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Pbro. Adalberto González González y Luis Sandoval Godoy, periodista, pilares de la comunicación católica en la Arquidiócesis de Guadalajara.

Don Luis Sandoval Godoy. Calló otro gran exponente del habla del pueblo

José de Jesús Parada Tovar

Amplia y rica es la herencia editorial de Luis Sandoval Godoy; excelso cronista de palabras claras y coloridas, siempre agudas y directas.

No podía ser de otra manera: este 20 de junio de 2019, los tristes tañidos de dobles y clamores anunciando el deceso de Don Luis se fundieron con los alegres repiques por la Festividad del Corpus Christi. Y no cabría otra forma de explicarlo si nos atenemos al diáfano estilo de un Periodista y Escritor que en los 70 libros y miles de Artículos de su autoría nos desenmarañó, con naturalidad y deleite, como corresponde a un puntual y sensible Cronista, el misterio de la existencia con todas sus vitales expresiones, y el misterio de la muerte como signo de esperanza y de inevitable paso a la trascendencia.

Basta leer cualquiera de sus obras para embeberse con fruición -o con azoro para nuevos autores y lectores- en el lenguaje popular, tan lleno de sencillez como de sabiduría, y entonces disfrutar el universal regalo de la vida con su plena carga de matices y tonalidades, incluyendo el acento último de la muerte; todo ello alusivo a sus personajes y escenarios descritos, o al espejo de sí mismo.

Hace 15 años, en edición de 100 ejemplares fuera de comercio, trabajados en Castro Impresores, Luis Sandoval publicó y obsequió el enésimo de sus Libros: “Aires de mi pueblo”. En el número 14 de sus episodios, titulado “El escalofrío de la muerte” (Págs. 73-76), hace reflexionar y hasta hablar para sus adentros a su personaje, que cavila así, sentado en una banca de la plaza del lugar:

“Decimos que va a venir. Si se ofrece está cerca; quién sabe si en cuestión de días, un tiempecito así, y a mí, tal vez a usted, vayan a tendernos en la posición del fin, acostados y tiesos, que tienen los muertos. Sabemos que va a venir. Mejor es aceptar que ya vino; que la traemos al hombro, subida a la espalda, caminando con nosotros, tanteando el paso que damos hoy, que daremos mañana, mientras llega su instante.

…”Las campanas cuando suenan con clamor de muerte, son tristes, son como una punzada que golpea entre los dos ojos y hiere la parte más escondida de una gente. Campanas que lloran por los muertos… y no las campanas de alegría en las fiestas, al sol de los domingos, en el bullicio del pueblo celebrando el mero Día de San Juan.

“Con esta tarde, con el olor lejano de las hierbas que empezaron a marchitarse en la helada y huelen a podrido, huelen a huesos fríos, el olor dulce-amargo de los mirasoles marchitos; con este aire duro, con las luces caídas del sol y con los toques de la campana, estoy empezando a sentir el escalofrío de la muerte”.

Y en realidad así lo platicaba él mismo, con su voz siempre apagada, pero encendida de verdades, de emociones y de afectos, tendiendo la mirada de sus ojillos como si quisiera retraer sus millares de vivencias escritas en millones de palabras, o como urdiendo el traslado del alma y de la mente al corazón, a la sensación y a un nuevo párrafo por construir.

Varias coincidencias

Acaban de cumplirse, el reciente 5 de marzo, los 92 años de que nació en San Juan Bautista del Teúl, Zacatecas, el niño Luis Miguel, así bautizado por el entonces Párroco Cipriano González Jiménez, quien al tiempo sería, por muchos años y hasta su muerte, Cura de la Parroquia de San Antonio, en Tapalpa, Jalisco, y benefactor distinguido de ese pueblo.

Noventa y dos son los mismos años que conmemoran aquel levantamiento armado de miles de valientes católicos en defensa de la fe y de la Iglesia, durante la Revolución Cristera (1926-1929) que, con su persecución religiosa, produjo decenas de Mártires, incluidos los hasta hoy canonizados y beatificados.

Un día después del fallecimiento de Sandoval Godoy sería su onomástico. También un 21 de junio, hace 90 años, se dieron a conocer los “Arreglos” entre el Gobierno Federal y la Jerarquía Episcopal, que dieron fin a la lucha armada; que “desarreglaron” el avance de los Cristeros y les provocaron enseguida traicioneras muertes tras haber depuesto las armas.

También hace 92 años, el 21 de junio, fue sacrificado el Sacerdote José Isabel Flores Varela, canonizado entre el grupo de 25 Mártires mexicanos, y uno de los mejor biografiados por Don Luis, al ser su paisano y cercano familiar ascendiente.  

Por supuesto, el entorno, el ambiente y sus secuelas dolorosas, dieron lugar a una coyuntura que Luis Sandoval vivió intensamente y que nutrió su inspiración hasta darle la estructura de un Periodista y Escritor no sólo prolijo por tantos libros publicados, sino por la exquisitez de su talante campirano y su predilección por investigar, ahondar y desentrañar el tema cristero hasta erigirse en uno de los tratadistas de La Cristiada más enterados, objetivos, puntuales y confiables, valiéndose de fuentes fidedignas, tanto documentales  como verbales, sobre todo en entrevistas a testigos, actores y protagonistas sobrevivientes de ese terrible suceso de nuestra Historia.

