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Los maestros Víctor Manuel Amaral (izquierda) y Hermilio Hernández López, durante su estancia en la ciudad de Roma.

Maestro Víctor Manuel Amaral, partitura de una vida

Dolores Margarita Moreno Azpeitia

El 9 de octubre del año en curso dejó de existir, en Guadalajara, luego de una enfermedad larga que lo tuvo postrado los últimos años de su vida el destacado músico Víctor Manuel Amaral Ramírez.

Nació el 28 de junio de 1933, en Unión de Tula, Jalisco y le inició en el que será el ámbito profesional de su carrera su progenitor, don Samuel Amaral Pérez (1902-1960), que tenía a su cargo el acompañamiento musical religioso y litúrgico de la parroquia de esa cabecera, por lo cual fue perseguido durante la Cristiada. Fue también violinista y compuso valses, marchas, pasodobles y piezas breves de carácter religioso, arreglista y director – fundador de la banda sinfónica local.

En 1946, a la edad de 13 años, Víctor Manuel pasó a la capital de Jalisco, para formarse en la Escuela Superior Diocesana de Música Sagrada, poco antes creada por el presbítero Manuel de Jesús Aréchiga Fernández, de su rumbo, pues era de Juchitlán. Allí cursó composición y canto gregoriano con especial reconocimiento de sus maestros,  granjeándose con ello que el Arzobispo de Guadalajara, don José Garibi Rivera, lo becara, al lado de Hermilio Hernández López (1931-2008)  y Francisco Javier Hernández Vázquez, para proseguir los estudios musicales en el Instituto Pontificio de Música Sacra en Roma, ya entonces a cargo de monseñor Domenico Bartolucci (1917-2013), director de la Capilla Musical Pontificia y quien murió siendo Cardenal.

De nuevo en Guadalajara, en 1962, se consagró a la docencia tanto en las escuelas de música Sacra y de la Universidad de Guadalajara. Al paso de no muchos años, en 1968, fue nombrado director del coro del Ballet Folclórico de la Universidad de Guadalajara y al lado de Rafael Zamarripa Castañeda realizó giras por diversas partes del mundo (Estados Unidos, Marruecos, Rusia, Canadá, Holanda, Inglaterra, Bélgica, Italia, Bulgaria y Tahití), participando en actividades tan relevantes como las Olimpiadas de Munich (1972) y las de Montreal (1976).

Su composición musical mayor fue el oratorio ‘El Peregrino de Emaús’, para coro y orquesta (su tesis, 1963) y aunque hizo muchísimo arreglos para ensambles corales y de orquesta, lo suyo fue la docencia y la dirección coral. Contrajo matrimonio en 1967. Le sobreviven su cónyuge y sus tres hijos. Descanse en paz nuestro querido maestro.

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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