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Obispos Mexicanos: ¡Hemos abandonado a los jóvenes!

Durante la asamblea de la CEM, el Nuncio Apostólico Franco Coppola señaló que la Iglesia ha dejado solos a los jóvenes, y hoy es preocupante la baja de vocaciones, la escasez de matrimonios por la Iglesia, y el alza en los suicidios de jóvenes. 

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

Del 11 al 15 de noviembre se llevó a cabo en Lago de Guadalupe, en el Municipio de Cuautitlán Izcalli, Estado de México, la CVIII Asamblea de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

La reunión que convocó a alrededor de 130 Obispos entre Arzobispos, Obispos residenciales, auxiliares y eméritos concluyó con un mensaje al pueblo de Dios que se dio a conocer mediante una rueda de prensa el jueves 14. 

En el encuentro con los medios estuvieron presentes Mons. Víctor Alejando Aguilar Ledesma, Obispo Auxiliar de Morelia, responsable de la Dimensión de Laicos; Mons. Alfonso Miranda Guardiola, Obispo Auxiliar de Monterrey y Secretario General de la Conferencia del Episcopado; Mons. Rogelio Cabrera, Arzobispo de Monterrey y Presidente de la CEM, así como Mons. Enrique Sánchez Martínez, Obispo de Nuevo Laredo, quien dio lectura al mensaje conclusivo de la Asamblea.

En el mensaje los Obispos manifestaron su cercanía y empatía hacia el pueblo mexicano ante las situaciones que aquejan a nuestro país.

Hicieron referencia al Proyecto Global de Pastoral (PGP 2031-2033)  y aseguraron que “cuando no se reconoce y promueve la verdadera naturaleza y dignidad humana, podemos encaminarnos a una crisis humana, social y espiritual que puede dividirnos y contraponernos los unos contra los otros en lugar de unirnos para buscar un mejor futuro en la consecución del bien común”.

“Una de nuestras grandes preocupaciones es el respeto a la familia”. Dijeron estar dispuestos a promover, cuidar y defender la familia y la vida humana.  

Cardenal J. Fco. Robles

Además, externaron su preocupación por la escalada de la violencia en amplias regiones de nuestro país: “Esa violencia ha provocado más pobreza, abandono e inseguridad. Nos parte el alma, constatar los múltiples asesinatos, secuestros y extorsiones que permanecen impunes. Se debilita, así, el estado de derecho, y eso aumenta la corrupción y ahuyenta la paz”.

Añadieron que “como Iglesia debemos fortalecer no solo el conocimiento de la doctrina, sino la vivencia de los valores cristianos”, además de señalar que “el Estado debe velar por la seguridad de los ciudadanos, ofreciendo condiciones dignas, seguras y bien remuneradas a las fuerzas del orden; y a todos los ciudadanos nos corresponde cuidarnos los unos a los otros”.

Los Obispos expusieron que “el sistema económico ha aumentado la pobreza. Cada vez hay más pobres en México que no tienen lo básico para vivir dignamente. Esa situación es un caldo de cultivo para que adolescentes y jóvenes pobres se involucren en la delincuencia o puedan ser sujetos de todo tipo de manipulación: social, política o religiosa”.

Exhortaron a “buscar nuevas formas de compromiso que nos unan para conducir nuestro país a lo que queremos que sea.

“Los retos y desafíos que tenemos ante nuestros ojos son grandes, pero la esperanza de encontrar caminos de reconciliación, de fraternidad y de crecimiento nos impulsan a seguir sirviendo a la nación con pasión. En el Acontecimiento Guadalupano descubrimos, que el odio y la división se vencen con la fe, el amor, el perdón y la paz. Crezcamos en la esperanza, pues, ella nos capacita para afrontar nuestro presente con ilusión, aunque el presente sea complicado y fatigoso.

“Los obispos mexicanos invitamos a hombres y mujeres de buena voluntad, a las instituciones de México y, especialmente, a todos católicos a construir una paz firme y verdadera. Necesitamos sanear la vida social. No hay paz sin verdadero desarrollo y sin justicia. El mensaje del Evangelio es de verdadera libertad, fraternidad, solidaridad y reconciliación. ¡No dejemos que el mal venza! ¡Venzamos el mal a fuerza de bien! ¡Trabajemos todos juntos y organizados por la paz y la vida!”, pidieron los prelados.

