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Hurgando los Archivos Vaticanos: El conflicto del gobierno de Calles con la Iglesia Católica (VI)

Guillermo Dellamary

1.13 El intento del gobierno mexicano por acabar con la religión católica

En la carta pastoral del Episcopado norteamericano se hace notar que: … si bien no hay unión entre la Iglesia y el Estado, hay un franco y pleno reconocimiento de la utilidad de la religión para el buen gobierno. Es más,  el Estado Norteamericano alienta la religión a que haga más y más contribuciones a la felicidad de la gente, a la estabilidad del gobierno y al reinado del orden.

En contraste con esto, acorde con la Constitución de México, ninguna sociedad religiosa puede gozar del derecho de una existencia corporativa legal. Oficialmente no existen las iglesias en México; una Iglesia no puede poseer nada, carece del derecho de pedir redress of grievances, no puede demandar ni ser demandado en los juzgados civiles, y en general no tiene derechos legales. Los clérigos son privados de sus derechos por el hecho de ser ordenados. Una iglesia no puede poseer los bienes inmuebles en los que se llevan a cabo las actividades públicas. No puede recibir donaciones. No pueden pedir limosnas ni recibir suscripciones fuera de las instalaciones donde celebran sus actos religiosos. Ese bien inmueble, finalmente, es propiedad del Gobierno,  aunque sea mantenido y pagado por el pueblo. El Gobierno solamente le permite el derecho a utilizarlo, según sea el capricho de los empleados del Gobierno. Todas las Iglesias en México, por lo tanto, se sostienen sólo de las colectas durante las misas. Las  Iglesias se sostienen en todos lados por donaciones aceptadas fuera de las celebraciones religiosas. En cambio con nosotros, casi todos los bienes de la iglesia se mantienen de esa manera. Esto está prohibido en México, no por una simple regulación, sino por un mandato Constitucional.

Con el fin de hacer efectivo  este mandato, a una Iglesia no le es permitido poseer casas para sus obispos, sacerdotes, ministros, profesores o superintendentes. Su futuro no está asegurado, porque no pueden tener seminarios en donde se formen sacerdotes para ocupar las vacantes por muerte o incapacidad. Con el hecho de que una Iglesia utilice un bien inmueble es considerado como su territorio y se considere ya como parte de ella. Puede ser retenido o incluso confiscado. Si un sacerdote llega a rentar una casa para su uso personal, la ley presume que puede ser retenido por mera suspición. Los parientes de los sacerdotes son amenazados con la pérdida  de sus bienes y la confiscación de ellos en base a  que tal propiedad en realidad le pertenece a la Iglesia.

Todas las propiedades que poseen las órdenes religiosas dedicadas a la educación y a los propósitos  caritativos, son también sujetos a ser confiscados. Con tal de hacer imposible que la Iglesia asegure tener  un bien inmueble de cualquier tipo, en caso de ser retenido, no habrá juicio alguno por un juez hasta que el verdadero dueño clame por justicia.

(ASV,Arch. Deleg. Messico, b48, f249 p 31)  

1.14 Acabar con las actividades educativas y caritativas de los católicos

Hemos visto hasta ahora,  que la Carta Pastoral de la jerarquía Eclesiástica Norteamericana hace ver sus desacuerdos al trato que da el Gobierno Mexicano al tema religioso,  en franca comparación a la postura que tiene el asunto según el Gobierno de aquel país. 

Entonces la Iglesia en México no puede poseer algo, no puede proveerse para cubrir sus gastos, no puede proveerse de futuros sacerdotes. Un sacerdocio nativo es imposible, un hecho consecuente es deshacerse del problema y mandar el  cuidado religioso de la gente a los extranjeros.

Y para prevenir la posibilidad de que eso sucediera, entonces la ley señala que ningún sacerdote que no sea oriundo de México,  pueda oficiar en ningun acto de oración;  y por consiguiente los sacerdotes extranjeros fueron expulsados. Primero la ley se encarga de hacer imposible que la gente tenga sacerdotes nativos y luego hace entonces imposible que se tengan sacerdotes extranjeros; mientras que el Gobierno mantiene su postura  ante el mundo de su liberalidad y de que no existe persecución religiosa en México.

El efecto de esas leyes se siente más allá del trabajo espiritual de la Iglesia. Es también la ruina del trabajo en la educación y la caridad. La religión favorece la educación. Prácticamente todas las grandes  universidades  en los Estados Unidos, por ejemplo, fueron fundadas por organizaciones religiosas, excepto las universidades estatales, e incluso algunas de estas deben su inicio a algún sacerdote o alguna orden religiosa, mientras que todas le deben su nacimiento a su inspiración. Sería correcto señalar que ni siquiera una tercera parte de los colleges y universidades en los Estados Unidos existirían de no ser por la actividad educativa de las Iglesias.

