Home / Iglesia en Guadalajara / Sensibilidad
"La falta de sensibilidad, está en el cobro del impuesto a las plataformas digitales o aplicaciones de servicios"

Sensibilidad

Lo que se espera de un buen gobernante, además de su honradez, capacidad de coordinación y eficacia en sus acciones, es su sensibilidad frente a sus ciudadanos. Hoy al gobierno, tanto estatal como federal, le falta sensibilidad, esa que lo hace capaz de sentir junto con su pueblo, no el pueblo ideal, sino el pueblo real que vive los avatares de la historia. Les pongo cuatro ejemplos de esta insensibilidad.

Se determina que las clases serán en línea durante la contingencia sanitaria por la pandemia del coronavirus, pero no todos los alumnos tienen la posibilidad de seguir en línea sus estudios porque, o carecen de una computadora o no tienen acceso a la red, tendrían que salir de sus casas, no a la escuela sino al ciber, para poder seguir las clases. Falta sensibilidad frente a la necesidad real de una gran porción del alumnado que no tiene muchas veces ni para comer, menos para un teléfono inteligente o un ordenador. Un gobierno debe prever que en situaciones como esta no hubiera ningún alumno sin la posibilidad real de estar conectado. Esta será una exigencia para la política educativa del país.

Otro ejemplo de esta falta de sensibilidad, está en el cobro del impuesto a las plataformas digitales o aplicaciones de servicios. Ciertamente es justo que como todos los ciudadanos también estas plataformas paguen impuestos por los servicios que prestan. Pero dada la circunstancia del confinamiento y el uso necesario de estas plataformas de quienes tienen la posibilidad de hacer uso de ellas para facilitar el confinamiento, el gobierno aplica el impuesto de forma insensible, gravando todavía más a quienes siempre han tenido la carga arancelaria de nuestro país, es decir, a la clase media, que ahora se ve amenazada a desaparecer.

Dígase lo mismo de esta insensibilidad a la testarudez del ejecutivo federal de no ayudar a las pequeñas ni a las medianas empresas, considerando al empresario como un enemigo de la nación y no como parte de ese pueblo bueno y noble, que se ufana de ser su representante. No me refiero a los grandes empresarios que salen en la revista Forbes y que por cierto los tiene muy consentidos (como por ejemplo Salinas Pliego), sino a los que tienen su puesto de ropa en el mercado, los que tienen sus peleterías en el barrio de San Juan Bosco, los que han logrado montar una mueblería u otro negocio con el sudor de su frente y, además, dan trabajo digno a muchas personas. Ellos son los que deben rascarse con sus uñas porque el gobernante en turno los considera, por el mero hecho de ser empresarios, aunque pobres, sus adversarios.

Falta sensibilidad en la mañanera, cuando sólo se escucha una sola voz y no hay diálogo sino monólogo, cuando no se quieren oír ni ver las cosas como otras personas las ven o las oyen. Me preocupa que esta falta de sensibilidad nos lleve a la uniformidad ideológica, aquella que es tan inhumana como ineficaz.

Acerca de Monserrat Cuevas

Revisa También

Infodemia vs. sabiduría

A 20 años del Premio “José Ruiz Medrano” José de Jesús Parada Tovar Lo que …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *