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El Reino es la categoría fundamental del Evangelio

Juan López Vergara

El santo Evangelio que nuestra madre Iglesia nos ofrece para hoy, expone las actitudes esenciales que hemos de vivir durante la espera del Señor Jesús: confianza y gozo, testificadas por el desprendimiento absoluto en aras del Reino, o sea el proyecto de Dios, que entraña la categoría fundamental del mensaje de Jesús (Lc 12, 32-48).

El desprendimiento a favor del Reino configura nuestra misión

El pasaje empieza con unas cariñosas palabras de Jesús, el hombre venido de Dios, a los suyos: “No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino” (v. 32). La Iglesia es el ‘rebañito’ de Jesús. Su identidad, de acuerdo al anhelo del Señor, debería ser siempre su propia modestia en medio de grupos humanos gigantescos, poderosos, eficaces. No obstante la pequeñez de la Iglesia, Jesús le confía el Reino, el benevolente proyecto de Dios.

San Lucas, entonces, indica que el desprendimiento a favor del Reino debe configurar nuestra misión, como hijos de la Iglesia, ya que donde está nuestro tesoro, ahí estará también nuestro corazón (véanse: vv. 33-34).

El Reino de Dios es Gracia y tarea

El evangelista advierte de la importancia de estar preparados esperando la venida del Señor, mediante un par de parábolas magistralmente entrelazadas. La de unos criados quienes sin perder la alegría, con expectante responsabilidad aguardan a que su señor regrese de una boda (véanse: vv. 35-38). También la de un vigilante padre de familia siempre atento por el bienestar de sus hijos (véase: v. 39). Para concluir con esta sabia recomendación: “Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen vendrá el Hijo del hombre” (v. 40).

Jesús mostró así a sus seguidores la necesidad de una constante apertura, en clara sintonía con su decisión de un activo compromiso en la construcción del Reino. “El Reino de Dios es gracia y tarea”, afirma en un libro precioso, que no me cansaré de recomendar, el padre Toribio Tapia Bahena [Misericordia quiero, y no sacrificio, OMPE (Obras Misionales Pontificio Episcopales de México), México 2016, pág. 64].

¡Nobleza obliga!

Enseguida San Lucas presenta a Pedro, portavoz del grupo de discípulos, que pregunta a Jesús: “¿Dices está parábola sólo por nosotros o por todos?” (v. 41). El Maestro propuso otra imagen para subrayar la responsabilidad comunitaria que tienen los ‘administradores’ de la Iglesia, quienes deberán desempeñarse con fidelidad y sensatez (véanse vv. 42-46). Sin embargo, parece ser que al final, el evangelista desea resaltar que Jesús no se dirige únicamente a los responsables de la comunidad, sino a todos los discípulos, representados por los ‘siervos’: “El servidor que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho, y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más” (vv. 47-48).

Esta conclusión hace eco de aquello que Israel había experimentado: La elección no es un privilegio sino un acrecentado compromiso (compárese Am 3, 2). Así debemos vivirla absolutamente todos los que ahora tenemos la bendición de formar parte del nuevo pueblo de Dios: ¡Nobleza obliga!

El humilde y valiente y sabio Papa emérito, Benedicto XVI, asegura que: “El ‘Reino de Dios’ es la categoría fundamental del mensaje de Jesús” (Jesús de Nazaret, Madrid 2007, pág. 106)

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