Casi todos los hombres de estado nacidos en América y los académicos hasta 1840 fueron educados en escuelas establecidas bajo el auspicio religioso. Ahora la Constitución Mexicana señala que ningún sacerdote puede enseñar en una escuela primaria o dirigir escuelas superiores a no ser por situaciones imposibles de aceptar para ellos. Los  colleges que están  bajo control privado,  no son reconocidos sus grados académicos por el Estado. Todas las órdenes religiosas que se dedican a la educación han sido suprimidas y la formación de esas órdenes son ilegales.

Todavía es más triste el efecto de esas leyes en el trabajo de la caridad, un campo especial del esfuerzo religioso. Las Iglesias han sido siempre, y lo siguen siendo, la principal fuente de alivio a los enfermos y a los pobres. Más del sesenta por ciento de las camas de hospital en los Estados Unidos se encuentran en Instituciones religiosas. Y para asegurarse de que las Iglesias no se involucren en las tareas de generosidad, la ley mexicana les confisca las instituciones de caridad y prohíbe la existencia de cualquier agrupación religiosa, en las que hombres y mujeres se  auto-sacrifiquen por el servicio a los demás. En consecuencia, México hoy en día está lleno de instituciones de caridad en ruina y sus pobres y enfermos están sin protección»

(ASV, Arch.Deleg.Messico B 48, F 249 p.32)

1.15  Límites a la prensa

La carta pastoral de los obispos norteamericanos, además de señalar las diferencias que existen entre el Gobierno Mexicano y el de aquel país en materia religiosa, también hacen  ver lo lejos que están las leyes mexicanas sobre el manejo de la prensa, acorde al ideal americano tal y como se muestra en  documentos como «Virginia Bill of Rights» y otros similares.

Una vez más, bajo la ley Mexicana, la prensa religiosa está permitida a que exista sólo bajo la condición de que ceda su libertad. Las leyes e incluso los actos oficiales en público no pueden ser criticados por un periódico religioso, o serán acreedoras a severos castigos, ni si quiera por periódicos seculares que sean utilizados para revelar asuntos religiosos.  Ya varios periódicos religiosos han sido suprimidos, e incluso ciertos periódicos cotidianos de gran circulación, que aunque no son religiosos, pero fueron al menos proclives con la religión.

Parece innecesario sacar conclusiones consecuentes del contraste que hemos realizado. Son de inmediato evidentes y convincentes para cualquier hombre o mujer de pensamiento recto, que no puede haber relación entre los principios en los cuales se sustenta la elaboración de la Constitución Mexicana, de las leyes que de ella emanan, del espíritu con el que se han propuesto y reforzado, con los principios, el espíritu y la ley que se guardan como sagrados para el pueblo Americano.

La persecución es un producto del neo paganismo, señalan en un inciso

De hecho, ese tipo de leyes retornan al anterior paganismo. Que para preservarse hay que mostrarle a la sociedad civil que se está marchando, no hacia adelante, sino en círculo; y de nuevo llegar, en nuestros días, al punto en donde empezó con la decadencia del Cristianismo. Ese tipo de leyes, en realidad, abraza el plan pagano del gobierno, para ellos no diferir del todo en efecto, sino sólo en la forma y la manera de atender los resultados. El antiguo paganismo daba al Estado una autoridad despótica, al deidificarlo en sus orígenes, y frecuentemente a sus gobernantes y sus acciones. Los fundadores de Roma, se supone que eran hijos de los dioses. A sus emperadores los saludaban como «divinos» y se edificaban altares para ellos. Muchos grandes hombres de Grecia fueron honrados de la misma manera. Incluso en nuestros días, algunos dirigentes del mundo reciben honores casi divinos. Los legendarios benefactores de las antiguas tribus de México  y Centro América se dice que fueron hombres blancos elevados como dioses.

El paganismo une el poder de la tierra con el divino en un estado deidificado. El programa de este nuevo paganismo es el de eliminar lo divino y así poseer plenamente lo terrenal. Pero el resultado de ambos extremos es el mismo – la esclavitud del individuo. Qué lejos está esto de nuestras convicciones, como Americanos y Cristianos y  resulta inmediatamente evidente.

(ASV Arch.deleg.Messico, b48 f249 p33).

Esta visión del Episcopado Norteamericano nos ilustra el tipo de análisis y conocimiento que tienen de la realidad social y política que sucedía entonces en México. De alguna manera marca muy claramente los logros en la relación Estado-Iglesia, en clara comparación a las deficiencias y conflictos que existen en las leyes mexicanas, para llevar una mejor relación.

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