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Agentes dinosaurios

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

La palabra dinosaurio no sólo evoca a los animales de la era mesozoica, también califica ciertas actitudes de políticos o de personas que tienen un cierto liderazgo de orden social, en detrimento de la participación y la corresponsabilidad. Igualmente, en la Iglesia, que es misterio de comunión y participación, se dan estas actitudes en algunos agentes de pastoral que acaparan oficios, no permiten el ingreso de nuevas fuerzas o mantienen sus “cargos” de forma indefinida.

Algunos agentes de pastoral, que tienen alguna función de liderazgo, acaparan tareas de todo el grupo o sector, de modo que impiden el desarrollo, la participación y la corresponsabilidad de todos los miembros del grupo, manifestando así una gran incapacidad de trabajar en equipo. De la misma manera, podemos ver agentes con muy buena disponibilidad e incluso capacidad, pero tienen muchísimos compromisos o diversas tareas, “muchos escapularios”, lo que impide dedicar el tiempo suficiente para poder dar un seguimiento adecuado a las tareas, quedando inconclusas y generando insatisfacción tanto personal como comunitaria.  Así mismo, hay agentes con un gran liderazgo creativo y emprendedor, pero que nulifica a los demás miembros del grupo porque absorbe todo, al considerar que los demás no tienen las capacidades necesarias, o los mira sólo como sus empleados o simples ejecutores de sus proyectos. Desgraciadamente, la actitud del dinosaurio va acompañada de un doble discurso: con quien ostenta la autoridad el dinosaurio es labioso, adulador, pródigo; pero con los iguales o con quienes dependen de él es autoritario, ofensivo, mezquino.

El agente dinosaurio busca ocupar un “puesto”, más que ofrecer un servicio. Se presenta siempre con el título antecediendo su nombre. Si es presbítero habla más de “carrera clerical” que de ministerio. El dinosaurio no escucha, sino que cree que siempre tiene la razón e impone sus criterios; denosta y descalifica a quienes no comparten sus ideas o intereses, a los que considera sus enemigos o adversarios. El agente de pastoral dinosaurio no permite el ingreso de nuevas personas a su grupo porque a una persona nueva la ve como amenaza, porque lo desestabiliza, lo incomoda; aunque de palabra invite a muchos, llegado el momento de la primera asistencia les trata con desprecio o indiferencia, nunca confiaría en una persona nueva. Otra actitud del agente de pastoral dinosaurio es la de cambiar de grupo cuando termina su coordinación o cuando su liderazgo está desgastado; pero no se va sólo para participar como un miembro más, sino con el interés de ser el primero. Por último,  el dinosaurio mantiene su “puesto”, en detrimento del grupo, de forma indefinida; rompe con los períodos normales de coordinación y, muchas veces, ya incapaz de llevar a cabo la tarea, prefiere mantener para sí el “titulo”, que reconocer que es mejor que otro tome su lugar.  

Las actitudes de dinosaurio en un agente de pastoral es todo lo contrario a la actitud de sinodalidad, exigencia de la Nueva Evangelización, porque impiden una pastoral participativa, orgánica y de conjunto. ¡Qué necesaria la conversión pastoral!

Acerca de David Hernandez

Licenciado en Filosofía por el Seminario de Guadalajara. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz. Especialista en temas religiosos y Social Media Manager.

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