases que nos legó rezaba así: Dios lo que más odia después del pecado es la tristeza, porque nos predispone al pecado.

Y una doctora de la Iglesia, Santa Catalina de Siena, enseñaba sobre la tristeza algo siempre cierto y novedoso. Decía que hay 5 tipos de lágrimas:

  1. Lágrimas malas que engendran muerte. Proceden del pecado y llevan a él. Son lágrimas de odio, de envidia, de desesperación. Proceden de un corazón alejado de Dios.
  2. Lágrimas de temor por los propios pecados. Son de aquellos que tienen temor al castigo o a las consecuencias de sus malas acciones. No tienen un arrepentimiento sincero aun, sino solo miedo a las consecuencias.
  3. Lágrimas de los que quieren seguir a Dios pero se ven débiles y se sienten incapaces del cambio verdadero. Desean sinceramente alejarse del pecado.
  4. Lágrimas de quienes aman en verdad a Dios y al prójimo y les duelen las ofensas hechas contra Dios y los demás con completo olvido de sí mismos.
  5. Lágrimas de dulzura, como las de María y los santos, que en íntima unión con Dios, sienten sus consuelos y anhelan su amor.

Que tus lágrimas se conviertan en el motor encendido que te llevará a ser ese hombre nuevo que Dios ha forjado en ti. Si tienes vicios, busca ayuda para sustituirlos por virtudes. Acude a grupos de apoyo, vence tu orgullo y decídete a pedir ayuda.

 Lupita Venegas/Psicóloga

Facebook: lupitavenegas

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