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Particularidades del Motu Proprio “Vos estis lux mundi”. Hacer justicia también es Evangelizar

Fruto de las conclusiones de la Cumbre sobre la Protección de los Menores en la Iglesia, realizada en Roma en febrero pasado. El Motu Proprio ‘Vos estis lux mundi’ contiene importantes novedades en el tema del delito de abuso sexual; por ejemplo, el victimario ahora puede ser, además del clérigo, el religioso, la religiosa, el o la consagrada secular; sanciona a la autoridad eclesiástica que interfiera o eluda las investigaciones y obliga al clérigo, el religioso, la religiosa o el consagrado secular, a denunciar cuando se tengan noticias sobre la comisión del delito de abuso sexual, entre otras particularidades.

Rebeca Ortega Camacho

“Les voy a platicar un caso que nos comentaban en un curso. Hay un obispo, que lo fueron a buscar en la Curia (Diocesana) la mamá y una joven que fue abusada por un sacerdote. Entonces, ya ven lo difícil que es hablar con los obispos, estuvo ella esperando en la Curia, a ver a qué hora llegaba el obispo. Llegó y le dicen, ‘ahí hay una persona que quiere hablar con usted’. Y en los pasillos de la Curia, donde todos pasan y escuchan, le pregunta: ‘¿qué quieres?, ¿por qué me buscas?’. Y le dice la mujer, ‘Monseñor, vengo a tratar un asunto con usted’. ‘Dime, ¿qué quieres?’- dijo el obispo-.  ‘Fui abusada por un sacerdote’-contestó la joven-. ‘Ah, y mírate tan bonita que estás, qué esperabas, siendo tan bonita, qué esperabas’, – replicó el obispo-. ¿Este será un modo adecuado de actuar? Yo creo que no, a eso se le llama re-victimización, porque además de la herida del abuso sexual, tiene la herida de que la autoridad no está actuando correctamente”, manifestó la Lic. Floriberta Sánchez González, Abogada, Licenciada en Ciencias Religiosas y defensora del vínculo en el Tribunal de Guadalajara, durante el 3° Foro de Teología “La Protección de los Menores en la Iglesia: un llamado a la acción desde el Evangelio”, organizado por la Universidad Marista de Guadalajara.

La también Canonista y Profesora de Derecho en la Universidad Católica de Chiapas y de Teología en la Universidad Marista, impartió la ponencia “Disposiciones canónicas actuales a partir del Motu Proprio “Vos estis lux mundi”; durante su intervención destacó las novedades del documento del Papa Francisco, que establece el procedimiento para reportar y llevar a cabo la investigación de los delitos de abuso sexual de menores cometidos por clérigos y religiosos.

Ley Eclesiástica

“El Motu Proprio ‘Vos estis lux mundi’, de fecha 7 de mayo de 2019, es fruto de las conclusiones dadas en la Cumbre sobre la Protección de los Menores en la Iglesia, llevada a cabo en Roma el pasado mes de febrero. El documento contienen importantes novedades en el tema del delito de abuso sexual; por ejemplo, el victimario ahora puede ser, además del clérigo, el religioso, la religiosa, el o la consagrada secular; también el delito de incumplimiento para la autoridad que interfiera o eluda las investigaciones, así como la obligación de denunciar por parte del clérigo, el religioso, la religiosa o el consagrado secular, cuando se tengan noticias sobre la comisión del delito de abuso sexual, así como otras particularidades.

“Es importante considerar que ‘Vos estis lux mundi’, es un documento que complementa otras ya existentes en la materia de abuso sexual, como es el caso del canon 1395 parágrafo II, que establece los delitos contra el sexto mandamiento del Decálogo cometido por clérigos; el Motu Proprio ‘Sacramentorum sanctitatis tutela’ del 2001, que eleva la edad de 16 a 18 años y establece el delito reservado a la Congregación para la Doctrina de la Fe; las nuevas ‘Normas sobre los delitos más graves’ del 2010, que legisla sobre la persona equiparada al menor, la pedopornografía, la prescripción de 20 años calculados a partir de que la víctima cumpla los 18 y la posibilidad de derogar la prescripción en casos particulares; el subsidio para las Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas Guías del 2011 y el Motu Proprio ‘Como una Madre amorosa’ del 2016, en la que se establece la posibilidad de remover del cargo a los obispos que actúen con negligencia en los casos de abuso sexual de menores y de adultos vulnerables.