Un botón de su herencia

Así, con su carga nonagenaria, Don Luis se dio el tiempo y el gusto, a finales de 2018, de editar “A’i viene la bola: Estampas de la Guerra Cristera”, una bien lograda antología de textos ya antes publicados por el autor, a cargo de Ulises Íñiguez Mendoza, y en base a la cuidadosa investigación hemerográfica del Cronista Bernardo Carlos Casas. Supervisó la edición el Pbro. Tomás de Híjar Ornelas.

La mayoría de los tópicos ahí abordados fueron publicados en el dominical Suplemento Cultural de El Informador, que él mismo coordinó, y luego José Luis Meza Inda, y que dan santo y seña, como agudo observador y relator de primera fila, de aquellos épicos acontecimientos y de personajes, lo mismo sobresalientes que simples elementos que también intervinieron, o de quienes vieron las batallas o escucharon y hablaron con los combatientes.

Sandoval Godoy, amo y señor en el tratamiento de todos los géneros periodísticos (Noticia, Reportaje, Entrevista, Crónica, Editorial, Semblanza, Artículo de Fondo, Columna), dejó sentir, en sus escritos y en sus lectores, el atinado uso de los cinco sentidos y cómo se perciben, se plasman y deleitan en el relato como un juego entre la realidad inamovible y la fantasía creativa del contexto. Además, sello en él es el respeto a la palabra y a su construcción, al igual que el respeto a la verdad y el decir de sus interlocutores, así como a la inteligencia y expectativas de sus lectores.

Al referirse a los escenarios alteños de los combates, a sus testigos, a adalides de la talla de “El Catorce” o Jovita Valdovinos, a los espinosos intríngulis de “Los arreglos” y del engañoso armisticio, Don Luis Sandoval deja ver su manejo del tema con rienda sensible, briosa, dúctil a la memoria histórica, al testimonio creíble, a su profundo sentimiento de fe y de conexión convencida. Se trata de apenas una breve pero apetitosa muestra selectiva de un suculento manjar en bandeja de siete decenas de libros.

Otro sabroso y final rescate

Empedernido amante del campo, de su clima, paisaje, ambiente, colores y aromas, ha sido un singular retratista de sus entornos y contornos, tanto a través de su pulido verbo como de la lente fotográfica. De ello da comprobación la compilación de siete cronicados Reportajes, también antes publicados, alusivos a recónditos lugares, infrecuentados por el común de los mortales, por ejemplo Las Piedras Bola, el Volcán del Ceboruco, Chicomostoc, el Volcán Colima o la Semana Santa entre los Huicholes; todo ello compilado en el póstumo libro de su autoría: “Allá, lo desconocido”.

Dueño de un privilegiado estilo que sintoniza con el habla y sentir genuinos del pueblo, de manera sencilla y precisa describe lo que ve, palpa, huele, degusta y escucha, imprimiéndole estética y atractivo a todos sus escritos, pues transmite las vívidas estampas que capta un ojo atento y una sensibilidad afinada en la gimnasia metódica de la observación y el pulimento escrupuloso de la escritura. Poesía, delicadamente envuelta en prosa.

Diáfana trayectoria

Luis Miguel Sandoval Godoy fue reconocido por su Estado natal, Zacatecas, y por su pueblo de origen, El Teúl, que lo declaró Hijo Distinguido.

Ameritó, por parte del Estado de Jalisco, el Premio Estatal de Literatura en la Especialidad de Cuento, y el Galardón “Emisario”, de Periodismo, en la Categoría de Trayectoria.

Después de cursar estudios de Latín, Humanidades y Filosofía en el Seminario Diocesano de Guadalajara, se inició en el Periódico El Occidental, y posteriormente, por casi 50 años, en El Informador fue Reportero, Articulista, Editorialista, Columnista, Jefe de Corresponsales y Editor del Suplemento Cultural Dominical.

Por breve tiempo dirigió La Hoja Parroquial. Colaborador y después Director del Semanario “La Época”, como lo fue también de la Revista “Labor” (de la Congregación Mariana de San José), y del órgano oficial de la Unión Nacional de Padres de Familia. En dos etapas, Colaborador de este Semanario Arquidiocesano.

Maestro de Periodismo en el Instituto Superior Autónomo de Occidente, ISAO, hoy Universidad del Valle de Atemajac. Profesor del Curso de Verano para estadunidenses, sobre “El Quijote”, en la Universidad de Guadalajara. Programador de Música Clásica en la XEBA, del Grupo Radio Comerciales.

Fue el primer galardonado con el Premio Católico al Comunicador, “José Ruiz Medrano”, otorgado por la Arquidiócesis de Guadalajara. El Patronato de las Fiestas de Octubre le concedió “La Pluma de Plata”. La Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara le concedió su Reconocimiento como Escritor. El Ayuntamiento de Guadalajara lo agregó a su Cuerpo Colegiado de Cronistas, y le impuso su nombre a una de las Ferias Municipales del Libro. El Sistema Jalisciense de Radio y Televisión lo condecoró en sus 50 Años de Escritor.

…Apenas unas pinceladas de su brillante trayectoria, y ni qué decir de sus enormes cualidades humanas, de su altruismo y caridad cristiana ejemplares.

¡Descanse en paz!       

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