Abrir el espacio para la convivencia

Mons. Rogelio Cabrera

Una vez concluida la lectura del mensaje, Mons. Cabrera, presidente de la CEM enfatizó que la pregunta que permeó la CVIII Asamblea, es cuál debe ser su compromiso como Obispos en la actual situación que vive México. Aseguró que la violencia se vence con la convivencia “por lo tanto, nosotros queremos y debemos animar para que todos los espacios, todos los lugares de encuentro de creyentes, propicien la convivencia y la ayuda mutua. Tenemos que reorganizar la vida de nuestras parroquias, que deben de ser lugares de encuentro masivo y donde haya la oportunidad de que los fieles puedan dialogar, intercambiar opiniones y sobre todo, que aprendan a respetarse.”.

El Arzobispo de Monterrey dijo que no basta poner bardas para dar seguridad a los fraccionamientos, es necesario que la vida urbana propicie el encuentro entre las personas, pues conocer a alguien favorece el respeto mientras que el anonimato y la masificación urbana son propicios para desalmar el corazón de las personas y generar violencia.

Señaló que México tiene que convertirse a Dios y al bien de las personas.

Añadió que “donde hay violencia crece la pobreza, donde hay violencia crece el malestar. Nosotros apostamos por un futuro mejor para México. Queremos que las personas no caigan en un sentimiento caótico sino en una decisión de colaborar y de ponernos todos en aquello que es sustancial para nuestro país”.

Se requieren testimonios de una vida plena

Por su parte, el representante del Papa en México, el nuncio apostólico Franco Coppola, llamó fuertemente la atención sobre dos temas: la dramática disminución de las vocaciones religiosas, particularmente las femeninas, pero también sacerdotales y por otra parte, la también baja generalizada de la celebración de bodas religiosas, además de la preocupante alza en el índice de suicidios en jóvenes.

“Los cuatro datos, en su conjunto, nos están diciendo, me parece, una sola cosa: que a pesar de los esfuerzos que indudablemente se hacen, no estamos logrando poner en comunicación a nuestros jóvenes con Dios; no les estamos efectiva y eficazmente ayudando a descubrir a este Padre que los ha llamado a la vida, ¡y a una vida plena! Sin esta referencia vital, sus vidas se llenan de los falsos ídolos que el mundo ampliamente les ofrece hoy, para luego dejarlos vacíos.

“Simplemente los hemos dejados solos, sumergidos en un mundo que les ofrece emociones muy atractivas, pero que los dejan vacíos”.

Añadió que la mejor forma de atraerles y hacerles atractiva la vida es mediante el testimonio. “En la parroquia, el sacerdote y el catequista deberían ser testigos, modelos de personas que viven con gozo su existencia toda de la mano del Señor”.

Añadió que para la formación de los futuros sacerdotes el Obispo debe destinar a sus mejores presbíteros: “sacerdotes que estén con los seminaristas, vivan con ellos, los acompañen y los hagan partícipes de su vida apostólica. Los referentes personales que viven y actúan como comunidad formadora, son insustituibles.

“Los seminarios se requieren sacerdotes-formadores que sean transparencia de Cristo, sólidos en su fe y fidelidad al Señor”.

Finalizó exhortando a renovar la catequesis adecuándola para los niños y muchachos de hoy, “ayudándolos a descubrir la vida plena que Cristo les ofrece, itinerarios formativos más precisos y profesionales para asegurar la madurez humana de los seminaristas, como espacios adecuados para el desarrollo de su oración personal”.

A la Asamblea fueron convocados:

19 Arzobispos

73 Obispos residenciales

21 Obispos auxiliares

02 Administradores diocesanos

17 Obispos y Arzobispos Eméritos

01 Eparquia Grecomelquita

Más Secretarios Ejecutivos, Secretarios de Comisiones, Equipo Base, e Invitados especiales, participaron alrededor de 160 personas.

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