“Como hemos podido apreciar, la Iglesia ha venido legislando en diversos momentos, ampliando el concepto de delito ‘contra sextum’, modificando las edades, incluyendo a los adultos vulnerables y estableciendo normas para la imposición de las penas canónicas a los victimarios, así como a la debida reparación del daño a las víctimas.

“Las normas contenidas en este Motu Proprio entraron en vigor el pasado 1 de junio y su vigencia ad experimentum será de un trienio (3 años). ‘Vos estis lux mundi’, es una Ley Eclesiástica que contiene 19 artículos, se encuentra dividida en 2 títulos; en el primero se presentan las disposiciones generales y en el segundo, las relativas a los obispos y a los a ellos equiparados”.

Delitos

De acuerdo con la especialista, Licenciada Floriberta Sánchez, el sujeto activo en la comisión del delito de abuso sexual de menores y personas vulnerables son: Los clérigos, es decir, el diácono, el presbítero y también el obispo; los miembros de institutos de vida consagrada, religiosos, religiosas y consagrados seculares; de igual modo, los miembros de sociedades de vida apostólica; no cualquier fiel cristiano, sólo el que está revestido del ministerio ordenado y sólo el que ha emitido voto o promesa de castidad.

“La competencia para conocer del delito es la Congregación para la Doctrina de la Fe, si el delito es reservado y lo cometió un diácono o un presbítero; la Congregación para los Obispos, si el acusado es un obispo; la Congregación del Clero si no es reservado para la Congregación para la Doctrina de Fe; la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, cuando es un miembro del Instituto de Vida Consagrada o Sociedad de Vida apostólica.

“En lo que se refiere a la especie de los delitos encontramos los siguientes: Primero, obligar a alguien con violencia, amenaza o mediante abuso de autoridad. El delito comprende como sujetos pasivos, no únicamente a los menores, sino a cualquier persona mayor de edad, hombre o mujer; por ejemplo, un seminarista, religiosa, novicio, novicia, la secretaria, un agente de pastoral, catequista, que sea obligada mediante violencia física, verbal o psicológica, o con amenazas. Por ejemplo, mediante abuso de autoridad en función de un ministerio u oficio eclesiástico, verificándose el uso inapropiado de la propia autoridad, de modo que el agresor se aprovecha de la condición de inferioridad del acusado o la acusada.

“El sujeto pasivo puede ser obligado a realizar la conducta prohibida o a sufrir el acto sexual. Y cuando concierne a la conducta del abuso sexual, no se refiere que venga a realizar una verdadera y propia relación sexual entre el sujeto activo y el sujeto pasivo; es decir, es suficiente que venga realizando simples actos impuros que violan el sexto mandamiento del decálogo. Así pues, el debido en cuestión, viene realizando no sólo mediante la cópula, sino a través del contacto de los órganos genitales, tocamientos, caricias lascivas, exhibirse desnudo, masturbarse, besos dados en modo lascivo, etcétera.

Segundo. Realizar actos sexuales con un menor. El sujeto pasivo de este delito es la persona que no ha cumplido 18 años o la legalmente equiparada al menor. El artículo sexto de ‘Sacramentorum sanctitatis tutela’, establece que se equipara al menor, la persona que habitualmente tiene un uso imperfecto de la razón. El habitual uso imperfecto de la razón del acusado puede depender de una enfermedad psíquica, en sentido estricto o del consumo de sustancias alcohólicas o estupefacientes. Además, y en virtud en que la norma no establece un límite de edad de la víctima, también la demencia senil puede entrar en el ámbito del encuadramiento del delito; cuando esta determina un habitual uso imperfecto de la razón.

Tercero. Realizar actos sexuales con una persona vulnerable. Por primera vez se describe la categoría de persona vulnerable como constitutiva de un nuevo delito, en el que se tiene como sujeto pasivo a cualquier persona en estado de vulnerabilidad, deficiencia física o psicológica, o de privación de la libertad personal, que evite, incluso ocasionalmente, su capacidad de entender o de querer de cualquier caso, resistir a la ofensa.

Cuarto. Otra novedad la encontramos en la conducta consistente en reproducir, exhibir, poseer o distribuir, incluso por vía telemática, material pornográfico infantil. La misma norma nos define lo que se entiende por material pornográfico infantil, diciendo que es cualquier presentación, representación de un menor, independientemente de los medios utilizados y por las actividades sexuales implícitas, reales o simuladas y cualquier representación de órganos sexuales de menores, con fines predominantemente sexuales. Quinto. Recluir o inducir a algún menor o a una persona vulnerable a participar en exhibiciones pornográficas.

Otro delito muy importante es el de encubrimiento. Esta nueva conducta delictiva consiste en acciones u omisiones dirigidas a interferir o eludir investigaciones civiles, investigaciones canónicas, administrativas o penales, contra un clérigo o un religioso con respecto a delitos de abuso sexual. La razón de esta disposición es en virtud de que, son ellos quienes tienen la obligación de investigar y de facilitar las investigaciones. Otra novedad que tiene es la obligación de informar del posible acto delictuoso. La nueva ley impone al clérigo, al miembro de un instituto de vida consagrada o de sociedad de vida apostólica, la obligación de informar cada vez que tenga noticia o motivos fundados para creer que se ha cometido alguno de los delitos descritos. Esta obligación no contraviene la presunción de inocencia del sujeto activo ni al respeto inviolable del sigilo sacramental”, señaló Floriberta Sánchez, asesora jurídica en el ámbito de Asociaciones Religiosas de la Curia Arquidiocesana de Tuxtla Gutiérrez y notaria en el Tribunal Eclesiástico de Monterrey.

Denunciar, obligación moral y legal

“No es una mera obligación moral, es sin duda una obligación legal de denunciar, por eso las informaciones adquiridas en materia de delitos de abuso sexual no pertenecen al ámbito del secreto de oficio eclesial. Ahora, todo clérigo, religioso, religiosa, consagrado secular o de sociedad de vida apostólica, deberá hacer saber a las personas que le entreguen estas noticias sobre la obligación de informar sin demora acerca de estos hechos a las autoridades eclesiásticas y civiles.

“Cada diócesis tiene la obligación de crear una estructura con el fin de garantizar el acceso a la recepción de las denuncias, dejando atrás los métodos que no garantizaban el acceso a la justicia (antes de junio de 2020). Deberán poner en primer lugar a la víctima a través de la acogida, la escucha, el acompañamiento, la asistencia espiritual, médica, psicológica o psiquiátrica. Deberán garantizar siempre su seguridad, integridad y confidencialidad. La comunión y la sinodalidad deberán ser el alma de estas estructuras, invitando también a expertos laicos en leyes civiles, canónicas y en atención psicológica a formar parte de la Comisión Diocesana para la Tutela de Menores y Adultos Vulnerables.

“En esta ley queda claramente establecido que la víctima y los denunciantes del posible hecho delictivo, no quedan sujetos a ninguna obligación de guardar secreto acerca de los hechos denunciados; toda vez que la persona puede dialogar con cualquiera, inclusive con los medios de comunicación. Además, quedan totalmente prohibidos los prejuicios, represalias o discriminaciones a causa de la denuncia. La nueva ley no sólo obliga a denunciar sino también protege a quien denuncia de eventuales y posibles daños. Las víctimas y los denunciantes ya no deben de ser tratados injustamente como enemigos de la Iglesia, como erróneamente se hizo en el pasado.

“Por último, a partir del artículo 8 y siguientes del Motu Proprio se encuentran los pormenores acerca del desarrollo de la investigación previa, los tiempos procesales y la transmisión de las actas al Dicasterio competente. En esta etapa es fundamental que el acusado sea escuchado y tenga oportunidad de defensa, teniendo en cuenta que el victimario también es hijo de la Iglesia, no bastará con enjuiciar y condenar al delincuente, será necesario un tratamiento psicológico.

“Hay algunos miembros de la Iglesia que se manifiestan contrarios a la acción de dar demasiada importancia al tema de los abusos, sosteniendo que es mejor dedicarnos a la evangelización y no a estas persecuciones a los clérigos; sin embargo, hacer justicia sin duda alguna es evangelizar y evangelizarnos. Por eso, es fundamental no olvidar que el terreno fértil para la comisión de estos delitos ha sido el clericalismo y el abuso del poder. Es necesario pues, combatir este cáncer que ha herido a la Iglesia de Cristo mediante la comunión eclesial; contrarrestemos la cultura del abuso con la tolerancia cero, evitando el encubrimiento. Esta es la hora de colaborar juntos para erradicar el dolor que aqueja al Cuerpo de Cristo, porque en cada una de las víctimas está el Cuerpo sufriente de Cristo que nos pide escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores para impedir que sean abusados”, concluyó la Licenciada Floriberta Sánchez.

México, sede del Primer Congreso Latinoamericano de Prevención de Abusos en la Iglesia

Del 6 al 8 de noviembre de 2019, se realizará la primera edición del Congreso Latinoamericano sobre la Prevención del Abuso de Menores en la Universidad Pontificia de México. El tema central se desarrollará en torno al análisis y reflexión en materia de infancia, prevención del abuso sexual en la Iglesia, medidas cautelares, procesos integrales de prevención y discernimiento vocacional.

Entre los ponentes del congreso figura Monseñor Charles Scicluna, Secretario Adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Arzobispo de Malta y uno de los mayores expertos en prevención y lucha contra los casos de abusos sexuales cometidos por miembros del clero. También estarán presentes el Sacerdote Jesuita Hans Zollner (Alemania), Presidente del Centro para la Protección de Menores de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma; Mons. Luis Manuel Ali Herrera (Colombia), Obispo Auxiliar de Bogotá y Miembro de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores; Cardenal Blase Joseph Cupich (EEUU), Arzobispo de Chicago; el Arzobispo de Monterrey y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Monseñor Rogelio Cabrera López, entre otros.

El congreso está especialmente dirigido a las personas que están trabajando en el ámbito de la formación, prevención e intervención en el tema del abuso sexual infantil eclesial. Organizado por el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME), y cuenta con el apoyo de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y el Consejo Episcopal Latinoamericano. Más información en la página de internet: ceprome.com/congreso.

Cáncer que debe extirparse: CEM

El martes 16 de julio se celebró la Jornada de Oración por las víctimas de abuso sexual por parte de miembros del clero. Un momento de oración se realizó en la Universidad Pontificia de México, ante la presencia de algunas víctimas.

Monseñor Alfonso Gerardo Miranda Guardiola, Obispo Auxiliar de Monterrey; Secretario General de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y director del Consejo Nacional de Protección de Menores, señaló: “Adelantándonos algunos años, quizá no muchos, nuestra generación será escudriñada ante el horrendo abuso sexual perpetrado por clérigos en la Iglesia, y será evaluada si supimos o no enfrentarlo y solucionarlo. Si fuimos indiferentes, omisos, cobardes o negligentes; o si fuimos sensibles, responsables, humildes y valientes para aplicar las enmiendas y correcciones que teníamos qué hacer”.

Al compartir un mensaje de los integrantes de la CEM, dijo que “no cabe duda que el problema del abuso sexual en la Iglesia católica constituye un cáncer, al que, principalmente los pastores, debemos enfrentar contundentemente hasta extirparlo, a costa de ser tachados como infieles y traidores al mensaje de Jesús, y a la misión de la Iglesia.

“Es importante que, como Iglesia, asumamos el dolor no sólo por el daño ya causado por muchos de sus miembros a menores de edad o por su encubrimiento, sino y especialmente, el dolor que implica extirpar este mal, en los mismos miembros de la Iglesia.

“Aceptar esta crisis con profundidad, y reconocer que el daño no lo han hecho los de fuera, sino que los primeros enemigos están dentro de nosotros; entre los obispos, sacerdotes y consagrados, que no hemos estado a la altura de nuestra vocación”.

El mensaje de los Obispos mexicanos, compartido por Mons. Miranda Guardiola, subraya que no hay ya razones para no denunciar o encubrir cualquier caso de abuso, y reitera que es impostergable enmendar el daño hecho y sentar las bases  para que no vuelva a suceder “y para que los que eventualmente se cometan reciban el castigo y la reparación que exigen”.

Destacó que la posición de los Obispos mexicanos queda “del todo confirmada en la cumbre de protección de menores celebrada en Roma en el mes de febrero pasado”. Y con las víctimas y a favor de las víctimas,  exhortan a sus hermanos Obispos y superiores (de órdenes religiosas), “a que cualquier caso que surja, y los que ya son públicos, ya sea en congregaciones religiosas, como con los Legionarios de Cristo, así como de Arquidiócesis o Diócesis en México, sean procesados, como lo marcan los últimos documentos pontificios”.

En la conclusión del mensaje se lee que “sólo con la ayuda del Señor” y su “docilidad a su gracia” lograrán “que esta crisis lleve a una profunda renovación de toda la Iglesia, con Obispos más conscientes de su misión de pastores y padres de su rebaño; con sacerdotes y consagrados más conscientes de su servicio ejemplar al pueblo de Dios; con seglares más conscientes de su corresponsabilidad en la edificación de una Iglesia confiable, justa, humilde y creíble, en donde los niños y adolescentes, y todas las personas, encuentren siempre un lugar seguro que propicie su crecimiento humano y en la fe”.

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